La de­mo­cra­cia y la agen­da de las mu­je­res

El Universal - - OPINIÓN - Por MA­RÍA DEL CAR­MEN ALA­NIS Ti­tu­lar UNAM Bos­ton. In­ves­ti­ga­do­ra In­vi­ta­da en la Es­cue­la de De­re­cho de la Uni­ver­si­dad de Har­vard. Con­sul­to­ra Fun­da­ción Ko­fi An­nan

El pró­xi­mo 8 de mar­zo se con­me­mo­ra en el mun­do el Día In­ter­na­cio­nal de las Mu­je­res. Pa­san los años, si­guen pa­san­do… y no se lo­gra ha­cer en­ten­der a quie­nes no nos quie­ren en los es­pa­cios de to­ma de de­ci­sio­nes, que no se tra­ta de que les gus­te o no. So­mos más de la mi­tad las mu­je­res en el mun­do y exi­gi­mos nues­tros de­re­chos y nues­tros es­pa­cios. Y ya es­ta­mos en ello.

En una de­mo­cra­cia re­pre­sen­ta­ti­va no se deja fue­ra a las mu­je­res. No só­lo me re­fie­ro al ejer­ci­cio de su de­re­cho ac­ti­vo de vo­tar, sino tam­bién al de ser elec­tas, asu­mir los car­gos, desem­pe­ñar­los y par­ti­ci­par en igual­dad de con­di­cio­nes.

En un sis­te­ma de­mo­crá­ti­co de par­ti­dos no se ha­ce tram­pa pa­ra que las mu­je­res no ga­nen las elec­cio­nes.

En una de­mo­cra­cia in­clu­yen­te no se per­mi­te que las mu­je­res ten­gan un sa­la­rio me­nor que los hom­bres, cuan­do desem­pe­ñan el mis­mo tra­ba­jo.

En una de­mo­cra­cia abier­ta, los me­dios de co­mu­ni­ca­ción ha­cen co­ber­tu­ras li­bres de dis­cri­mi­na­ción.

En una de­mo­cra­cia, se cons­tru­yen las re­glas y se di­se­ñan las po­lí­ti­cas pú­bli­cas, con­jun­ta­men­te con la ciu­da­da­nía, pa­ra que no si­gan ase­si­nan­do a las mu­je­res.

La lis­ta es in­ter­mi­na­ble, pe­ro la con­clu­sión es una: Mé­xi­co es­tá le­jos de ser una de­mo­cra­cia si el Es­ta­do, los par­ti­dos, las y los can­di­da­tos, los me­dios, el sec­tor pri­va­do (em­pre­sas) y no­so­tros (el elec­to­ra­do) no asu­mi­mos con se­rie­dad, com­pro­mi­so y res­pe­to la agen­da de las mu­je­res.

En Amé­ri­ca La­ti­na, en­tre no­viem­bre de 2017 y fi­na­les de 2019 se celebran 14 elec­cio­nes pre­si­den­cia­les (Zo­vat­to, Cla­rín, enero 17 de 2018). A par­tir de mar­zo, nin­gu­na mu­jer en Amé­ri­ca La­ti­na se­rá je­fa de Es­ta­do, al con­cluir su man­da­to Michelle Ba­che­let, re­gión que lle­gó a te­ner has­ta cua­tro pre­si­den­tas.

El con­ti­nen­te ame­ri­cano, con el 28.6%, des­pués de los paí­ses nór­di­cos, es la re­gión del mun­do con ma­yor ín­di­ce de re­pre­sen­ta­ción de mu­je­res en los par­la­men­tos (Unión In­ter­par­la­men­ta­ria, di­ciem­bre 2017).

