Milenio Tamaulipas

Dominical de los mil mejores...

El joven ejecutivo bancario llegó con aspecto de cansancio al bar. “¿Qué te sucede? -le preguntó un amigo, preocupado-. ¿Por qué te ves así, desfalleci­do y agotado?”. Con voz débil explicó el interrogad­o: “Se cayó el sistema en la oficina, y tuve que entr

- ARMANDO FUENTES AGUIRRE

Terminó el trance de amor erótico en la habitación 210 del popular Motel Kamawa. En su pasional encuentro los amantes habían puesto en práctica todas las posturas amatorias descritas por el Kama Sutra y otras inéditas que en el momento improvisar­on. Entonces él le pidió a ella: “Anda, no seas tímida: dime cómo te llamas”. En la sala de última espera del aeropuerto se anunció por el altavoz que habría un retraso de dos horas en la salida del avión. Un tipo evidenteme­nte ebrio prorrumpió en palabras altisonant­es, y eso azaró a una monjita que estaba ahí. Una pasajera reprendió con enojo al individuo: “¡No diga usted maldicione­s delante de la madre!”. “Perdone, reverenda -se disculpó el temulento-. No pensé que usted las quería decir primero”. Doña Macalota se miraba en el espejo. Le preguntó a su esposo: “¿Me querrás cuando sea vieja, fea y arrugada?”. Contestó don Chinguetas: “Claro que te quiero”. La recién casada le dijo a su flamante maridito: “Ahora que ya somos marido y mujer tu mamá será mi mamá, y mi mamá será tu mamá”. Replicó él: “Estoy seguro de que a mi papá le va a gustar el cambio”. El turista fue corriendo a donde estaba un pescador en la playa. “¡Venga rápido! -le pidió lleno de angustia-. ¡Mi esposa se está ahogando y yo no sé nadar! ¡Si la salva le daré un millón de pesos!”. El pescador se lanzó a las olas, llegó hasta donde estaba la mujer y la trajo de regreso a la orilla, sana y salva. “¡Gracias, amigo mío! -profirió el turista emocionado-. ¡Le debo la vida de mi amada esposa! ¡Se ha ganado usted el millón de pesos!”. Y diciendo eso fue a tomar en sus brazos a la señora. “¡Santo Cielo! -exclamó sorprendid­o-. ¡Pensé que era mi esposa, y es mi suegra!”. “Mi puta suerte -meneó la cabeza el pescador, atribulado-. ¿Cuánto le debo, señor?”. En el velorio del finado una comadre soltera le dijo a la viuda: “¡Qué hueco tan grande deja mi compadre!”. Respondió con enojo la mujer: “¡Si hubieras estado casada 40 años tú también lo tendrías igual!”. La luciérnaga hembra permitió por fin que la luciérnaga macho le hiciera el amor. En el momento en que éste consumó la ansiada unión cayó un rayo. Se iluminó toda la bóveda celeste y se escuchó un trueno fragoroso. La luciérnaga hembra le comentó a su galán: “Traías muchas ganas ¿no?”. El joven ejecutivo bancario llegó con aspecto de cansancio al bar. “¿Qué te sucede? -le preguntó un amigo, preocupado-. ¿Por qué te ves así, desfalleci­do y agotado?”. Con voz débil expli

có el interrogad­o: “Se cayó el sistema en la oficina, y tuve que entretener­me con mi secretaria”. Don Poseidón, ranchero acomodado, fue invitado por unos señores de la ciudad a comer en un restaurant­e de mariscos. La mesera les sirvió una mariscada al centro, y todos empezaron a degustar el platillo. “Está muy bueno el abulón” -opinó uno. “El callo de hacha está riquísimo” - dijo otro. “Lo que no me gusta -manifestó el tercero- es la hueva de lisa”. “Es cierto-confirmó don Poseidón volviendo la vista a la mesera-. La muchacha se ve bastante lenta”. Cantó el trovador: “Tengo un pájaro azul.”. “Pobrecillo -dijo la señorita Himenia, compadecid­a-. Ha de ser falta de circulació­n”. El desdichado tipo estaba en una cama de hospital vendado de pies a cabeza igual que momia egipcia. Su esposa acudió a verlo. “Gorilo me golpeó” -gimió el lacerado. “¿Cómo es posible? -se asombró la señora-. ¡Gorilo es tu mejor amigo! ¿Por qué te golpeó?”. “Porque le di la razón” -respondió con voz feble el pobre tipo. “No entiendo” -se desconcert­ó la señora. Relató el golpeado: “Me dijo: ‘Mi esposa es fantástica para hacer el amor’. Y yo le dije: ‘Tienes razón. Me consta’”. FIN.

Mirador

Historias de la creación del mundo.

La noche cuadragési­ma dejó de llover por fin. Se cerró la fuente de las aguas y cuando amaneció el día un espléndido arco iris cubrió la vastedad del cielo. El Diluvio había concluido.

Volvió a renacer la vida sobre la tierra. Hombres y animales fueron por todos los confines y empezaron a multiplica­rse. Noé lo veía todo, complacido. Tiempo después los familiares del patriarca decidieron hacerle un homenaje. Lo llamaron y le dieron una corona de laurel.

-Esto te lo damos -le dijeron- por haber predicho que habría un Diluvio. - Gracias -contestó Noé-. Pero recuerden que no sólo predije el Diluvio: también construí el arca.

¡Hasta mañana!...

Manganitas

“... México avanza, dicen voceros del Gobierno...”.

A ninguno se le esconde que avanza nuestro país, pero hace falta un matiz: no sabemos hacia dónde.

Cantó el trovador: “Tengo un pájaro azul.”. “Pobrecillo -dijo la señorita Himenia, compadecid­a-. Ha de ser falta de circulació­n”.

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