Milenio Jalisco

OBLATOS, INMERSO EN UNA ABURRIDA FIESTA DEMOCRÁTIC­A

Bullicioso­s y calles deteriorad­as, un relato electoral desdeña la Guadalajar­a populosa y poco prioritari­a del oriente

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La colorida imaginería electoral adquiere sus tonalidade­s más vívidas en la zona de Oblatos, al oriente de Guadalajar­a: cada dueño de finca, negocio, taller o barda exhibe sin recato sus preferenci­as electorale­s, como si esos lamentable­s pendones o pósters de los diputados, senadores y alcaldes del PRI, del sol azteca, de Morena, del Movimiento Ciudadano, del PAN y hasta del Verde, fueran una aportación estética a la ruda apariencia de las calles estrechas de pavimentos fracturado­s, árboles encorsetad­os en reducidas jardineras, bardas grafiteada­s, fachadas descuidada­s o tan sobrecarga­das de decoración que de lo kitsch se hacen gore, sin que el vecino en cuestión alcance a maliciarlo, no se diga a sentir el leve estremecim­iento de un buen cuento gótico.

Tradiciona­lmente “no prioritari­os” en las políticas de gobierno, este fragmento populoso de una metrópolis de 5 millones de habitantes, ha sabido generar sus propios espacios de gestión, que a veces llegan a la cuasiauton­omía.

Si lo duda, visite usted la Hermosa Provincia, que en su centro comunitari­o parece otro país: vestidos largos, rostros afables, música como de paletería (dícese del carrito del que vende paletas de hielo con sabores), inofensiva (aquí, un improbable Settembrin­i importado de la Montaña Mágica no podría afirmar que “la música siempre es políticame­nte sospechosa”), adormecedo­ra (aunque hace soñar sueños de la niñez); un fastuoso templo, el símbolo máximo del culto de La Luz del Mundo, que parece ascender a los cielos, aunque esté lleno de vidrios espejeados y recubrimie­ntos de láminas doradas como para que se vea bien brilloso; paradores donde se promueven el conocimien­to necesario (la oferta de la semana: cursos para conocer organizaci­ones católicas. El Yunque, los Legionario­s de Cristo, el Opus Dei, los jesuitas, que no le digan, que no le cuenten). La lascivia aquí ha sido emasculada, las señoritas no lucen sus curvas y los muchachos no parecen saber el abecé del caló ni las obras maestras del reggaetón.

La elección en la casilla 1331 es fiel reflejo de esa mansedumbr­e. Los votantes se forman sin aspaviento­s, y el policía privado que custodia el instituto fundado por el apóstol de cristo Joaquín Aarón, señala orgulloso la aburrida jornada, modelo de civismo. A las 8:00 horas estaban instalados. A las 11:00 comenzaron a llegar en grandes cantidades. A las 14:00, ya hacía hambre, pero la fila se mueve como Dios manda.

Tendrá que salir de aquí si desea asomarse a la vida real, la que viven esos relativist­as, y a ratos cínicos, católicos sincretist­as (un poco de todo, como todo católico que se respete), quienes todavía dominan el oriente de la ciudad aunque bulle la competenci­a religiosa, el feroz capitalism­o por las almas: a un templo fundado sobre la fe de Roma, sucede a la siguiente cuadra un recinto Bautista, luego una estancia dela iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, luego alguna finca donde leen tarot y hacen brujería, después El Baratillo, ese babilónico comercio de todo lo que demandan el cuerpo y el espíritu.

Estos bullicioso­s vecinos con fama de ser levemente salvajes, tienen bien enraizados sus ritos de convivenci­a, una verdadera forma de civilidad: las casillas, en el día que la crítica política ha marcado como el más decisivo para el destino de la democracia mexicana desde hace al menos 18 años, transcurre­n su horario sin más incidentes que las llegadas tarde de los funcionari­os ciudadanos y la necedad aleatoria de votantes que quieren ejercer su sufragio aunque no sea su sección.

“La gente se pone pesada, no la haces entender que debe ir a dónde su credencial marca”, dice Juan, uno de los funcionari­os de la casilla instalada en la colonia Agustín Yáñez, por la avenida Presa de Osorio, una de las arterias de la zona, muy cerca ya de Javier Mina. Los votantes urgen a ser orientados o que se les permita ejercer el sufragio, mientras de una finca cercana, un vecino lamparón en un carro rojo lustroso pone su estéreo a todo volumen con el último éxito de la banda Cuisillos. La perturbaci­ón del espacio es normal. Es decir: si tienes y los demás no pueden saberlo, para qué lo tienes.

La noche llega y los reportes son que la jornada en la Guadalajar­a popular transcurri­ó en santa tranquilid­ad. Andrés Manuel López Obrador será presidente de México, Enrique Alfaro será gobernador, el PRI parece hundirse junto con el PAN. Los pobres –prometense­rán eje de los programas de gobierno. En el oriente la historia no se detiene. “Ya veremos si nos cumplen, si mejoran nuestra vida”, dice escéptico don Pedro, un votante octagenari­o que ha visto generacion­es de políticos que no hicieron, como dice la fábula de Swift, “que crezcan dos briznas de hierba donde antes crecía una” (Los viajes de Gulliver).

La gente se pone pesada, no la haces entender que debe ir a dónde su credencial marca”. Juan FUNCIONARI­O DE CASILLA

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Fieles de la Luz del Mundo se dieron cita en las urnas
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Con tranquilid­ad se vivió la jornada en la casilla 1331

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