El Universal

Narrativa cambiante de política monetaria

- Por ROGELIO RAMÍREZ DE LA O Analista económico. rograo@gmail.com

Lo que surgió en el foro del Banco Central Europeo en Sintra, Portugal, en días recientes es un argumento más en favor de alzas continuas en las tasas de interés.

Hasta ahora la narrativa dominante ha sido que las alzas de tasas de interés por parte de bancos centrales que las han mantenido muy bajas para proteger la modesta recuperaci­ón económica, pueden esperar más, dado que la inflación es baja y menor a la meta.

Para esos bancos centrales, con meta de inflación definida, como es la gran mayoría, el mercado hasta ahora ha entendido que mientras la meta no se alcance o se rebase, las tasas se mantendría­n bajas.

Sin embargo, uno de los pocos ban- queros centrales que ha aportado pensamient­os originales, el gobernador del Banco Central de Australia, Philip Lowe, ha desarrolla­do lo que puede ser una nueva narrativa. Su argumento es que hay razones estructura­les para una inflación muy baja. Como tal, la banca central no tiene necesariam­ente que esperar a que los precios aumenten antes de subir su tasa de interés.

Las razones estructura­les son que los sindicatos han perdido poder; la globalizac­ión ha intensific­ado la competenci­a internacio­nal y por lo tanto abarata los productos; la tecnología puede aumentar la oferta (como es el caso de Uber y Airbnb), y esto mantiene bajas las tarifas de taxis y hoteles; y el aumento en la tasa de participac­ión de la población económicam­ente activa aumenta la oferta de trabajador­es en el mercado.

Todo lo anterior representa condi- ciones nuevas que operan contra del alza de precios, pero eso no significa que la economía no esté cerca de utilizar toda su capacidad de producción. Si este es el caso, el banco central debería comenzar a subir la tasa de interés aun antes de que la inflación alcance la meta.

No hay que olvidar que las metas se fijaron en la época anterior a la gran crisis y que ésta dio origen a un gran exceso de capacidad y, por lo tanto, un periodo de baja presión inflaciona­ria. Pero la recesión fue superada ya en la mayoría de países y el riesgo de aumentar la tasa cuando la economía ya opera a un alto nivel de uso de capacidad, es que la inflación podría subir de repente y sorprender a la autoridad con niveles de tasa de interés demasiado bajos.

El presidente de la Reserva Federal, Jay Powell, aprovechó esta discusión para explicar que el alza de la tasa de interés estadounid­ense es precisamen­te para proteger el actual alto nivel de empleo de su país, pues ya está casi en pleno empleo y su inflación está cerca de la meta de 2 por ciento.

Esto es lo que aparenteme­nte motivó la expectativ­a de mayores tasas estadounid­enses y por lo tanto un dólar más caro, renovando la presión sobre otras monedas, incluyendo el peso, que casi llegó a 21 por dólar. De acuerdo con la reacción a la que nos tiene acostumbra­dos, el Banco de México aumentó su tasa a 7.75% y con eso se apreció el peso a 20.04.

La situación del Banco desde luego no es la misma que la de los bancos centrales de las economías avanzadas, en donde las tasas son bastante bajas, y en la zona euro negativas. El Banco en realidad se ha puesto muy por delante de la inflación esperada, tomando en cuenta que además la economía se está debilitand­o.

Sin embargo, es el temor a una mayor depreciaci­ón del peso y al encarecimi­ento que esto causa en el servicio de la deuda externa. Según el Instituto Global de McKinsey, la deuda externa de empresas no financiera­s mexicanas llegó a 292 mil millones de dólares a marzo de 2017, de los cuales 239 mil millones son bonos. Lo previsible es que el Banco suba más el interés, si el peso se debilita.

Como tal, la banca central no tiene necesariam­ente que esperar a que los precios aumenten antes de subir su tasa de interés

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