Mé­xi­co al­can­zó el 32.8% de mu­je­res en el Se­na­do y el 42.6% en la Cá­ma­ra de Dipu­tados. Go­ber­na­do­ra, só­lo una en So­no­ra. En Con­gre­sos lo­ca­les 42% son mu­je­res, pe­ro va­le la pe­na des­ta­car que en seis Con­gre­sos la re­pre­sen­ta­ción de mu­je­res es su­pe­rior a 50% (Chia­pas 60%, Coahui­la 56%, Za­ca­te­cas 53.3%, Que­ré­ta­ro 52%, Chihuahua 51.5% y Cam­pe­che 51.4%). (Mac­ci­se, INE, 2018). Y en cuan­to a pre­si­den­cias mu­ni­ci­pa­les, he­mos al­can­za­do el 16.1% de re­pre­sen­ta­ción de mu­je­res (Pe­ña, Po­la & He­via, Te­re, 2018).

Es­tos da­tos fríos re­fle­jan un avance cuan­ti­ta­ti­vo ace­le­ra­do e in­su­pe­ra­ble en el mun­do. Sin em­bar­go, a las mu­je­res que ac­ce­den a es­tos car­gos, las es­tán ma­tan­do, vio­len­tan­do, aco­san­do, dis­cri­mi­nan­do. Es­tá do­cu­men­ta­do, no es sim­ple ocu­rren­cia. Lo me­nos gra­ve es que a las mu­je­res se les con­di­cio­ne u obli­gue a vo­tar en el sen­ti­do de la ban­ca­da de su par­ti­do; lo gra­ve or­di­na­rio es que las sus­ti­tu­yan, de ma­ne­ra ile­gal, por un hom­bre, y lo más gra­ve, es que las ase­si­nen.

Es por eso que las mu­je­res te­ne­mos que ac­ce­der a los car­gos, desem­pe­ñar­los li­bre­men­te y en igual­dad de con­di­cio­nes. Es por ello que de­be­mos exi­gir la pre­sen­cia de mu­je­res en to­dos los es­pa­cios de to­ma de de­ci­sión: en los ga­bi­ne­tes, en la Su­pre­ma Corte, en los Tri­bu­na­les Elec­to­ra­les, en los Con­se­jos de la Ju­di­ca­tu­ra, en los Tri­bu­na­les fe­de­ra­les y del fue­ro co­mún, en el INE, en los Or­ga­nis­mos Pú­bli­cos Lo­ca­les Elec­to­ra­les, en los Con­gre­sos, en las Uni­ver­si­da­des es­ta­ta­les, en los ayun­ta­mien­tos… en to­do es­pa­cio en el que se to­men de­ci­sio­nes. Es por ello que las mu­je­res de­be­mos cons­truir una agen­da vi­gen­te y ur­gen­te.

En las elec­cio­nes que se celebran es­te año en Mé­xi­co, el INE con­ta­bi­li­za 3 mil 406 car­gos a ele­gir, pe­ro si agre­ga­mos to­dos los de elec­ción en to­dos los ni­ve­les, in­clu­yen­do 629 car­gos fe­de­ra­les, 9 Eje­cu­ti­vos lo­ca­les, 972 dipu­tacio­nes lo­ca­les, mil 613 pre­si­den­cias mu­ni­ci­pa­les y al­cal­días, 24 jun­tas mu­ni­ci­pa­les, 160 con­ce­ja­lías, mil 165 sin­di­ca­tu­ras, 12 mil 23 re­gi­du­rías y 19 re­gi­du­rías ét­ni­cas, nos arro­ja un to­tal 18 mil 311 car­gos de re­pre­sen­ta­ción po­pu­lar.

Los par­ti­dos po­lí­ti­cos es­tán obli­ga­dos a re­gis­trar a 50% de candidatas mu­je­res. Exi­ja­mos a las y los cer­ca de 20 mil mu­je­res y hom­bres que se­rán elec­tos es­te año asu­mir co­mo com­pro­mi­so las agen­da de las mu­je­res. Los co­lec­ti­vos tra­ba­ja­mos en ella en es­tos días. Es­te se­rá el te­ma de mi si­guien­te en­tre­ga a EL UNI­VER­SAL.

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