Sin tu mi­ra­da, He­re And Now y el re­gre­so de Will & Gra­ce

Milenio Monterrey - - ¡hey! - al­va­ro.cue­va@mi­le­nio.com Ál­va­ro Cue­va Vuel­ve una de las se­ries có­mi­cas más que­ri­das.

La ver­dad es que es­tu­vo bas­tan­te bueno el fi­nal de la te­le­no­ve­la Sin tu mi­ra­da, que se trans­mi­tió la no­che del do­min­go pa­sa­do por Las Es­tre­llas.

Fue un desen­la­ce sen­ci­llo, bo­ni­to y tra­di­cio­nal. ¿Pe­ro qué cree? Tam­bién hu­bo una con­clu­sión al­ter­na­ti­va en re­des so­cia­les que de­jó sa­tis­fe­chos a los in­con­for­mes.

En re­su­men: to­dos que­da­mos con­ten­tos, los que que­ría­mos un fi­nal tra­di­cio­nal y los que que­rían al­go di­fe­ren­te, con una pro­pues­ta más ela­bo­ra­da de ni­vel edi­to­rial.

Co­mo us­ted sa­be, su­frí mu­cho con es­ta pro­duc­ción de Ig­na­cio Sa­da (Mi ado­ra­ble mal­di­ción) por­que fui pú­bli­co no so­lo de la Es­me­ral­da de los años 90 sino de la ver­sión ori­gi­nal de la dé­ca­da de los 70 con Lu­pi­ta Fe­rrer.

Me cues­ta mu­cho acep­tar que mien­tras que otras gran­des com­pa­ñías co­mo Dis­ney son ca­pa­ces de me­jo­rar mu­chos de sus más gran­des clá­si­cos a la ho­ra de vol­ver a ha­cer­los, la te­le­vi­sión me­xi­ca­na siem­pre se que­de a la mi­tad.

Sin tu mi­ra­da no es­tu­vo mal, es mi­llo­nes de ve­ces me­jor que cual­quier pro­duc­ción dra­ma­ti­za­da de Tv Az­te­ca o de Ima­gen Te­le­vi­sión pe­ro, sea­mos sin­ce­ros, no tu­vo ni la mi­tad del im­pac­to de To­pa­cio, ya no se di­ga de Es­me­ral­da.

¿Qué se ha­ce en es­tos ca­sos? ¿Fin­gir de­men­cia y ce­le­brar? ¿En­trar­le al jue­go del con­for­mis­mo?

Lo sien­to, no pue­do y le ofrez­co una dis­cul­pa a los mi­les de fa­ná­ti­cos de es­ta te­le­no­ve­la por­que sé que en ver­dad la ama­ron pe­ro a mí me hu­bie­ra en­can­ta­do re­ci­bir al­go más.

A mí me hu­bie­ra gus­ta­do que Sin tu mi­ra­da hu­bie­ra si­do para la pri­me­ra Es­me­ral­da lo que La be­lla y la bes­tia con Em­ma Wat­son para La be­lla y la bes­tia con ca­ri­ca­tu­ras. ¿Sí me en­tien­de?

¡Tre­men­do!

A pro­pó­si­to de desen­la­ces, el do­min­go pa­sa­do tam­bién se trans­mi­tió, pe­ro por HBO, el fi­nal de la pri­me­ra tem­po­ra­da de la se­rie He­re and Now y to­da­vía no me re­pon­go del shock.

¡Qué bar­ba­ri­dad de con­clu­sión! No so­lo nos en­te­ra­mos de la ver­dad de mu­chos per­so­na­jes, tu­vi­mos, en los mi­nu­tos fi­na­les, al­gu­nas de las si­tua­cio­nes más alu­ci­nan­tes de los úl­ti­mos años.

Ob­via­men­te no le voy a con­tar de­ta­lles pe­ro le voy a pe­dir un fa­vor: ana­li­ce el va­lor sim­bó­li­co de ca­da una de las imá­ge­nes que los res­pon­sa­bles de es­ta se­rie nos pu­sie­ron en la pan­ta­lla.

Son ele­men­tos muy po­de­ro­sos que tie­nen que ver con una re­fle­xión so­bre el mun­do en que vi­vi­mos y que en cual­quier mo­men­to nos va a ex­plo­tar en la ca­ra.

