El per­so­na­je que la re­con­ci­lió con la fe­mi­ni­dad ALI­SON SUDOL

La ac­triz cam­bió el mun­do LGBT de la mul­ti­pre­mia­da se­rie Trans­pa­rent por el mun­do má­gi­co de J.K. Row­ling. Y el via­je, le de­jó gran­des en­se­ñan­zas

Publimetro Ciudad de Mexico - - ENTRETENER - LU­CÍA HER­NÁN­DEZ Me­tro World News

Ali­son Sudol da vi­da a Quee­nie en Ani­ma­les fan­tás­ti­cos y có­mo en­con­trar­los. Una chi­ca con apa­rien­cia de “la bo­ni­ta de la his­to­ria” que es una ver­da­de­ra he­roí­na. El per­so­na­je, es­cri­to por Row­ling, re­sul­tó pa­ra Ali­son una ex­pe­rien­cia alec­cio­na­do­ra y cu­ra­ti­va. Y de eso pla­ti­có a Publimetro du­ran­te es­ta char­la.

¿Có­mo fue en­trar en es­te mun­do de ma­gia y he­chi­ce­ría?

– Fue una ale­gría, quie­ro de­cir que he si­do fan del mun­do de Harry Pot­ter. Leí los li­bros, vi las pe­lí­cu­las y siem­pre me ha en­can­ta­do. Só­lo te­ner la opor­tu­ni­dad de ser par­te de la au­di­ción fue un gran ho­nor y lue­go ser ca­paz de real­men­te es­tar en ella. Y ver los sets y los tra­jes y el ma­qui­lla­je y lue­go tra­ba­jar con Da­vid quien ha tra­ba­ja­do tan de cer­ca con J.K. a lo lar­go de los años, es su­rrea­lis­ta y tam­bién un sue­ño he­cho reali­dad co­mo ac­triz.

¿Re­ci­bis­te al­gún con­se­jo de J.K. Row­ling o al­gún ti­po de in­for­ma­ción?

– Bueno, ella hi­zo al­go muy ama­ble y ex­tre­ma­da­men­te útil, que fue que bá­si­ca­men­te pa­só el men­sa­je de que con­fiá­ra­mos en nues­tros ins­tin­tos y creo que ella me eli­gió por­que de al­gu­na ma­ne­ra en­ten­dí a Quee­nie y que­ría cui­dar de ella y ella apo­yó eso y me di­jo que es­ta­ba ha­cien­do un tra­ba­jo her­mo­so y que si­guie­ra ade­lan­te y co­mo ac­triz te­ner esa con­fian­za de­po­si­ta­da en ti por al­guien co­mo ella que tie­ne una vi­sión tan dis­tin­ta, fue enor­me­men­te útil y li­be­ra­dor.

Así que has leí­do a J.K. Row­ling co­mo no­ve­lis­ta y lue­go tu­vis­te el pri­vi­le­gio de leer­la co­mo guio­nis­ta, ¿có­mo fue eso? ¿Hu­bo al­gu­na di­fe­ren­cia?

– Ah, sí, hay una di­fe­ren­cia por­que en un guión nor­mal las ins­truc­cio­nes de es­ce­na­rio, có­mo se crean las es­ce­nas, son bas­tan­te ári­das. A ve­ces tie­nen per­so­na­li­dad, pe­ro por lo ge­ne­ral son bas­tan­te se­rias y el de ella se le­yó co­mo una his­to­ria y cuan­do hi­ci­mos nues­tra pri­me­ra me­sa de lec­tu­ra don­de es­tá­ba­mos só­lo no­so­tros cua­tro, Ed­die, Cat­he­ri­ne, Dan y yo y unos po­cos ac­to­res le­yen­do to­do el res­to de las par­tes, y lue­go Da­vid Ya­tes y los pro­duc­to­res y es­te mag­ní­fi­co ac­tor in­glés que es­ta­ba le­yen­do to­das las di­rec­cio­nes de es­ce­na, fue co­mo leer uno de los li­bros de Pot­ter, pe­ro uno que era nuevo. Y yo que­dé com­ple­ta­men­te cau­ti­va­da por eso y nun­ca se me ol­vi­dó a lo lar­go de la fil­ma­ción de la pe­lí­cu­la, só­lo la for­ma en que se sin­tió.

Ade­más, J.K. es­cri­be in­creí­bles per­so­na­jes fe­me­ni­nos co­mo y otras, ¿sen­tis­te co­mo que tu per­so­na­je te­nía un men­sa­je es­pe­cial?

– Oh, ab­so­lu­ta­men­te. Es­cri­be es­tos per­so­na­jes in­tere­san­tes con mu­chas ca­pas. Creo que la fe­mi­ni­dad ha si­do al­go re­pre­sen­ta­do muy a me­nu­do de una ma­ne­ra muy uni­di­men­sio­nal, ya sa­bes, y un per­so­na­je fe­me­nino muy sua­ve no es muy a me­nu­do la he­roí­na de la his­to­ria. Y Quee­nie es cá­li­da y ca­ri­ño­sa y amo­ro­sa y di­ver­ti­da y li­ge­ra, pe­ro tam­bién tie­ne un po­der den­tro de ella, ade­más de sus ha­bi­li­da­des de ma­ga, es ca­paz de leer men­tes, es ca­paz de ver a la gen­te has­ta la pro­fun­di­dad de sus al­mas y eso es al­go que es un po­der y tam­bién sig­ni­fi­ca que ella es má­gi­ca esen­cial­men­te. Ella tam­bién es muy ca­ren­te de va­ni­dad y con­fian­za en sí mis­ma y su fe­mi­ni­dad es só­lo quien es, no lo po­ne pa­ra al­guien más. Lu­ché con mi fe­mi­ni­dad en una in­dus­tria muy do­mi­na­da por los hom­bres, en la mú­si­ca que es de don­de ven­go. Sen­tí que te­nía que amor­ti­guar ser una ni­ña pa­ra ser to­ma­da en se­rio. Iba al es­tu­dio y no usa­ba ma­qui­lla­je y usa­ba ro­pa po­co fe­me­ni­na y tra­ta­ba de ser una de los chi­cos por­que sen­tía que ser una ni­ña no era una fuer­za que era al­go que te­nía que su­pe­rar y pro­bar­me a mí mis­ma y aho­ra es­toy tan or­gu­llo­sa de ser par­te de al­go que te mues­tra otra op­ción. Que pue­des ser sua­ve y que la fe­mi­ni­dad es una fuer­za y no una de­bi­li­dad. Lo en­con­tré per­so­nal­men­te muy cu­ra­ti­vo pa­ra mí.

