ABC (Galicia)

Victoria sin destino claro

▶ El Barça golea al Alavés, pero no tiene todavía muy definida su aspiración real

- SALVADOR SOSTRES BARCELONA

Nadie habla aún de las elecciones al Barça, pero todo el mundo sabe que este equipo no encontrará su camino sin una solución política. ¿El fútbol no es política? Claro que lo es. No hay nada más político que el fútbol. Todo lo que merece la pena es político y sólo la política puede resolver lo importante. El Barça no tiene un problema económico, tiene un problema político, un problema de toma de decisiones profundas, atrevidas, serias. La economía volverá activarse cuando, como ha explicado siempre el exministro Illa, estemos vacunados mayoritari­amente en verano. La economía nunca es el problema. El problema es la política, la mala política, las malas decisiones que entorpecen el talento emprendedo­r. El problema es la corrupción, la negligenci­a y la incompeten­cia. Lo digo en este orden creciente porque, pese a lo que digan los puristas, es mucho peor ser un inepto que robar unas perras.

Un Barça plano, liso, sin geografía moral, sin nada relevante que consignar, jugaba contra el Alavés sin talento, sin idea. Sin una política concreta que le dijera en qué dirección correr. Partido aburrido como el Barça, como Cataluña, como las elecciones de hoy en que ya nada particular­mente exaltante se espera. Tostón de aquí para allá, hasta que Trincao a la media hora remató el primer gol de la noche. Bien, pero triste. Tristísimo. Querría que el fútbol fuera otra cosa, como cuando Guardiola lo pensaba, pese a que es una muy mala persona. Querría que no nos conformára­mos con tan poco, con un vuelo tan de gallina tarada, y que el deber del espectácul­o –y el respeto a la gente que tanto dinero paga– importara por lo menos tanto como el resultado. A Messi le anularon el segundo por un fuera de juego al límite de Griezmann. Tan al límite que con el dibujo de las líneas del VAR pareció francament­e ridículo. Se enfadó Koeman, yo creo que con razón, pero se le pasó el enfado, o eso creo, cuando otra vez Messi, recortando hacia adentro y buscando el primer palo, con la rosca al revés, marcó el segundo como diciéndole a su entrenador que podía ya administra­r los descansos para el partido contra el PSG.

Claro, con este resultado, quién dice que no van bien las cosas. Qué fan trompetist­a no reclama algo de reconocimi­ento por el logro. Yo lo entiendo, porque siempre entiendo a los débiles. Yo lo entiendo porque como catalán no me ha tocado otro remedio, en los últimos años, que entender la

Messi, defendido por Córdoba y Martín m. 29: Trincao; m. 74: Trincao;

Martín y Tachi. m. 45: Messi; m. 75: Messi. m. 57: Rioja; m. 80: Junior. (Comité andaluz). Amonestó a anatomía del fracaso. El fracaso de cuando nada es político y todo es sentimient­o, irracional y barato. ¿Qué es Cataluña? ¿Qué es el Barça? Es muy fácil explicarlo: son Pep Guardiola haciéndose el gudari, luciendo como un cobarde el lazo amarillo en el banquillo del City, mientras no tiene las agallas de volver a entrenar a su equipo porque sabe que su supuesta táctica infalible no sirve para la gloriosa proyección de su imagen pública si Messi está ya en decadencia. Laporta ha asumido el reto de volver, y nunca dio tantas lecciones a nadie. La política, en el fondo, se resume en ser un hombre. Pueden ustedes odiar a Laporta, y yo eso puedo respetarlo. Pero Laporta es un hombre. Guardiola es una canción de Lluís Llach. Levíticas incandesce­ncias.

Un epílogo plácido

Nada más empezar la segunda mitad, el Alavés acortó distancias. Ya más que en los descansos había que pensar en asegurar los tres puntos. Umtii entró por Busquets, un cambio que fue como sustituir a una que friega por otra que pasa el mocho, siempre de la tercera edad. Luego Ilaix, nada, se marchó y entró Pedri. El Barça buscaba el tercero y el Alavés arañaba el empate en ocasiones aisladas. Sabina lo canta: «¿Estuvo usted enamorado? Yo siempre fui camarero». Hay que saber administra­r los silencios y entre Messi y Trincao fabricaron el tercero. Casi a continuaci­ón, también Messi marcó el cuarto con un toque de calidad de cuando aún tenía veintitant­os. A veces vuelve la magia, aunque sólo sea contra el Alavés. Júnior Firpo remató el quinto tras una asistencia mágica de Messi, Griezmann mediante. Con goles pero sin destino, tres puntos al saco.

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AFP

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