ABC (1ª Edición)

¿De Edimburgo o de Jerez?

- ANTONIO BURGOS

Siempre me recordó a Jerez, parecía un viejo bodeguero con el estilo y la elegancia del Sherry

CADA vez que lo veía en un reportaje de la televisión o en una foto de la Corte de San Jaime me acordaba de lo que me dijo con toda su gracia de una señora de las que me hacen pensar que la Andalucía de los Quintero existe y la tenemos al lado, basta escucharla hablar:

–Anda que la Reina de Inglaterra tiene mal gusto... ¿Pero tú has visto qué pedazo de tío más guapo y más elegante que escogió por novio?

Sí, lo de Manuel Machado en Adelfos: «De mi alta aristocrac­ia dudar jamás se pudo./ No se ganan, se heredan, elegancia y blasón». Cuando escuché aquella frase tan halagadora del Duque de Edimburgo el marido de Isabel II tendría apenas 40 años. Que es cuando tiene mérito ser elegante y guapo. Con los años, hay quien envejece divinament­e y cada vez está más elegante, pero otros pegan el viejazo. Le pasa, según decía Cela, como a la estatura de las señoras: que las altas tienen mucho ganado a su favor para parecer más bellas. Al Duque de Edimburgo se le notó su elegancia y su blasón machadiano­s hasta sus últimos años, siempre esos tres pasos detrás de ‘la Reina’, como se le llama en muchos países, aun republican­os, del ancho mundo. ‘La Reina’ a secas por antonomasi­a es la del Reino Unido de la Gran Bretaña. Lo viví en Nueva York. Coincidí con una visita oficial de la Reina de Inglaterra y vi un desusado despliegue de Policía por la calle 42. Con mi inglés macarrónic­o que estoy estudiando desde Primero de Bachillera­to y nunca terminé de aprender, le pregunté a un policía, a un ‘cop’, a qué venía tanto revuelo. Me dijo:

–Is The Queen, who is coming.

No ‘The Queen of United Kingdom’, no: la Reina a secas. Y a Edimburgo le pasaba algo por el estilo. Aquel señor tan elegante, al que todas las mujeres admiraban, no podía ser otro que el consorte de la Reina de Gran Bretaña. Don Felipe de Edimburgo era Inglaterra pura. Era lo que tópicament­e entendemos por un inglés guapo, elegante y bien vestido. Y, encima, relacionad­o con los caballos. ¿Por qué en el mundo del caballo hay estos señores tan elegantes y tan guapos, que muchas personas reales, como le pasó a ‘tía Lilibet’, se prendan de él? ¿Lo da el caballo, lo da Inglaterra?

Yo creo que lo da el caballo. Igual que a las señoras les parecía guapísimo y elegantísi­mo, con estilo para dar y repartir, a mí Edimburgo siempre me recordó a Jerez. Parecía un viejo bodeguero con el estilo y la elegancia del Sherry. Ante muchas fotos del Duque de Edimburgo me ha preguntado:

–¿En qué reportaje sobre el dueño de una bodega jerezana he visto yo a este señor con un catavinos en la mano?

Sí, me parecía más González que Domecq, pero jerezano al fin y al cabo. Vestido eleganteme­nte en Gibraltar, en García, como tantos señoritos del caballo, el toro y las bodegas de Jerez. Como que en Jerez han perdido una seña de identidad igual que la Reina se ha quedado viuda... y el Príncipe de Gales todavía en lista de espera.

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