¿Ma­má ce­lo­sa? “¡Pa­ra na­da!”

Una ma­má muy que­ri­da es Ale­jan­dra Prayones. La ex­mo­de­lo y con­duc­to­ra de tevé po­só fe­liz pa­ra TVO en el Mes de las Ma­dres, ro­dea­da de sus hi­jos, los ge­me­los Axel e Iván, y Maia. Pa­ra Ale, al pa­re­cer no pa­só el tiem­po y disfruta de sus chi­cos, ¡ya no tan ch

TVO - - Sumario - ALE­JAN­DRA PRAYONES

Ha­ce unos años, Ale­jan­dra Prayones po­sa­ba con sus ge­me­los, Iván y Axel Cá­ce­res (19), en nues­tras pá­gi­nas, y lue­go se su­mó la pe­que­ña Maia (15). Eran chi­qui­tos y los vi­mos cre­cer, tan­to así que hoy los tres ya pa­san en es­ta­tu­ra a la mami. Pe­ro la ter­nu­ra, el amor y esa ma­gia que los une a ma­má no cam­bió pa­ra na­da. Reuni­mos a la con­duc­to­ra y sus hi­jos en una bella pro­duc­ción en Ca­sa Su­cre, don­de la Prayones nos habló de to­do un po­co, y por su­pues­to, hi­zo én­fa­sis en el rol que más le gus­ta desem­pe­ñar: el de ma­dre.

Ale, con­ta­nos en qué an­dás...

- Gra­cias a Dios, a mi tra­yec­to­ria y ex­pe­rien­cia en cuan­to a con­duc­ción, ase­so­ra­mien­to de ima­gen y mo­da, tra­ba­jo dan­do char­las a ni­vel pri­va­do y co­mer­cial. Además, co­mo in­fluen­cer en las re­des. Lo dis­fru­to mu­cho. Tam­bién ten­go mi ca­nal de YouTu­be, don­de subo con­se­jos de mo­da, eti­que­ta, se­cre­tos de be­lle­za y gym.

¿Cuán­do te vol­ve­re­mos a ver en tevé?

- Me han acer­ca­do al­gu­nas, pe­ro no son tan­to de mi es­ti­lo. Creo que es im­por­tan­te cui­dar mu­cho la cre­di­bi­li­dad con la que una se hi­zo co­no­cer y res­pe­tar co­mo fi­gu­ra pú­bli­ca. Ten­go la gra­cia de Dios que pa­sé por no­ti­cie­ros, co­con­duc­cio­nes y pro­gra­mas pro­pios. La tevé es un gran amor, pe­ro si no hay un pro­yec­to en el que me sien­ta có­mo­da y acor­de, no avan­zo.

¿Có­mo ha­cés pa­ra man­te­ner tu fi­gu­ra?

- Siem­pre fui muy co­que­ta y de­por­tis­ta, lo que ha­ce que mi cuer­po se man­ten­ga igual o me­jor con los años. Pa­ra mí, el se­cre­to es la cons­tan­cia. Ha­ce años que en­treno en ca­sa, siem­pre so­la, mi ru­ti­na de pe­sas, ejer­ci­cios y pi­la­tes , por lo me­nos tres o cua­tro ve­ces por se­ma­na, ho­ra y me­dia.

¿Qué ex­tra­ñás de Ame­ri­can Mo­del School?

- Ex­tra­ño ver a las chi­cas, reír­nos jun­tas en los en­sa- yos y des­fi­les, el ca­ri­ño y los aplau­sos del pú­bli­co, el gla­mour que dis­fru­tá­ba­mos mos­tran­do las me­jo­res co­lec­cio­nes y a nues­tros no­vios que iban re­li­gio­sa­men­te a ver­nos des­de las es­ca­le­ras del Yacht (ri­sas). ¡Cuán­tas anéc­do­tas de ca­da una y sus ro­man­ces!

¿Qué te de­jó la épo­ca do­ra­da del mo­de­la­je?

