No olvides la esen­cia auriazul

Record - - FUTBOL NACIONAL -

Somos hi­jos de los re­sul­ta­dos. No só­lo los téc­ni­cos, como re­za aque­lla cer­te­ra fra­se fut­bo­le­ra, pues las de­rro­tas ali­men­tan la sed de san­gre de los afi­cio­na­dos, así como la de pe­rio­dis­tas y me­dios de co­mu­ni­ca­ción. Y los di­rec­ti­vos. Por ello quie­ro re­cor­dar­te, afi­cio­na­do azul y oro, que hay al­go que tus Pu­mas han he­cho bien en es­ta épo­ca más re­cien­te: bus­car la esen­cia que per­dió el club en es­ta dé­ca­da, aque­lla que en glo­rio­sos tiem­pos man­da­ba can­te­ra­nos a Se­lec­cio­nes Me­xi­ca­nas, que fue mo­de­lo de ges­tión pa­ra otros equi­pos. Aque­lla que hi­zo que le fue­ras a es­te equi­po, esa que te hi­zo de­fen­der al es­cu­do con el puma do­ra­do.

La hu­mi­llan­te ac­tua­ción del pri­mer equi­po es­te tor­neo ha desata­do una vo­rá­gi­ne de crí­ti­cas, al­gu­nas sus­ten­ta­das, otras ex­pues­tas des­de el es­tó­ma­go, des­de la tribuna has­ta los pe­rió­di­cos y pro­gra­mas de de­ba­te. In­clu­so en­tre ex­di­rec­ti­vos, que cla­man sin ver­güen­za su vuel­ta al club, pa­ra re­gre­sar esos títulos que con­quis­ta­ron a cos­ta de prác­ti­cas gans­te­ri­les y nu­la siem­bra en ju­ve­ni­les.

Lle­gó el ma­no­ta­zo de Rec­to­ría, pe­ro ape­nas, no cuan­do apun­ta­ron los ru­mo­res ha­ce se­ma­nas. El rec­tor Graue con­fía en Ares de Par­ga y su pro­yec­to, pe­ro tam­po­co pue­de de­jar sin aten­der la crí­ti­ca de su afi­ción. Hoy ya tie­ne un lí­mi­te más cor­to.

Así, ten­go la ne­ce­si­dad de ha­cer una acla­ra­ción sin en­trar a de­ta­lle pa­ra no vio­lar la con­fi­den­cia con la que me he en­te­ra­do del ca­so: el ac­tual pre­si­den­te del Pa­tro­na­to ha pa­sa­do mo­men­tos per­so­na­les muy du­ros que bien lo pu­die­ron apar­tar de su la­bor en el equi­po. Era una sa­li­da fá­cil pa­ra li­diar con lo otro. Pe­ro si­guió. Si­gue. Me cons­ta su de­di­ca­ción y com­pro­mi­so pa­ra re­cu­pe­rar esa esen­cia y la glo­ria con Pu­mas. Eso, por mu­cho que te cai­ga mal o desaprue­bes sus de­ci­sio­nes, no lo pue­des po­ner en duda. Em­pe­ño mi pa­la­bra en ello.

Sus for­mas po­drán no gus­tar, Ares no tie­ne un ca­rác­ter sen­ci­llo, ami­ga­ble, cor­dial, al con­tra­rio, hay mu­chas que­jas in­clu­so de su pro­pio equi­po de tra­ba­jo, pe­ro el fon­do es lo im­por­tan­te: re­cu­pe­rar el ADN per­di­do.

Ese ha si­do su ob­je­ti­vo y es­tá en mar­cha, reac­ti­var la ge­ne­ra­ción de ta­len­to en can­te­ra, re­mo­de­lar sus ins­ta­la­cio­nes, sa­near la mal­tre­cha eco­no­mía del club que he­re­dó de la ad­mi­nis­tra­ción an­te­rior y aun así traer al me­jor ex­tran­je­ro que ha te­ni­do el equi­po en es­ta dé­ca­da, Ni­co­lás Cas­ti­llo, un goleador in­dis­cu­ti­do que a pe­sar de sus com­por­ta­mien­tos de di­va de­ja­rá hue­lla po­si­ti­va en Pu­mas con sus go­les y con su fu­tu­ra ven­ta. ¿Ju­ve­ni­les? Se han man­te­ni­do en­tre los de las in­fe­rio­res, las in­fan­ti­les bri­llan en tor­neos in­ter­na­cio­na­les y en la fe­me­nil es­tán por arri­ba de to­dos los clu­bes que sí han res­pe­ta­do el pac­to ini­cial de la Li­ga.

Fal­ta lo in­me­dia­to, eso que se per­ci­be de pri­me­ra ins­tan­cia, lo que da las ma­yo­res ale­grías y las de­cep­cio­nes in­me­dia­tas, los re­sul­ta­dos del pri­mer equi­po, pe­ro re­cuer­da que hay tra­ba­jo de fon­do pa­ra el me­diano pla­zo, una siem­bra a la que ya le sa­len las pri­me­ras ho­jas que en unos me­ses, años qui­zá, da­rá ju­go­sos fru­tos. No lo olvides. Éxi­to a Da­vid Pa­ti­ño pa­ra ce­rrar es­te tor­neo y pa­ra ha­cer­te re­cor­dar por qué le vas a Pu­mas.

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