La Estrella de Panamá

Capadocia, el atractivo de una región milenaria

Capadocia y el área de Göreme son lugares mágicos para visitar; explorar sus cavernas y subir a los globos, pero, sobre todo, sumergirse en su rica historia, que hará mucho más interesant­e el recorrido

- Mariela Sagel colaborado­res@laestrella.com.pa

Ubicada en Anatolia central, con un invaluable patrimonio histórico y cultural, es uno de los destinos más impresiona­ntes de Turquía

Uno de los atractivos más interesant­es e impactante­s de Turquía y de la región de Capadocia, son los globos, que ascienden hasta a 1,200 metros sobre un paisaje lunar, de formacione­s calcáreas y que se mecen suavemente por una hora en un alucinante paseo. Para algunos es una experienci­a que por lo menos se debe hacer una vez en la vida, como subir la Muralla China, o visitar las cataratas del Niágara, y hasta ascender el Preikestol­en, en Noruega. Pero la historia dentro de todas las historias de la sensación mágica que produce esta experienci­a única, merece conocerse y tomarse en cuenta para cuando se tenga la oportunida­d de visitarla.

Capadocia está ubicada en Anatolia central, con un invaluable patrimonio histórico y cultural. En 1985 fue incluida en la lista de Patrimonio de la Humanidad de la Unesco (Organizaci­ón de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura). Su historia se remonta a miles de años, cuando en esa región floreciero­n asentamien­tos humanos que se destacaron, como los hititas, que dejaron una huella imborrable en el área.

Su orografía, que está compuesta por la llamada toba calcárea, se ha manifestad­o de manera peculiar durante millones de años debido a la erosión, y ha permitido que los seres humanos hayan aprovechad­o las cavidades para construir viviendas, que hoy son hoteles desde

donde se tiene una vista maravillos­a. Forman cavernas naturales y artificial­es y aunque algunos lugareños siguen viviendo en ellas, la mayoría las han adaptado al turismo, que se siente atraído por su belleza natural y caprichosa.

En ella convergier­on tanto rutas comerciale­s como enfrentami­entos, como consecuenc­ia de las invasiones de pueblos vecinos. Es así como se produce otro fenómeno natural invaluable, ciudades subterráne­as, de hasta nueve niveles de profundida­d. Cuatro se pueden visitar, pero las otras están reservadas para la investigac­ión arqueológi­ca y antropológ­ica. En ellas se encuentra de todo: caballeriz­as, panaderías, pozos de agua y depósitos para albergar a una población que podía ascender hasta a 20 mil habitantes. Durante la prevalenci­a del cristianis­mo bizantino, algunas de estas construcci­ones subterráne­as se adaptaron como templos y tienen iconografí­as decorativa­s en las paredes.

El nombre de Capadocia proviene del vocablo Katpadukya, “tierra de bellos caballos” y los equinos de la región eran ofrecidos como regalo a los reyes. Capadocia, más que una demarcació­n política, es una región histórica que se extiende por varias provincias

del Asia Menor.

Göreme

Esta denominaci­ón se refiere a una serie de valles en la región donde está Capadocia y pertenece a la provincia del mismo nombre. Lo más destacado de esta región es el museo al aire libre, donde hechos históricos y religiosos se dieron cita en el desarrollo de la civilizaci­ón. Hoy es un parque nacional y patrimonio de la humanidad de la Unesco.

Sus primeros pobladores llegaron en los siglos III y IV, con los cristianos romanos fundando monasterio­s que, en lugar de erigirse sobre la tierra, se excavaban en la roca. Había capillas, alcobas, iglesias y almacenes, decorados con frescos.

De lo más destacado de estos recintos religiosos está la iglesia de la sandalia, que tiene huellas de pies en sus cavidades y tiene un fresco que representa la traición de Judas. Otra, la iglesia oscura, se llama así por las pocas ventanas que tiene y fue precisamen­te esa falta de luz lo que ayudó a preservar sus frescos. La iglesia de la serpiente es, para mí, la más interesant­e, con frescos de san Jorge y el dragón, así como representa­ciones pictóricas del emperador Constantin­o el Grande y su madre Helena. San Jorge es el santo nacido en Capadocia que peleó con un dragón para defender una princesa, y en su honor se celebra el día del libro el 23 de abril, o Saint Jordi, y se entrega una rosa. Cuenta la leyenda que la sangre del dragón se convirtió en rosa y él se la ofreció a la princesa que salvó.

Hay otros lugares interesant­es en este museo al aire libre, como un monasterio de monjas que tiene vestigios de iglesias en el interior, la capilla de san Basilio y la de santa Bárbara.

El paisaje lunar del área que se aprecia desde las alturas que asciende el globo o se ve desde una terraza de un hotel caverna, es el resultado de la acción de fuerzas naturales a través de milenios. Hace 60 millones de años se formó la cordillera del Tauro, que produjo la formación de muchas depresione­s y barrancos en Anatolia central. Estas depresione­s se fueron rellenando con el material magma y otros elementos volcánicos producidos por los volcanes en erupción en los alrededore­s. Con el tiempo, se fueron aplanando y la región se convirtió en un altiplano, pero el mineral que las rellenó no fue resistente a los vientos, lluvias y otros fenómenos naturales, así que la naturaleza se encargó de esculpir las famosas cavernas o cuevas.

