La Voz de la Frontera

La Pasión de Cristo hoy

MIRAR.

- Obispo Emérito de San Cristóba de Las Casas

En mi pueblo natal, desde el año 1992, unos jóvenes tomaron la iniciativa de hacer una representa­ción de la Semana Santa. Sin embargo, la pasión de Jesús no es algo sólo del pasado.

Se actualiza en nuestros días, tanto en las celebracio­nes litúrgicas, como en tantas historias de dolor y de sufrimient­o que se viven en familias, hospitales, cárceles, e incluso en personas que aparentan ser felices, pero que en su corazón llevan llagas y heridas que casi nadie conoce. ¡Cuantos sufrimient­os de quienes viven en guerras, secuestrad­os, desapareci­dos, extorsiona­dos y migrantes! Comparto sólo unos casos que he vivido en estos días.

Una esposa, casada por ambas leyes con su marido, tuvo que separarse de él porque no deja de embriagars­e, no busca trabajo, no da para el gasto diario, es agresivo con ella e irresponsa­ble con dos hijos que tienen, uno de trece años y otra de apenas dos. Es indudable que él también sufre mucho y sólo borracho quisiera olvidarse de su situación.

Al salir de casa, veo a muchas personas que venden una gran variedad de cosas en las esquinas. Soportan frío, lluvia, calor, cansancio y desprecios. Nunca tienen vacaciones.

Vive conmigo una hermana, mayor que yo, que desde hace unos tres años padece alzheimer. No nos pesa tenerla con nosotros y disfrutamo­s juntos muchos momentos; la hacemos reír y recordar historias de su pasado; la llevamos a todas partes donde vamos. Hacemos cuanto podemos por que se sienta bien y no le falte lo necesario, sobre todo nuestro cariño y apoyo; pero sufre mucho. Hace poco se quejaba y le pregunté qué le dolía; su respuesta fue: me duele el alma... Esto porque dice que ya no hace nada, que ya no sirve, que no la queremos, que la regañamos, que mejor la echemos a la calle... Nos relata que entraron personas a la casa y se llevaron sus cosas, lo cual no es cierto; pero estas y otras imaginacio­nes la hacen sufrir. Con frecuencia llora y no atinamos a saber el motivo. En días pasados, me acerqué y le pregunté por qué lloraba; me dijo que ya quería morirse; cuando le pregunté la razón, me relató problemas familiares que se imagina, pero que no son reales. Si le decimos que no es como afirma, aunque se lo decimos con cariño intentando evitarle sufrimient­os, nos contesta: entonces, ¿estoy loca? Hacemos cuanto podemos para que se sienta bien, pero su cruz es dolorosa.

Como estas historias, hay millones en el mundo, unas muchísimo más dolorosas que estas.

ACTUAR

Ayudemos a los que sufren a llevar su cruz y no hacérselas más pesada; que la contemplac­ión del Cristo sufriente nos impulse a servirlo en los hermanos en quienes El sigue sufriendo.

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