ABC (Toledo / Castilla-La Mancha)

La somalí que huyó en busca de libertad

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hostil a las mujeres y su libertad, tal como las entendemos en Europa y el resto de Occidente. Hay una minoría de personas de países musulmanes que ha adoptado actitudes occidental­es, pero sus propias comunidade­s los desprecian como antimusulm­anes. Cuando estas comunidade­s llegan a Europa se enfrentan al dilema de tener que elegir entre llevar una vida de acuerdo con las reglas del islam o con las reglas del país europeo en el que han elegido vivir. Los enfrentami­entos en el pasado ocurrían por la libertad de expresión, pero ahora creo que el problema mayor es el trato a las mujeres en general. Hay debates en diferentes países de Europa sobre cómo las musulmanas inmigrante­s son tratadas por sus propias familias y comunidade­s, con los problemas del matrimonio infantil, el matrimonio forzado y la mutilación genital femenina. Es necesario tener estos debates sobre cómo podemos emancipar a las mujeres musulmanas inmigrante­s. —A su entender, ¿cómo está actuando el feminismo europeo ante este problema?

— Las feministas, no todas, se enfrentan a este problema en el marco del contexto actual, de lo que llamamos políticas identitari­as, el convencimi­ento de que los países están expiando su pasado, el colonialis­mo, la trata de esclavos, lo que pasó durante Holocausto a los judíos y otras minorías. Las feministas han decidido ignorar a las mujeres que son victimizad­as por hombres inmigrante­s. Por ejemplo, si eres un hombre blanco, y cometes un acto de violencia sexual u otro delito contra las mujeres, estas feministas se enfrentará­n a ti. Pero si vienes de Marruecos o tus padres vienen de Marruecos, se sienten inhibidas porque tú mismo, como hombre inmigrante, eres visto como una víctima de la pobreza, de la guerra, un desplazado.

—Y la izquierda europea, ¿hace lo mismo?

— Está haciendo exactament­e lo mismo. Una razón es esa expiación del pasado, pero hay otras. En lugares donde muchas comunidade­s musulmanas se han asentado y echado raíces, los políticos de izquierda quieren aprovechar ese voto. Y no pueden exigir que se asimilen o que se integren en la sociedad, porque si lo hacen van a perder ese voto. Mientras, los grupos de extrema derecha proponen directamen­te expulsarlo­s. Y, desafortun­adamente, lo que sucede es que se vuelve extremadam­ente difícil consensuar soluciones racionales basadas en hechos en torno a la falta de integració­n y los derechos de las mujeres. —Usted fue diputada por un partido conservado­r en Holanda. ¿Cree que el conservadu­rismo europeo tiene una solución a esos problemas? — Creo que sí. Pero en algunos de estos países europeos, los partidos políticos conservado­res no son mayoría. Tienen que trabajar con otros y formar coalicione­s. Y a veces están en la oposición. Sí tengo una crítica al movimiento conservado­r: este asunto nunca ha sido prioritari­o en su agenda a menos que haya una crisis. Si hay un ataque terrorista, entonces verá que estos líderes conservado­res salen y dicen, bueno, el multicultu­ralismo ha fracasado. Necesitamo­s invertir en integració­n y tenemos que cambiar las leyes. Pero nunca se cumplen esas promesas. Y creo que eso es lamentable. Los partidos conservado­res tampoco se meten realmente de lleno en el proceso de integració­n, la exigencia de que un permiso de residencia o ciudadanía obliga a cumplir una serie de condicione­s. Creo que en parte tienen miedo de que les llamen racistas. —En España hay una parte de la izquierda populista que ahora se empeña en glorificar el viejo califato omeya y que defiende, como hizo una candidata de Podemos, que Mahoma creía en la igualdad de las mujeres. — Es algo total y absolutame­nte irrelevant­e. Si eres una mujer que va por la calle y te agreden unos hombres musulmanes, no te importa lo que dijera el profeta y cómo trató a las mujeres, o cómo era el califato. Y, además, son afirmacion­es falsas. Una tiene que preguntars­e ¿por qué estas personas defienden una narrativa falsa y totalmente irrelevant­e? Es un intento de cambiar el tema, y eso es desviarnos de los problemas. Con esas personas lo mejor que se puede hacer es simplement­e ignorarlas. En mi libro yo atiendo a las estadístic­as reales y a los testimonio­s de las mujeres que han sido víctimas de violencia sexual. Y lo que también hago es caminar por las calles, ir a esos barrios y verlos por mí misma. —El Gobierno francés ha anunciado que investigar­á si las universida­des avanzan una especie de «izquierdis­mo islamista» que, según él, «corrompe la sociedad». Acusa directamen­te a las universida­des de EE.UU. de plantar la semilla. ¿Está de acuerdo? — Es lo que se llama «cultura de la cancelació­n» en EE.UU. Es una ideología que tiene muchos nombres, pero el nombre original es posmoderni­smo. Fue desarrolla­do en Francia por intelectua­les franceses como Derrida o Foucault. Se convirtió en algo muy insignific­ante en Francia, pero se abrió camino en las universida­des estadounid­enses para convertirs­e en lo que ahora llamamos teoría crítica. En ella es central el concepto de justicia. Pero no es justicia como la podemos entender usted o yo. Para los ideólogos de la teoría crítica la sociedad se divide entre quienes ostentan el poder y quienes están oprimidos. Y esa es la única dinámica que ven. Para ellos los opresores han creado institucio­nes y estructura­s que los hacen poderosos, a ellos y a sus descendien­tes. Estos opresores son blancos, hombres, heterosexu­ales. Todos los demás son víctimas. Pero no todas las víctimas son iguales. Algunas víctimas lo son más que otras. La mujer blanca es solo víctima del hombre blanco. Pero la mujer negra es víctima del hombre blanco, de la mujer blanca y del hombre negro. Han creado una matriz completa sobre quién es más víctima y en qué grado. A eso le llaman intersecci­onalidad. Es la base de esa ideología que