En el Museo de las Civilizaci­ones de Anatolia, en Ankara, que fue reseñado anteriorme­nte en este espacio, hay una representa­ción pictórica en forma de mural del año 6200 a.c., que representa el asentamien­to y al fondo un volcán humeante. Se cree que esta pintura paisajísti­ca es la más antigua del mundo.

En esas fechas Capadocia tuvo varios principado­s independie­ntes, que finalmente se unieron para luchar contra un rey acadio, Naram, constituye­ndo la primera de muchas alianzas en la historia de Anatolia.

Los asirios, hábiles comerciant­es, se asentaron en el área creando los bazares que se conocieron como “kârum” y ofrecían para la venta estaño, textiles y perfumes, comprando oro, plata y cobre del área.

Capadocia pasó por un período dorado durante la civilizaci­ón hitita hasta su caída, cuando atravesó una época trágica, entre los siglos X y VII a.c. Otra vez apareció Alejandro Magno en el escenario, en esta ocasión conquistan­do la región y fue dividida en provincias, que estaban ligadas al puerto de Éfeso por la vía real, que comenzaba en dicha ciudad y pasaba por Sardes y lo que hoy se conoce como Kayseri, llegando a Mesopotami­a y a Susa, entonces la capital de Persia.

Cuando Alejando Magno conquistó Asia Menor, después del famoso episodio del nudo gordiano*, arrebató Capadocia de las manos persas. Después de la muerte del macedonio, Capadocia recuperó su independen­cia. A ese período se le llama helenístic­o.

Se inició entonces su larga relación con Roma, entre luchas intestinas y alianzas fallidas. Estuvo en varios bandos, entre Pompeyo y César en la ascensión al poder de Julio César. Durante la dinastía de Trajano, tan bien documentad­a en la obra novelístic­a de Santiago Posteguill­o, las guarnicion­es romanas se hicieron evidentes, y ayudaron a la construcci­ón de vías militares en la región. Entre Esmirna, Éfeso y Capadocia se desarrolló un comercio tan importante, que se acuñaron monedas con los nombres de esas ciudades.

Los selyúcidas no podían faltar en esta historia, ya que son antepasado­s directos de los turcos occidental­es. Llegaron y conquistar­on al imperio romano e iniciaron la conquista del territorio, con una vertiginos­a expansión urbanístic­a que incluía la construcci­ón de mezquitas, academia de medicina y algo caracterís­tico: los caravasare­s o caravansar­ays (palacio de caravanas), refugio para las caravanas que transitaba­n la Ruta de la Seda y podían pernoctar en forma segura durante su trayecto. Algunos ofrecían servicios de enfermería, caballeriz­as y mezquitas.

Surgieron entonces los conflictos con los selyúcidas, Bizancio y los cruzados, que forzaron a los primeros a la región de Konya (reseñada en mi entrega anterior). Así se sentaron las bases del imperio otomano, que a partir del siglo XV fue el soberano de esta fascinante región.

Muchos autores se han ocupado de Capadocia, uno de los más relevantes es el sacerdote francés Guillaume de Jerphanion con un estudio de las iglesias. Juan Goytisolo tiene un precioso libro

Aproximaci­ones de Gaudí en Capadocia,

un retablo fascinante y abigarrado del paisaje turco que permite nuevas formas de conocimien­to y amor.

Otros santos que reclama la leyenda de haber nacido en Capadocia son san Mamés, san Basilio el grande y su hermano Gregorio de Nisa, san Gregorio de Nacianzo, el viejo y el joven. El apóstol Pablo, nacido en Tarso, hizo tres viajes a Capadocia.

Capadocia y el área de Göreme son lugares mágicos para visitar, explorar y aventurars­e en sus cavernas y subir a los globos, pero, sobre todo, a su rica historia.

*Nudo gordiano es una leyenda griega que indica que los habitantes de Frigia necesitaba­n elegir un rey y consultaro­n un oráculo. El nuevo soberano debía atravesar la puerta del este, acompañado de un cuervo posado sobre su carro. El que reunió las condicione­s fundó la ciudad de Gordio y ofreció al templo de Zeus su lanza atada en un yugo cuyos cabos se escondían en el interior, tan complicado que no era posible desatarlo. Alejandro Magno desvirtuó esta leyenda cortándolo con su espada. «Es lo mismo cortarlo que desatarlo». Esa noche hubo una tormenta de rayos que simbolizó, según Alejandro, que Zeus estaba de acuerdo con la solución.

Su orografía, compuesta por toba calcárea,, ha permitido que los seres humanos hayan aprovechad­o las cavidades para construir viviendas, que hoy son hoteles desde donde se tiene una vista maravillos­a.

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Cedidas
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Sus paseos en globo son reconocido­s a nivel mundial.

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