Y por si es­to no fue­ra su­fi­cien­te, to­do lo que di­cen los per­so­na­jes en ese epi­so­dio es co­mo para co­piar fra­ses y ha­cer le­tre­ros mo­ti­va­cio­na­les.

Son pen­sa­mien­tos que di­cen co­sas co­mo no im­por­ta si us­ted cree en Dios o en la cien­cia, lo que va a pa­sar, pa­sa­rá y na­die lo po­drá evi­tar.

Son ideas que po­cas ve­ces se ven en te­le­vi­sión y que nos in­vi­tan a vi­vir el aquí y el aho­ra, a en­ten­der­nos, a res­pe­tar­nos y a to­le­rar­nos.

Cuan­do quie­ra ver una bue­na se­rie de te­le­vi­sión, al­go muy pre­mium, muy para per­so­nas que es­tán en la bús­que­da de los con­te­ni­dos más avan­za­dos del mer­ca­do, lu­che por ver es­ta crea­ción de Alan (True Blood).

To­da­vía va a ha­ber re­pe­ti­cio­nes del fi­nal de tem­po­ra­da de es­ta jo­ya to­da la se­ma­na pe­ro, si me acep­ta un con­se­jo, avién­te­se los diez ca­pí­tu­los, cuan­do ten­ga tiem­po, en HBO GO.

Si a us­ted le gus­tan es­ta cla­se de pro­pues­tas, la ama­rá con ra­bia. Se lo ga­ran­ti­zo.

los me­jo­res

En­tre los spots, los de­ba­tes, las me­sas de aná­li­sis y los es­tre­nos, es­ta se­ma­na es la lo­cu­ra para los que ama­mos la te­le­vi­sión.

Na­da ni na­die pue­de abar­car tan­tos es­tí­mu­los pe­ro hay al­go que us­ted no se pue­de per­der.

¿Qué? El re­gre­so, ma­ña­na a las 22 ho­ras, por el ca­nal Fox, de Will and Gra­ce, una de las se­ries có­mi­cas más que­ri­das de to­da la his­to­ria de la te­le­vi­sión.

Y a di­fe­ren­cia de Sin tu mi­ra­da, vie­ne tan fuer­te o más que la pri­me­ra vez que la vi­mos en los años 90.

Co­mo us­ted se­gu­ra­men­te ya sa­be, Will & Gra­ce es el re­torno más exi­to­so de la te­le­vi­sión es­ta­dou­ni­den­se de to­da es­ta dé­ca­da y es­tos per­so­na­jes no so­lo es­tán tan fres­cos co­mo en el pa­sa­do.

Si­guen sien­do lo más chis­to­so que us­ted se pue­da ima­gi­nar. El año pa­sa­do tu­ve el pri­vi­le­gio de es­tar en el set de es­ta se­rie y no sa­be us­ted lo que es­tos se­ño­res es­tán ha­cien­do.

Es lo me­jor de la te­le­vi­sión de an­tes con lo me­jor de la te­le­vi­sión de aho­ra.

¡Y có­mo no lo va a ser si Will & Gra­ce se ade­lan­tó a su tiem­po ju­gan­do con ele­men­tos de pa­re­ja, de amis­tad y has­ta de di­ver­si­dad se­xual cuan­do ca­si na­die más lo ha­cía!

Ade­más, qué fu­sión tan más per­fec­ta la de los ac­to­res con sus per­so­na­jes. ¡Cuán­tos re­cuer­dos! ¡Cuán­tas apor­ta­cio­nes!

A mí lo úni­co que me due­le es que es­to nos de­bió de ha­ber lle­ga­do des­de ha­ce mu­chos me­ses y que los pi­ra­tas ya se die­ron vue­lo ven­dién­do­lo has­ta el can­san­cio co­mo con The Hand­maid’s Ta­le.

Pe­ro, por lo que más quie­ra, apún­te­lo en su agen­da. Ma­ña­na miér­co­les 18 de abril, a las 22 ho­ras, por Fox, re­gre­sa Will& Gra­ce a nues­tros hogares y eso es co­mo para ha­cer fies­ta. ¿A po­co no?

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