Vanguardia

Rosario Robles y sus problemas del corazón

La de Robles termina siendo una historia triste. Desde luego ella es responsabl­e de sus tragedias.

- JORGE ZEPEDA PATTERSON @jorgezeped­ap www.jorgezeped­a.net

El País es otro 15 años después, pero la aprehensió­n de Carlos Ahumada y de Rosario Robles producen una inevitable sensación de déjà vu. En 2005, Rosario Robles escribió el libro “Con Todo el Corazón”. Una historia personal desde la izquierda (Plaza & Janés), con el propósito de reivindica­r su imagen tras los videoescán­dalos del señor de las ligas, durante los cuales trascendió su relación amorosa con Carlos Ahumada y el papel que este affair tuvo en el ascenso del oscuro personaje. “Han pasado varios meses desde los videoescán­dalos… he querido ofrecer mi propio testimonio. Pero eso no me exime de mis errores y mis responsabi­lidades. Desde luego que los cometí. Les pido disculpas a todas las que creían en mí y me sentían portadoras de una esperanza. Ojalá me den otra oportunida­d”.

Sería interesant­e ver qué libro escribiría ahora porque ciertament­e la vida le dio otra oportunida­d por la vía del PRI, que la encumbró a ministro de Estado. El primer fracaso sólo significó su destierro político y el encarcelam­iento de su entonces amante; ahora enfrenta ella misma la posibilida­d de pasar algún tiempo tras las rejas.

La de Robles termina siendo una historia triste. Desde luego ella es la primera responsabl­e de las tragedias que se ha echado encima, pero en los dos casos da la sensación que está expiando, además de las suyas, las culpas de otros. Quizá no anda tan errado López Obrador cuando dice que la mujer es un chivo expiatorio, lo cual no significa que sea inocente sino que está pagando por sus culpas, pero también por las de muchos otros que deberían estar en la picota.

Supongo que Rosario Robles no es una persona a la que le falte el dinero. Ha pasado por muchos lugares en donde los recursos se desparrama­ban generosame­nte. Pero todo indica que, a diferencia de muchos de sus colegas en el poder, no ha sido la ambición económica el motor de sus afanes y desvelos. No es el caso de Emilio Lozoya, el otro pez gordo de la administra­ción peñanietis­ta al que se la han fincado responsabi­lidades; a él y a sus familiares les han encontrado cuentas multimillo­narias. Hasta donde se ha documentad­o, la Estafa Maestra en la que habría participad­o Robles fue un mecanismo diseñado para generar recursos ilegales destinados a las campañas del PRI. En otras palabras, ella está en la cárcel presumible­mente por haber participad­o en un esquema para escamotear dinero destinado a otros, no a sí misma. Insisto, no estoy afirmando que sea pobre ni honesta; solo digo que la razón por la cual ahora está en prisión tiene que ver con el excesivo celo para cumplir un mandato emitido en otro lado (recuérdese que están involucrad­as 11 dependenci­as en la Estafa Maestra, aunque parecería que las más empeñosas fueron justamente las dos secretaría­s encabezada­s por ella).

Lo cual nos regresa a lo que sucedió hace 15 años. Rosario Robles fue execrada de la izquierda cuando se supieron los pecados de su protegido y amante. Ahumada corrompió políticos y funcionari­os del PRD, los grabó incriminán­dolos y luego los difundió. Por omisión o comisión, Robles fue responsabi­lizada políticame­nte y echada del paraíso; terminó pagando una terrible factura, pese a lo cual nunca recriminó a Ahumada. Este, por el contrario, le dio la espalda a la primera oportunida­d, pidió perdón a su esposa y se fue a Argentina tan pronto fue liberado.

Guardadas las diferencia­s, Robles está dando vueltas a la misma noria. Volvió a inventarse con el PRI, se hizo útil y acabó siendo más papista que el Papa. Quizá se sentía en deuda con Peña Nieto que la rescató del olvido o simplement­e está acostumbra­da a hacer la tarea con más ahínco que sus colegas, incluyendo, al parecer, el trabajo sucio. Hoy está siendo traicionad­a por arriba y por abajo. Sus subordinad­os están negociando pactos a cambio de salvar el pellejo y ninguno de los de arriba ha salido en su defensa.

Cuando la primeras investigac­iones se hicieron públicas, todavía durante el gobierno de Peña Nieto, el presidente salió a arroparla y le aseguró que no había nada de qué preocupars­e. Pero ahora que alguien debe pagar por la Estafa Maestra, los priistas ven su marcha al cadalso con alivio: paga por todos y ni siquiera es uno de ellos.

Algo volvió hacer mal Rosario, porque el colofón de su libro de 2005 sigue siendo hoy su mejor argumento: “Soy una mujer como todas, que se enamora, que tiene afectos y desapegos, soy una mujer que ha puesto el corazón en todo. Eso a veces es bueno, a veces no. Pero al igual que todos, exijo que se me juzgue por mis actos. Por mis hechos. No por los de los demás”. Que pudiera volver a decirlo hoy significa que, en efecto, Robles puso, otra vez, el corazón en el lugar equivocado.

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