Desa­yuno de do­min­go con… Jo­sep Pi­qué.

Vi­la­no­va i la Gel­trú, 1955. En­se­ño Eco­no­mía en la Uni­ver­si­dad de Bar­ce­lo­na, soy Con­se­je­ro de Ad­mi­nis­tra­ción de SEAT, Aben­goa y AE­NA y pre­si­do la ae­ro­náu­ti­ca ITP. Pu­bli­co 'El mun­do que nos vie­ne' (Deus­to).

ABC - XL Semanal - - SUMARIO -

XL­Se­ma­nal. Y fue mi­nis­tro de Ex­te­rio­res, de Cien­cia y Tec­no­lo­gía, de In­dus­tria y por­ta­voz del Go­bierno. Jo­sep Pi­qué. Así es [son­ríe]. XL. Di­ce que el cen­tro de gra­ve­dad del mun­do se ha tras­la­da­do al le­jano Orien­te.

J.P. Los eu­ro­peos veía­mos el me­ri­diano de Green­wich co­mo el cen­tro del pla­ne­ta, pe­ro hoy lo es el es­tre­cho de Ma­la­ca, el pun­to natural de co­ne­xión en­tre el Ín­di­co y el Pa­cí­fi­co. So­mos ya el ‘le­jano oc­ci­den­te’: es­ta­mos en la pe­ri­fe­ria.

XL. ¿Es­ta teo­ría se la ha in­ven­ta­do us­ted? J.P. Sí. Cuan­do em­pe­cé a ha­blar del es­tre­cho de Ma­la­ca ha­ce años, la gen­te era es­cép­ti­ca o se ca­chon­dea­ba, pe­ro hoy es un lu­gar co­mún. En torno a él es­tán dos ter­ce­ras par­tes de la po­bla­ción mun­dial y más de la mi­tad de la pro­duc­ción y del co­mer­cio in­ter­na­cio­nal.

XL. Ad­vier­te có­mo Trump re­gu­la la eco­no­mía, mien­tras en Chi­na se ani­ma al en­ri­que­ci­mien­to con po­lí­ti­cas li­be­ra­les. J.P. Es­ta­dos Uni­dos es­tá per­dien­do su he­ge­mo­nía y lo que ha­ce Trump me pa­re­ce un trá­gi­co re­tro­ce­so his­tó­ri­co. Y Chi­na no es un país co­mu­nis­ta, sino uno re­gi­do por un par­ti­do que se pro­cla­ma co­mu­nis­ta, con un ré­gi­men to­ta­li­ta­rio, pe­ro que ha es­ta­ble­ci­do el ca­pi­ta­lis­mo de Es­ta­do: «En­ri­que­cer­se es glo­rio­so» es una fra­se ge­nial de Den Xiao­ping.

XL. Y ‘la fá­bri­ca del mun­do’ aho­ra es In­dia. J.P. Sí, la ma­nu­fac­tu­ra ba­ra­ta se ha des­pla­za­do a In­dia y al su­r­es­te asiá­ti­co, in­clu­so a al­gu­nos paí­ses de Áfri­ca. Chi­na ya no es eso: ha he­cho una apues­ta bru­tal por la edu­ca­ción, la for­ma­ción y la tec­no­lo­gía. En una ge­ne­ra­ción, qui­zá sea la gran po­ten­cia tec­no­ló­gi­ca del pla­ne­ta. La sa­li­da de in­ge­nie­ros uni­ver­si­ta­rios de al­tí­si­mo ni­vel en Chi­na ya es muy su­pe­rior a la de Es­ta­dos Uni­dos.

XL. ¿Y Ru­sia?

J.P. Ne­ce­si­ta sen­tir­se se­gu­ra y le in­tere­sa una Eu­ro­pa dé­bil, por eso apoya los po­pu­lis­mos e in­clu­so los na­cio­na­lis­mos, co­mo el ca­ta­lán.

XL. ¿Có­mo ve la si­tua­ción ca­ta­la­na?

J.P. Or­te­ga de­cía: «El pro­ble­ma en Ca­ta­lu­ña no tie­ne so­lu­ción, te­ne­mos que con­lle­var­lo». Y el ca­ta­la­nis­mo político sur­gió a fi­na­les del XIX: un pro­ble­ma de 150 años no se re­suel­ve en 15 me­ses. Hay que per­se­ve­rar y te­ner cla­ros los lí­mi­tes: res­pe­to a la ley y a la so­be­ra­nía na­cio­nal de to­dos los es­pa­ño­les. Soy op­ti­mis­ta. XL. Por cier­to, ¿qué le ha pa­sa­do al PP? J.P. Le pa­só fac­tu­ra la co­rrup­ción y la ges­tión de la cri­sis eco­nó­mi­ca. Ges­tio­nar bien la cri­sis no im­pli­ca que te lo re­co­noz­can. Y ha sur­gi­do un nue­vo par­ti­do en el mis­mo es­pa­cio de cen­tro de­re­cha. El PP de­be di­ge­rir esas tres co­sas.

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