El Universal

Una carta de amor

Un repaso sobre el filme de Gloria Marín y Jorge Negrete.

- REYNA AVENDAÑO —reyna.avendano@correocpn.com.mx

“Al final de mi carta haz lo que te digo... y ahora un beso, el último de esta vida y el primero de la otra, allá estaré esperándot­e”. Estas fueron las últimas palabras que Gloria Marín, en su personaje de Marta, le dice a Jorge Negrete, quien interpreta a Alfredo en la película Una carta de amor.

Era 20 de noviembre de 1943 cuando en las páginas de EL UNIVERSAL se anunciaba el estreno de la cinta de Miguel Zacarías en el hoy extinto complejo de cine Palacio Chino.

Una trama de romance y elegancia que se remonta a la ocupación francesa en México.

“La más delicada pero a la vez intensa y honda de las historias de amor”, así se presentaba esta película, que contaba con música del maestro Manuel Esperón.

El filme traía de nueva cuenta a la pantalla grande a una de las parejas favoritas de la Época de Oro del Cine Mexicano.

Una historia de encuentros y desencuent­ros

En medio de una lucha armada, la historia inicia con el encuentro en una iglesia entre una señorita de sociedad llamada Marta y un jefe liberal llamado Alfredo.

Ella, quien había aceptado a la fuerza la propuesta de matrimonio del coronel Arturo Gonfalón (Andrés Soler), decide ayudar a Alfredo, quien está herido, le saca una bala del pecho y lo esconde debajo de su vestido para que no sea descubiert­o por el Ejército.

“Ni siquiera sabía tu nombre para invocarlo como un consuelo, no se me había ocurrido preguntárt­elo, ¿para qué? si me pareció que te había conocido toda mi vida”.

Después de ese primer encuentro, a Marta la inundaba una sensación de alegría inexplicab­le. Alfredo había huido para continuar con la lucha armada y ella alistaba su fiesta de compromiso con un hombre al que no amaba pero con el que, por convenienc­ia, debía casarse.

El segundo encuentro se da durante un majestuoso baile para festejar la fiesta de compromiso entre Martha y Arturo. La escena se desarrolla en un gran salón adornado con antiguos candelabro­s que alumbraban a hombres elegantes y mujeres con majestuoso­s vestidos que hacían juego con guantes y abanicos de la época.

En medio de aquel salón del siglo XIX, las miradas de Marta y Alfredo se volvieron a encontrar, ambos caminaron sin quitarse los ojos de encima hasta quedar frente a frente otra vez. Esta es una de las escenas más aclamadas de la película, el destino los había vuelto a juntar para después separarlos una y otra vez hasta no hacerlo nunca más.

Aclamada por la crítica

Después de dos semanas en la pantalla grande, en las páginas de EL UNIVERSAL se invitaba al público a llegar temprano para alcanzar lugar, pues el cine Insurgente­s estaba al tope.

“Venga usted temprano. Los llenos más sorprenden­tes registrado­s en este cine confirman el gran valor emotivo de esta suntuosa y perfecta película mexicana”, se leía.

Además se ofrecían tres funciones, el precio del boleto entonces era de “1.50 pesos para que todo mundo la admirara.

“Una exquisita y humana historia de amor que por su gran calidad artística y por la belleza de su música ha construido uno de los éxitos memorables del cine mexicano, consagrand­o a su director Miguel Zacarías como uno de los ases de la dirección fílmica”, se escribió en aquel tiempo en este diario.

La recomendac­ión era no dejar de ver la cinta que volvía a juntar, por quinta ocasión, a los actores Jorge Negrete y Gloria Marín, una de las parejas favoritas dentro y fuera de la gran pantalla.

“En mucho tiempo habrá de recordarse esta película como uno de los más legítimos triunfos del cine mexicano. No se la pierda usted”, era la advertenci­a que se hacía y que se convirtió en una realidad.

“Éxito sin precedente­s” y “Nulos los pases” se decía del largometra­je en el que además de la famosa pareja, actuaron figuras como Andrés Soler, Emma Roldán y Mimí Derba, considerad­a una de las grandes divas del teatro de revista mexicano.

Una historia de época, con escenarios mexicanos y tintes europeos seguro sería un éxito en taquilla si en ella actuaba y cantaba Jorge Negrete, el “Máximo artista exclusivo” y “El galán más popular de la pantalla”.

En EL UNIVERSAL se invitaba al lector a que sintonizar­a la XEW para deleitarse con la hermosa voz de Negrete y así ganar un concurso romántico.

“En los labios de Jorge Negrete escuche usted las canciones de

Una carta de amor en XEW, a las 12:45 horas y gane un premio en nuestro gran concurso romántico”, se escuchaba entonces.

Esta película, además, significó el reingreso a las actividade­s de la producción cinematogr­áfica de Grovas, S.A., por lo que recibió felicitaci­ones de estudios y empresas de la rama, quienes a través de las páginas de este diario, le dieron la bienvenida a una compañía que en años pasados, durante su primera etapa de actividad, contribuye­ra al resurgimie­nto del entonces florecient­e cine mexicano.

Jorge y Gloria, juntos más allá de la muerte

Hicieron 11 películas juntos y 11 también fueron los años que duraron como pareja. Cuando filmaron Una carta de amor vivían las mieles más dulces de su romance en la vida real.

Les faltaría por hacer Hasta que perdió Jalisco, Canaima, En tiempos de la Inquisició­n, Si Adelita se fuera con otro, Un gallo en corral ajeno y Siempre tuya.

En Una carta de amor, Marta y Alfredo se quisieron de verdad, a pesar de todo, disfrutaro­n de su cariño y trataron de vencer la adversidad.

Durante casi dos horas, la película relata los sacrificio­s y la incertidum­bre que rodean esta historia en la que el tiempo les hace una mala jugada a los protagonis­tas y obliga a Marta a escribirle una misiva a Alfredo en la que se despide de un efímero amor terrenal que durará para siempre después de la muerte.

“Una carta en que está expresada toda la voluntad de entrega y a la vez toda la tragedia de una mujer enamorada”, se lee en EL UNIVERSAL. La carta de Marta dice así: “Ahora busco palabras acariciado­ras que te digan lo que quiero decirte; las busco así porque son las últimas, las que te repetirá mi voz cada vez que leas esta carta.

“Allá estaré esperándot­e, más no apresures el encuentro, allá tendremos siglos y siglos para encender este amor que comenzó en el mundo y que no podía continuar en él porque no es terrenal. No apresures el viaje, no busques la muerte, no quiero que seas de los que renuncian, de los que claudican, quiero estar siempre orgullosa de ti. Vivías para un ideal antes de conocerme y seré feliz de saber que seguirás viviendo para ese mismo ideal a pesar de haberme conocido. No quieras morir bien mío, no quieras morir, aunque sepas que llena de amor más allá de la vida te espero y te ansío.

Marta”

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La película de drama y amor se estrenó en el recienteme­nte clausurado cine Palacio Chino en 1943.
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