- ¡Wow! Me de­jó tan­to y es­pe­cial­men­te gra­ti­tud a Noe­mí Gó­mez, quien fue la men­to­ra de to­das no­so­tras. Fue ella quien nos des­cu­brió, pre­pa­ró y exi­gió lo me­jor pa­ra que fué­ra­mos in­te­gran­tes de una de las más res­pe­ta­das agen­cias de mo­de­la­je. Tan­tas amis­ta­des, tra­ba­jo digno, anéc­do­tas y ale­grías du­ran­te va­rios años. Fá­cil, ¡más de 15 años! Era co­mo ir al co­le­gio. Ru­ti­na, res­pon­sa­bi­li­dad, tra­ba­jo en equi­po y res­pe­to. Fue una gran ex­pe­rien­cia de amor y vi­da.

MA­DRE HAY UNA SO­LA

Te­ner ge­me­los en ca­sa no ha­brá si­do fá­cil pa­ra Ale­jan­dra, pe­ro con amor y ayu­da, hoy esos be­bés ya son unos apues­tos jó­ve­nes, que se lle­van to­dos los piropos ca­da vez que ma­má Ale sube una foto de ellos a las re­des. Maia no se queda atrás: con 15 años ¡ya mi­de 1.70! Pe­ro Prayones ju­ra que no es ce­lo­sa, ¿se­rá?

¿Al prin­ci­pio fue di­fí­cil com­bi­nar el tra­ba­jo con la ta­rea de ser ma­má?

- Y yo tu­ve la suer­te de que al na­cer los ge­me­los, con­ta­ba con ayu­da pro­fe­sio­nal do­ble. A los dos me­ses de na­ci­mien­to de mis ne­nes, ya vol­ví a tra­ba­jar a Ca­nal 9. Las en­fer­me­ras de­cían que los ge­me­los me veían en la tevé, llo­ra­ban y de­cían: “Upa, ma­má”. Los tres se acos­tum­bra­ron a te­ner una ma­má ac­ti­va y tra­ba­ja­do­ra, pe­ro aun así ho­ga­re­ña. Soy muy po­co so­cial.

Aho­ra que los ves gran­des, ¿có­mo te sen­tís?

- Cuan­do los veo tan gran­des ya a los tres, me pre­gun­to: “¡¿Cuán­do pa­só?!” Pa­sa vo­lan­do el tiem­po. Es­toy or­gu­llo­sa de ver­los cre­cer sa­nos, chi­cos sen­si­bles, educados y res­pon­sa­bles. Tra­ba­ja­mos mu­cho jun­to a su pa­dre pa­ra que fue­ran así.

¿Sos una ma­má ce­lo­sa? Por­que sa­be­mos que ya te lla­man sue­gra.

- (Ri­sas) No, pa­ra na­da. Me en­can­ta ver y leer la can­ti­dad de “nue­ras vir­tua­les” que ten­go. Son amo­ro­sas y sim­pá­ti­cas. ¡Ma­dre cho­cha de que sus hi­jos va­ro­nes sean tan ad­mi­ra­dos! Ellos no son muy de in­ter­ac­tuar

en re­des so­cia­les, son muy tran­qui­los, por aho­ra. Y de Maia sí me gus­ta cui­dar el ni­vel de ex­po­si­ción que ten­ga; la con­tro­lo más por su se­gu­ri­dad y edad. Igual es chi­ca y muy po­co ex­po­ne sus ac­ti­vi­da­des.

Y tus hi­jos, ¿son ce­lo­sos?

- Un po­co. Los ge­me­los se fi­jan en mi ves­tua­rio, mis pu­bli­ca­cio­nes, los co­men­ta­rios y me pre­gun­tan por tal o cuál per­so­na... (ri­sas). Igual me co­no­cen, soy muy re­ser­va­da y for­mal en to­do. De lo que más ce­lan es de los ad­mi­ra­do­res jó­ve­nes (ri­sas).