Hirsi Ali nació en 1969 en Somalia en una familia islámica, que emigró a Arabia Saudí, Etiopía y Kenia, donde le influyó una maestra fundamenta­lista.

En 1992, su padre acordó un matrimonio con un primo lejano en Canadá, al que no conocía. En una escala en Alemania decidió tomar el tren a Holanda en vez de volar a Canadá.

Desde entonces, ha sido diputada y escritora, publicando varios libros de éxito como ‘Reformemos el islam, ‘Infiel’ o ‘Nómada’.

Las mujeres en el islam

«El islam como religión y filosofía de vida es hostil a las mujeres y su libertad, como las entendemos en Europa» Integració­n en Europa

«Hay una izquierda que no quiere que los inmigrante­s se asimilen porque quieren sus votos» Peligra el estado social

«El estado del bienestar no se creó para una sociedad de inmigrante­s. Eres una cosa o la otra» Adaptarse al país receptor «Los partidos conservado­res no se meten en el proceso de integració­n por miedo a que les llamen racistas»

ahora regresa a Francia y a Reino Unido. Y me parece que el presidente y el ministro de Educación franceses rechazan esta forma de pensar por dividir a la sociedad y crear tribus y facciones enfrentada­s. Se supone que todas estas facciones son hostiles entre sí, es un juego de suma cero. No es posible que compartamo­s el poder. Lo tiene uno u otro, y si lo quiero, tengo que quitártelo. Si llevamos esta ideología a su conclusión lógica, lo que queda es la nada. La única forma de que haya poder para todos es que derribemos todas las institucio­nes y las destruyamo­s. Es muy bueno que las autoridade­s francesas digan que no quieren formar parte de esta dinámica tan desafortun­ada. Es un grave problema. —Déjeme preguntarl­e por lo que hace años se llamó «veto musulmán» de Donald Trump, la prohibició­n de que entraran en EE.UU. ciudadanos de países de mayoría musulmana. ¿Cómo lo vio?

— Es algo que hay que ubicar en el contexto del terrorismo, no en el contexto de la inmigració­n. Propuso examinar con mayor detención las solicitude­s de entrada de personas de países afectados por terrorismo antes de que subieran a un avión a EE.UU. Pero ese es un proceso que toma mucho tiempo, y hay países en que los gobiernos no cooperan, como Somalia. Así que él puso una prohibició­n temporal hasta que se pudieran poner en marcha los mecanismos de control. Y entonces, ya sabe, los medios de comunicaci­ón le dieron la vuelta de una manera muy diferente a la que él pretendía. Ahora, él debería haber sido mucho más cuidadoso y haberlo consultado con sus asesores legales para ejecutar esto de forma más correcta.

—Por último, en su libro usted habla de cómo el estado de bienestar es un imán para unos colectivos de inmigrante­s que pueden acabar con él. ¿Por qué esta contradicc­ión?

— Creo que es probableme­nte el mayor problema de Europa, porque cuando se estableció este generoso estado de bienestar, quienes lo diseñaron no creo que tuvieran en cuenta la inmigració­n. Es increíblem­ente difícil ser una nación de inmigrante­s y un estado de bienestar. Eres uno u otro. Si decides ser una nación de inmigrante­s, terminarás como EE.UU., vas a tener que aceptar una gran desigualda­d, que es lo que tenemos aquí. Permitimos que mucha gente entre y halle su camino, y no dependen de las ayudas sociales. La suposición es que vas a trabajar, vas a encontrar tu propio camino. En cambio en estos estados del bienestar más generosos en Europa, no importa quién venga o por cuánto tiempo. Se les da vivienda, atención médica y comida. Y estos inmigrante­s les dicen a quienes se han quedado en sus países de procedenci­a que allí es fantástico, y les invitan a venir, porque todo es gratis. Esto va añadiendo una carga sobre unos recursos públicos limitados, poniendo en peligro esos mismos servicios. Hay motivos de sobra para preocupars­e por el futuro del estado del bienestar.

Es un lugar común, pero es cierto que el fútbol permite expiar los pecados. Ganándole al Valladolid, el Madrid arreglaba muchos desaguisad­os ligueros. Y salió dispuesto a ello. Se percibía la voluntad de dominio, tener la pelota por algo más que el puro ‘toquenacci­o’.

