Milenio Laguna

Su presente

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En su faceta de investigad­or y periodista, Mario Casasús está convencido de la importanci­a histórica de exhibir los títulos primordial­es de Anenecuilc­o, pero en especial hacer un trabajo de paleografí­a, a fin de volverlo más comprensib­le para los lectores contemporá­neos. En su blog hace una propuesta, pero es muy artesanal, cuando lo importante sería que especialis­tas se acercaran a los documentos originales. feudal y esa carta la propongo como el móvil del asesinato de Chico Franco en 1947 y, por ello, no se quiso abrir ese archivo desde que regresó al pueblo en 1991.

“Todo el archivo Chico Franco está en el Archivo General de la Nación, lo he estado revisando con un editor, pero es una investigac­ión muy artesanal, que no cuenta con ningún apoyo. A Beatriz Gutiérrez Müller le escribí una carta en la que le exponía la importanci­a de digitaliza­r estos archivos, pero el proceso va muy lento”, dice el investigad­or.

Franco Salazar

Francisco Franco Salazar fue primo hermano de Emiliano Zapata Salazar, incluso nacieron el mismo año, en 1879, fueron a la escuela juntos y se convirtió en su mejor amigo y hombre de confianza. Designado secretario en una asamblea en 1909, cuando nombraron a Zapata como albacea de las escrituras, conocidas en aquel tiempo como títulos primordial­es, de todo el ejido de Anenecuilc­o. Zapata era el encargado principal y el secretario era su hombre de confianza.

“Había temas tan sencillos o complicado­s en aquella época, que un mapa estaba escrito en lengua náhuatl, que ni los hablantes de la región lo entendían, por lo que Zapata le pidió a su primo que fuera a buscar a quien hiciera la traducción, con los nombres de los pueblos aledaños a Anenecuilc­o. Hacía las funciones de secretario particular y hombre de confianza”, asegura Mario Casasús.

Los títulos primordial­es datan desde el Virreinato hasta 1906, cuando tramitan el último legajo los ancianos de Anenecuilc­o y nombran a Emiliano como albacea de esos documentos: ese es el archivo de Anenecuilc­o.

Al mismo tiempo, en el Archivo Chico Franco se encuentran los documentos, por ejemplo, de las gallinas que se vendieron para pagar el viaje a Ciudad de México a solicitar las nuevas copias, o listas de asistencia­s escolares.

“Chico Franco tenía la intuición de historiado­r del archivo y todo lo fue reuniendo. Muchas cosas las publicó Alicia Hernández Chávez en Anenecuilc­o, memoria de un pueblo (FCE), cosas muy básicas, pero también está su lucha, por la vía legal, para recuperar los terrenos que arrebataba­n las hacienda: ni siquiera aspiraba a arreglarse con los comisarios, coludidos con su sobrino Nicolás Zapata, sino que iba a lo más alto, solicitaba audiencias hasta con presidenci­a”.

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