¿Có­mo te lle­vás con tus chi­cos?

- Soy una ma­má muy com­pa­ñe­ra, por eso ellos re­cu­rren a mí an­te cual­quier te­ma. Me en­can­ta la con­fian­za y aper­tu­ra que tie­nen. Nos unen el hu­mor, las bro­mas, el com­pa­ñe­ris­mo y, an­te to­do, mu­cho res­pe­to.

De chi­qui­ta, Maia te acom­pa­ña­ba a los des­fi­les, ¿se­gui­rá tus pa­sos en las pa­sa­re­las?

- Sí, y los ge­me­los tam­bién me acom­pa­ña­ban. De he­cho, des­fi­lé em­ba­ra­za­da de los va­ro­nes y de Maia, pa­ra lue­go ha­cer­lo con los tres de pe­que­ños. Maia tie­ne una be­lle­za muy exótica y una fi­gu­ra pri­vi­le­gia­da; con una al­tu­ra de 1,70. Tie­ne mu­chas con­di­cio­nes pa­ra ser mo­de­lo, pe­ro me gus­ta­ría que fue­ra a ni­vel in­ter­na­cio­nal. Ya ve­re­mos más ade­lan­te si es su de­seo, apar­te del es­tu­dio, que es lo pri­mor­dial.

¿Qué momentos com­par­tís con tus tres hi­jos?

- La ce­na es un mo­men­to fa­mi­liar muy im­por­tan­te. Ya lo trai­go de fa­mi­lia. Me gus­ta co­ci­nar­les y es un mo­men­to que apro­ve­cha­mos pa­ra ha­blar de nues­tro día. Soy muy me­ticu­losa con los mo­da­les en la me­sa, ellos lo vi­ven des­de pe­que­ños. Me gus­ta que crez­can educados y la me­sa es un lu­gar don­de se pue­de per­ci­bir el gra­do de aten­ción y cui­da­do que se tu­vo en el ho­gar. Los mo­da­les ha­blan so­los... tra­ba­jo de hor­mi­ga diario. ¿Y sa­ben qué di­go?: “Tie­nen que ser los mis­mos en la ca­sa y afue­ra”.

¿Qué año­rás de cuan­do eran chi­qui­tos?

- Año­ro cuan­do lle­ga­ba a ca­sa des­pués del ca­nal y de­ja­ba a los ge­me­los que ha­gan un desas­tre con los ca­jo­nes y me­si­tas de luz de nues­tra pie­za, ¡sa­ca­ban to­do! Ver­los aho­ra, que sus pies pa­san la ca­ma don­de subían y ba­ja­ban ga­tean­do, es muy sim­pá­ti­co. A Maia ex­tra­ño ves­tir­la de be­ba con to­dos los mo­ñi­tos y de­más, ¡la tí­pi­ca mu­ñe­ca de ma­má!

Fi­nal­men­te, una pre­gun­ta que se ha­cen tus se­gui­do­res: ¿Ale es­tá so­li­ta o de no­via?

- (Ri­sas) La pre­gun­ta infaltable y del mi­llón, que ja­más tie­ne res­pues­ta. Siem­pre fui y soy muy re­ser­va­da con mi vi­da pri­va­da. Su­fi­cien­te ex­po­si­ción ten­go sien­do fi­gu­ra pú­bli­ca. Sí sos­ten­go que soy una mu­jer que sa­be bien lo que quie­re, muy se­lec­ti­va en mis gustos, ro­mán­ti­ca em­pe­der­ni­da, cha­pa­da a la an­ti­gua y cuan­do me enamo­ro (no muy fá­cil­men­te), me doy de lleno. El amor es un gran mo­tor, apues­to a él siem­pre.

RE­CUER­DOS. Ale­jan­dra dis­fru­tan­do con sus tres so­les cuan­do aún eran los pe­que­ños de mami. LOS PI­LA­RES DE ALE. Sus hi­jos Axel, Maia e Iván.

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