El Universal

Héctor de Mauleón Así cayó el número dos de Los Tequileros

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Sucedió en junio del año pasado en la comunidad de La Gavia, municipio de San Miguel Totolapan, en el estado de Guerrero: personal de la PGR que tomaba parte en el operativo de captura del líder criminal Raybel Jacobo Dealmonte, apodado El Tequilero, fue emboscado por un grupo de civiles de armados.

Los agentes federales habían cruzado un retén de seguridad a cargo de policías estatales. Eran las 2:30 de la mañana. Los guiaba un reporte de inteligenc­ia que apuntó que el cabecilla de uno de los grupos más violentos y sanguinari­os del estado, Los Tequileros, se hallaba en una casa de la localidad.

Los estatales que habían montado el retén reportaron a sus jefes que ocho camionetas cruzaron rumbo a La Gavia aquella madrugada, y que media hora más tarde uno de los vehículos volvió a toda velocidad.

De acuerdo con el reporte, a bordo de este viajaban varios elementos de la PGR que les informaron que estaban sacando a cuatro elementos malheridos, y que el resto de sus compañeros continuaba luchando en la comunidad. A lo lejos se oía el tableteo caracterís­tico de las armas largas.

La PGR reveló más tarde que los mismos agentes estatales habían avisado al Tequilero que el operativo de captura iba en camino. Porque al llegar a La Gavia, los federales fueron recibidos a tiros, en una acción en la que tomaron parte más de un centenar de civiles.

El llamado Operativo Relámpago terminó con tres policías muertos y uno más gravemente herido. El Tequilero y su hermano, Gilberto Jacobo Dealmonte, según informó más tarde el gobernador del estado, escaparon con ayuda de familiares y pobladores. Testimonio­s recogidos por las autoridade­s indicaron que, montados en mulas, los líderes del grupo criminal incursiona­ron en la sierra.

Los gatilleros de la organizaci­ón —que se llaman a sí mismos Las Fuerzas Especiales— siguieron rondando en la región. La familia de Raybel Jacobo, sin embargo, se dispersó desde esa noche.

A lo largo de ocho meses no se supo prácticame­nte nada de los hermanos Jacobo Dealmonte. En febrero de 2018, la madre, la esposa y dos cuñados de Raybel fueron localizado­s en San Luis Potosí.

Los cuñados contaban con órdenes de aprehensió­n por homicidio y secuestro (una de las especialid­ades del grupo). Fueron hallados en una habitación sin muebles (dormían en el piso), en posesión de dinero, drogas, armas y una báscula.

La Agencia de Investigac­ión Criminal, AIC, determinó que uno de los hermanos, Gilberto, alias El Chacal, se había movido al estado de Veracruz. Más tarde se detectó un envío de dinero a San Francisco del Rincón, Guanajuato.

La PGR determinó que la pareja sentimenta­l deGilberto­sehallabae­naquelluga­rytrabajab­a como mesera “en un local de menudo”.

Tenía una rutina: al salir de trabajar se dirigía a su casa, y más tarde a un departamen­to cercano en el que a veces se quedaba a dormir.

Durante dos semanas, nadie más entró ni salió de aquel lugar. Nadie se asomó siquiera a las ventanas, de acuerdo con agentes que llevaron la investigac­ión.

El pasado 8 de abril, los agentes vieron salir a un hombre moreno, tocado con una gorra. Se dirigió al departamen­to de la mujer, abrazó y cargó a un niño. Bajó con él a la tienda cercana. Comprójamó­nymayonesa,ytambiénco­mpró en un camión algunas rebanadas de pizza.

Los federales lo habían fotografia­do a través de sus teléfonos celulares. Confirmaro­n que habían dado con El Chacal.

Cuando el hombre volvió a salir del departamen­to, dos agentes lo abordaron. Intentó sacar la pistola calibre 5.7 que tenía encajada en la cintura, pero no le dieron tiempo.

Según los federales, creyó que habían ido a matarlo en venganza por los agentes caídos.

Gilberto Jacobo era el número dos de Los Tequileros. El grupo opera en uno de los lugares por los que la amapola baja de la sierra. La Fiscalía de Guerrero sostiene que esta organizaci­ón cuenta con el apoyo del diputado priísta Saúl Beltrán Orozco (compadre de Raybel Jacobo, al lado de quien lo han grabado en varias fiestas).

Los Tequileros han hecho cundir el secuestro, el homicidio, la extorsión, el desmembram­iento de cuerpos y, desde luego, la venta y trasiego de drogas.

La detención de Gilberto Jacobo debería poner al descubiert­o el esquema de protección del grupo, la ubicación de El Tequilero, la operación de los traficante­s de drogas en aquella región de la Tierra Caliente. Debería poner punto final al charco de sangre en que viven los habitantes de San Miguel Totolapan. ¿Ocurrirá?

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