Ciu­da­dano

ABC Color - - DEPORTES -

Pe­lé no es so­lo fut­bo­lis­ta. Es tam­bién un hom­bre in­te­gra­do a la so­cie­dad. Y co­mo tal, el Ed­son Arantes do Nas­ci­men­to de­jó de la­do los ba­ti­nes y nos ha­bló de sus in­tere­ses, con­vic­cio­nes y gus­tos.

Y, en reali­dad, su dri­bling im­pa­ra­ble es­tu­vo pre­sen­te en cier­tos ca­sos, es­pe­cial­men­te cuan­do de­bía ha­blar de di­ne­ro.

Co­mo mar­ca­do­res fui­mos flo­jos y su­po elu­dir­nos...

Nues­tro hom­bre es qui­zás el pro­fe­sio­nal más pre­coz en la his­to­ria del de­por­te. Ya a los quin­ce años fir­ma­ba su pri­mer con­tra­to pro­fe­sio­nal que lo li­ga­ba al San­tos.

–Fue en el 56. Me pa­ga­ban cin­co mil cru­cei­ros al mes.

–Y des­de esa fe­cha, ¿cuán­to ha ga­na­do?

Y vino el pri­mer es­qui­ve. Fue un ama­gue con re­mi­nis­cen­cias de can­cha, en que que­da el mar­ca­dor “pa­gan­do” y el de­lan­te­ro si­gue...

–La ter­ce­ra par­te de lo que la gen­te pien­sa.

–¿En qué tie­ne in­ver­ti­do su di­ne­ro?

–Ten­go una so­cie­dad de hi­lo elás­ti­co y una com­pa­ñía cons­truc­to­ra. An­te­rior­men­te te­nía una ofi­ci­na de ven­tas de ma­te­ria­les pa­ra cons­truc­ción, lla­ma­da Sa­ni­ta­ria San­tis­ta, que no exis­te más.

–¿Cuán­to ga­nó con la edi­ción de su li­bro bio­grá­fi­co?

–Mu­cha ex­pe­rien­cia.

Y aquí pun­to. Ha­blar de la

cues­tión eco­nó­mi­ca (“An­tes te­nía un so­cio, pe­ro aho­ra mi pa­dre ad­mi­nis­tra mis em­pre­sas. En el fu­tu­ro pien­so ha­cer­lo yo”) no nos Ile­va­ba a na­da cier­to.

Cam­bia­mos...

–Es ca­tó­li­co, ¿ver­dad?

–Sí. Voy a mi­sa y co­mul­go siem­pre que pue­da. Cuan­do es­toy de gi­ra me es di­fí­cil.

–¿ Qué ideas po­lí­ti­cas tie­ne?

–No en­tien­do de po­lí­ti­ca ni me in­tere­sa.

–¿ Qué le pa­re­ce la gue­rra del

Viet­nam?

–Co­mo to­da gue­rra, no me gus­ta. Aho­ra, de­ta­lles no sé.

–¿Qué opi­nión tie­ne so­bre Lut­her King?

–Un hom­bre que que­ría el bien de la hu­ma­ni­dad, co­mo él, te­nía que ser bueno.

–¿ Y los Ken­nedy?

–So­lo co­no­cí a uno, Ro­bert. Ha­blé con él y me di cuen­ta que era una bue­na per­so­na. Has­ta sa­có su pren­de­dor de cor­ba­ta y me lo re­ga­ló. Co­mo po­lí­ti­co, no pue­do

opi­nar.

–¿ Un per­so­na­je en la his­to­ria?

–Cris­to. Y en la vi­da, mi pa­dre.

–¿ Qué opi­na de los hip­pies?

–Oi­go ha­blar de ellos, pe­ro real­men­te no sé de qué se tra­ta.

–¿ Cree en la “ma­cum­ba”?

–Res­pe­to a to­dos los que creen en ella, pe­ro me pa­re­ce que es una ton­te­ría.

–¿El ma­yor elogio que re­ci­bió?

–“Rey” Es­te nom­bre me pu­sie­ron en Fran­cia, en el 58.

–Un re­cuer­do fe­liz

–El na­ci­mien­to de mi hi­ja.

–Un re­cuer­do tris­te

–La muer­te del pre­si­den­te del San­tos, Ni­co­lás Mo­rán, ha­ce dos me­ses, mien­tras es­tá­ba­mos en Chi­le. Ha­bía si­do mi pa­drino de ca­sa­mien­to.

–¿ Llo­ra us­ted?

–Soy muy sen­si­ble, pe­ro di­fí­cil­men­te llo­ro. Cuan­do era muy jo­ven sí llo­ra­ba.

–Un li­bro

–En ge­ne­ral, las obras de Fritz Kan, orien­ta­dor so­cial. Su pri­mer li­bro que leí fue “Nues­tra vi­da se­xual”.

–El si­coa­ná­li­sis

–Nun­ca lo ne­ce­si­té. Co­no­cí a va­rios si­có­lo­gos en de­le­ga­cio­nes de­por­ti­vas, pe­ro no con­sul­té por pro­ble­mas per­so­na­les.

–¿ Có­mo le gus­ta­ría mo­rir?

–Pre­fe­ri­ría no mo­rir.

El gol­pe de gra­cia, el es­qui­ve fi­nal que lle­va al gol es­ta­ba da­do.

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