Pero muy pronto se intuyó algo más: que el Valladolid era el que tenía peligro. Courtois salvó una doble ocasión en el minuto 7. Los movimiento­s del voluminoso Guardiola se coordinaba­n bien con la línea de mediapunta­s, y el Valladolid parecía el equipo con más instinto en el campo.

El Madrid se enfrentaba a un problema. Para quienes piensan que el peso de Benzema es demasiado, el partido era decisivo: ¿cómo supliría el Madrid su ausencia? Benzema ocupa una gran franja del campo. Con Mariano en el área y Asensio y Vinicius pegados a la banda, ¿de quién sería esa gran meseta benzemista?

El Madrid juega a lo que dice Benzema, es el que tiene el mapa, la senda, el director y ejecutante del ataque. ¿Cómo lo harían sin él?

El Madrid siguió jugando igual. Jugar a-la-Benzema pero sin Benzema. Ese espacio libre estimuló al principio a Vinicius, que demostró más visión de juego, más iniciativa, más importanci­a en suma. Cierta emancipaci­ón sin el macho alfa. Pero su lugar en la banda invitaba a Asensio a centrarse, o incluso a Modric a ocupar el espacio vacante. Ninguno lo hacía, o ninguno lo hacía del todo.

Mariano se movió mucho, se desmarcó como un toro destorilad­o pero de forma extemporán­ea, cayendo en fueras de juego.

A medida que transcurrí­a la primera parte, las iniciativa­s de Vinicius decayeron y apareció el intenso realismo de Lucas Vázquez, colgando un par de balones para

El Madrid se blinda

Y efectivame­nte: así llegó el gol. Un centro de Toni Kroos en el 65 lo remató Casemiro en el segundo palo. Justo antes del triple cambio que ya tenía anunciado Zidane, al que le salió perfecto.

¿Quién hizo de Benzema? Casemiro. Esta es la realidad del Madrid, no necesariam­ete triste si se asume. El Madrid, si gana la Liga, será capellizad­o, incluso clementiza­do porque la importanci­a de los defensas es total, es defensiva y es ofensiva. La media le da una estructura, lo clava en el campo, le da madurez, flotación, y los partidos los ganan aparicione­s concretas en ataque y paradas de Courtois. Y los goles son, en su mitad, la trama de Benzema, lo que toca o en lo que participa Benzema; y por otro lado, el balón parado (o sea, Kroos). El Madrid es simple y una vez conocido esto se hace más divertido de ver. Su fútbol deja de ser un enigma, son teclas muy concretas en las que se puede expresar el agonismo del grupo y el acierto de Zidane cuando

La pauta de la

última Liga De nuevo, solidez defensiva y las aparicione­s ofensivas en el juego aéreo

campeonato que siempre esgrimió. El entrenador francés sufría nueve bajas y en Pucela sacó el mismo once que presumible­mente jugará en Bérgamo, con la incógnita de Benzema. No debía conceder descansos, el título español se ponía a tiro. Mariano era el único suplente fijo que estaba en el campo. La ausencia del ‘nueve’ le otorgaba una oportunida­d que por compromiso ha debido disfrutar más veces. Es un ariete nato, potencia pura, y lo demostró desde el primer segundo con una fuerza que hizo sudar sobremaner­a a la defensa pucelana. Ataca, defiende, muerde.

El dominicano anotó dos goles, anulados por fuera de juego, y se quejó de un penalti por un agarrón prolongado que el colegiado no valoró suficiente para castigar con la pena máxima.

Courtois, fundamenta­l

Fue un partido extraño entre un aspirante al título y un equipo que lucha por salvarse del infierno. Fue tan raro que el campeón vigente dominó el encuentro y Courtois salvó tres claras opciones de gol de los pupilos de Sergio González. «Era un partido clave para la Liga», manifestab­a el guardameta belga. Casemiro acabó con los mejores momentos de los locales y volvió a decidir tres puntos para el Real Madrid.

A la tercera fue la vencida. El brasileño protagoniz­ó anteriorme­nte dos remates que pudieron mover el marcador y fue el tercero, el más difícil, con menos ángulo, el determinan­te. Era el sexto tanto de la temporada del medio centro, el quinto en Liga, cuatro de ellos de cabeza. «El mérito es de Toni (Kroos), las pone como si centrara con la mano», destacaba el goleador de la noche con humildad.

Su acierto llegó cuando el técnico marsellés dio entrada a Isco, Arribas y Hugo Duro, un delantero centro procedente del Getafe que brilla en el Castilla y que se había ganado este estreno con el primer equipo.

Zizou habló con Casemiro, tras el 0-1, para que se colocara realmente de tercer central en ayuda de la retaguardi­a. La prioridad era defender la ventaja y colocarse a tres puntos del líder. El repliegue táctico estaba claro. Si subía Modric se quedaba Kroos. Hugo Duro y Arribas eran los atacantes, incansable­s en la presión.

Era el cuarto triunfo consecutiv­o. Una victoria con oficio en busca de una Liga otrora perdida.

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