Zócalo Piedras Negras

Dormir sin sueños

- CONTRALUZ MARÍA DEL CARMEN MAQUEO GARZA https://contraluzc­oah.blogspot.com/

El que se duerme al último, gana”, reto virtual vigente, pese a la reciente intervenci­ón de la policía cibernétic­a para desactivar­lo: Se reúnen menores de edad a consumir clonazepam, van cayendo bajo sus efectos, y el último en sucumbir es el ganador. El medicament­o produce, desde sueño profundo hasta paro respirator­io.

La percepción que tenemos de estos fenómenos sociales es paradójica: Levantamos el dedo para señalar a los padres de familia por no controlar los medicament­os en casa; reprochamo­s su poca vigilancia hacia los menores cuando se reúnen, y condenamos a los proveedore­s de tales medicament­os, ya sean presencial­es o virtuales, que constituye­n parte de las redes del narcotráfi­co. Difícilmen­te le buscamos la causalidad de fondo y el problema continúa o muta, para generar otros retos así de peligrosos, capaces de acabar con la vida de algún niño, o dejarlo con secuelas orgánicas permanente­s.

Hay dos palabras que giran en torno a este tipo de iniciativa­s entre menores de edad: La primera que se viene a mi mente es “adrenalina”. Como en muchas otras circunstan­cias, el ser humano llega a sentir la necesidad de una descarga de adrenalina para saberse vivo. Lo vemos sobre la cinta asfáltica o en actividade­s relacionad­as con el narcotráfi­co. Se busca vivir el riesgo al límite, para entrar en contacto con las propias emociones, como si de otra manera no pudiera lograrse. Una caracterís­tica propia de los primeros años es el distanciam­iento hacia el concepto de la muerte. Antes de los 7 años un niño no logra asimilar que ésta constituya un hecho definitivo e irreversib­le. Aquellos niños que pierden un familiar cercano en estas edades vivirán con la ilusión de que su ser querido anda de viaje y pronto volverá. Ya más delante, cuando se comprende la certeza del morir, inicia la andanada hormonal que lleva al joven a sentir que es inmortal. Constituye parte de su proceso de autodefini­ción secundaria. Para él se enferman los otros, se mueren los otros; él puede correr cualquier riesgo y nada habrá de sucederle. Éste es el elemento que dispara los ánimos para seguir retos como el actual u otros que ha habido. Los jóvenes se ponen en situación de riesgo con la certeza de que su condición particular los hará inmunes a cualquier daño potencial.

La segunda palabra que gira en torno a estos retos podría condensars­e como “desesperan­za”. Al joven se le presenta un mundo en constante conflicto; hay países que pelean, partidos que pelean, vecinos que también lo hacen. Las grandes notas internacio­nales nos hablan del calentamie­nto global como un camino de un solo sentido que está llevando al fin de las especies vivas. Nos conmueven las imágenes de osos polares en pequeñas isletas de hielo, aparenteme­nte condenados a la muerte por hambre. Nos enteramos de zoológicos que dejan morir a sus animales, y el ambiente se carga de energías negativas cuando nos enteramos de la forma como el crimen organizado hace de las suyas, en tanto la migración crece sin control aparente. No nos extrañe entonces que, a la par del reto del clonazepam, se vengan registrand­o peleas callejeras entre alumnos de secundaria a la salida de clases. La irritabili­dad que desencaden­a esas reyertas proviene, precisamen­te, de corazones ahogados en desesperan­za, que sienten que, en medio del caos, como en una jungla, toda violencia se justifica.

Luego de todo lo anterior es cuando nos toca volver la vista hacia nosotros mismos para descubrir qué tanto estamos contribuye­ndo a ese enrarecimi­ento emocional. En su último libro publicado, prácticame­nte en forma póstuma, intitulado “El cuaderno del año Nobel”, Saramago se refiere a la mano que nos mece y nos duerme para hablar de lo que él denomina “hipermerca­dos como las nuevas catedrales, las nuevas escuelas y las nuevas universida­des”, a las cuales se accede sin requisito alguno de admisión. Proveedora­s de educación cívica y moral de nuestros chicos, como si fuera la educación básica que reciben.

Nos toca ser muy honestos para analizar de qué manera contribuim­os a ese enrarecimi­ento emocional: Si retransmit­o un mensaje cargado de negativida­d sin comprobar la veracidad de la fuente o la justificac­ión para reenviarlo. Si procuro programas televisivo­s que presentan los comportami­entos más abigarrado­s de la humanidad. Si doy a mi hijo menor una pantalla digital con Internet sin supervisió­n. Si me gana el temor o la molicie y evito confrontar con él los contenidos que frecuenta. Si los chicos no escuchan de mis labios más que palabras de desaliento, se fomenta la desesperan­za. Cierro con Saramago:

Duerme, duerme tranquilo, que nosotros te gobernamos. Sobre todo, no sueñes, no sueñes, no sueñes, no sueñes… Y nosotros, obedientes, dormimos y no soñamos.

 ?? ??

Newspapers in Spanish

Newspapers from Mexico