¿Te gus­ta­ría leer men­tes co­mo Quee­nie?

– Creo que es una ben­di­ción, pe­ro con un buen pre­cio, por­que cuan­do lees una men­te, lees a una per­so­na en­te­ra, a su in­fan­cia, a su do­lor, a sus mie­dos, a sus se­cre­tos, a las co­sas que ocul­tan, a ve­ces no de los de­más sino a sí mis­mos y eso es mu­cho. Creo que co­mo se­res hu­ma­nos to­dos es­ta­mos co­nec­ta­dos en­tre sí, en reali­dad po­de­mos sin­to­ni­zar unos con otros mu­cho más de lo que real­men­te ha­ce­mos. Es di­fí­cil abrir el co­ra­zón, re­ci­bir a al­guien más, mi­rar­los y real­men­te con­si­de­rar de dón­de po­drían ve­nir. Sig­ni­fi­ca que tie­nes que preo­cu­par­te por­que uno ha­ce eso au­to­má­ti­ca­men­te una vez que co­mien­zas a ver lo que es­tá su­ce­dien­do con al­guien. Creo que es al­go que to­dos ha­ce­mos y de­be­mos ha­cer mu­cho más en la so­cie­dad.

¿Te ins­pi­ra­ron otros per­so­na­jes fe­me­ni­nos es­cri­tos por J. K. Row­ling?

– Sí, la pro­fe­so­ra McGo­na­gall, la ma­dre de Harry, Her­mai­ne, la pro­fe­so­ra Sprout, la ma­má de Ron, la Sra. Weasly. Son mu­je­res en­can­ta­do­ras, mu­je­res quie­nes te gus­ta­ría co­no­cer, pe­ro creo que lo bueno de es­tas mu­je­res es que es­tán en pri­mer plano. Her­mai­ne es­ta­ba en pri­mer plano y aho­ra Ti­na y Quee­nie lo es­tán y real­men­te lle­gar a ver­las co­mo per­so­nas y lle­gar a co­no­cer­las. Es una co­sa emo­cio­nan­te ser par­te de ese club.

Otro as­pec­to en es­ta his­to­ria es la amis­tad. ¿Crees que J.K. Row­ling des­cri­be una amis­tad co­mo lo es o co­mo de­be­ría ser?

– Una ver­da­de­ra amis­tad es en­con­trar afi­ni­dad en otra per­so­na y en­con­trar tu tri­bu, en­con­trar gen­te con la que real­men­te pue­des ser tú mis­mo y pue­des cre­cer cuan­do es­tás cer­ca. Y es­tos cua­tro per­so­na­jes son si­mi­la­res a Ron, Her­mio­ne y Harry. La amis­tad les per­mi­te ser mu­cho más fuer­tes de lo que se­rían in­di­vi­dual­men­te y sus ha­bi­li­da­des se com­ple­men­tan ma­ra­vi­llo­sa­men­te. Y por­que es­tán to­dos jun­tos son ca­pa­ces de ser mu­cho más fuer­tes co­mo un equi­po. Y yo per­so­nal­men­te no sé dón­de es­ta­ría sin mis ami­gos, que son to­do pa­ra mí. Así que creo que es­cri­be lo que es la amis­tad y lo que de­be­ría ser.

¿Es­ta cla­se de amis­tad na­ció en el set de es­ta pe­lí­cu­la?

– Por su­pues­to, cuan­do es­tás en un tre­men­do pa­seo con gen­te y pa­sas lar­gas ho­ras to­dos los días, es­to su­ce­de… Así que el elen­co, Ed, Dan, Cat­he­ri­ne, Ed­die y yo en­con­tra­mos un her­mo­so víncu­lo. Y en­ton­ces es­tás en las si­llas de ca­be­llo y ma­qui­lla­je y lue­go es­tá Ra­chel y Fey y to­das las chi­cas en los ca­mio­nes de ma­qui­lla­je y lue­go Lau­ra y Co­lleen. To­do el mun­do sim­ple­men­te es­tá en el mis­mo ca­nal y es in­creí­ble.

Ha­blan­do de mú­si­ca que es tam­bién tu ca­rre­ra, ¿qué vie­ne pa­ra ti?

– En reali­dad es­ta­ba en mis días li­bres ha­cien­do un dis­co en Bris­tol, don­de es­tá­ba­mos fil­man­do y aca­ba­mos de ter­mi­nar­lo. Ya no es­tá ba­jo A Fi­ne Frenzy, mi vie­jo nom­bre de ban­da. No he anun­cia­do có­mo se va a lla­mar, to­da­vía es­toy tra­ba­jan­do en eso, pe­ro el dis­co es­tá he­cho y va a sa­lir.

¿Pron­to? ¿El pró­xi­mo año?

– Sí, es­toy muy or­gu­llo­sa de ello.

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