ICONO

BAR­BA COR­SI­NI CONS­TRU­YÓ EDI­FI­CIOS POS­MO­DER­NOS AN­TES DEL POS­MO­DER­NIS­MO, LE­VAN­TÓ UN PUE­BLO PIN­TO­RES­CO EN ME­NOR­CA, DI­SE­ÑÓ MUE­BLES QUE HOY RE­EDI­TA GU­BI Y REIVIN­DI­CÓ LA HU­MA­NI­DAD EN SU PRO­FE­SIÓN.

AD (Spain) - - Febrero - por isabel margalejo

Bar­ba Cor­si­ni fue un ade­lan­ta­do a su tiem­po, reivin­di­có la hu­ma­ni­dad en su pro­fe­sión y creó mue­bles que hoy re­edi­ta Gu­bi .

N o le gus­ta­ban las eti­que­tas, ni los edi­fi­cios epa­tan­tes, ni los ar­qui­tec­tos es­tre­lla. Francisco Juan Bar­ba Cor­si­ni (Ta­rra­go­na, 1916 – Bar­ce­lo­na, 2008) era un pro­yec­tis­ta edu­ca­do en los prin­ci­pios de la vie­ja es­cue­la y, aun­que so­bre to­do se le co­no­ce por sus obras fun­cio­na­lis­tas, a lo lar­go de su vida siem­pre re­cha­zó en­cor­se­tar­se. Qui­zá fue­ra una reac­ción a su in­fan­cia. Nun­ca se plan­teó otra co­sa que ser ar­qui­tec­to. Su pa­dre lo era y es­pe­ra­ba que su hi­jo con­ti­nua­se con la pe­que­ña em­pre­sa de cons­truc­ción fa­mi­liar. Y él, obe­dien­te, se di­plo­mó en Ur­ba­nis­mo en la Es­cue­la Téc­ni­ca Su­pe­rior de Ar­qui­tec­tu­ra de Bar­ce­lo­na. Co­rrían los años 40 y, aun­que en Eu­ro­pa triun­fa­ba el Mo­vi­mien­to Mo­derno, la Es­pa­ña fran­quis­ta se­guía an­cla­da en las bon­da­des del neo­cla­si­cis­mo. Eso es lo que apren­dió el jo­ven Bar­ba Cor­si­ni, a quien le mar­có Duran i Rey­nals, pe­ro po­co le du­ró la or­to­do­xia. “En la pos­gue­rra ca­yó la cons­truc­ción. Te­nía po­co tra­ba­jo y po­día pen­sar. Le co­gí an­ti­pa­tía a la ar­qui­tec­tu­ra neo­clá­si­ca. Era el or­den en el des­or­den. Qui­se rom­per con to­do”, re­me­mo­ra­ba en una en­tre­vis­ta pa­ra El País a los no­ven­ta años. Fue la pe­lí­cu­la El ma­nan­tial de King Vi­dor de 1949, ins­pi­ra­da en Frank Lloyd Wright y su de­fen­sa de la li­ber­tad crea­ti­va, la que le ilu­mi­nó. “Tu­ve que ver aque­llo pa­ra dar­me cuen­ta de lo que po­día ser de ver­dad un ar­qui­tec­to. Tras ver­la en­con­tré el va­lor pa­ra no ha­cer al­go en lo que no creía”. En los 50 y 60 co­men­zó a prac­ti­car la mo­der­ni­dad ra­cio­na­lis­ta en edi­fi­cios de vi­vien­das en

Bar­ce­lo­na: en la ca­lle Ta­vern, en Mon­ta­ner o en Bal­mes. En el de la ca­lle Mi­tre pro­pu­so pa­ne­les co­rre­de­ros pa­ra trans­for­mar un pi­so de 40 m . Pa­ra una de sus gran­des obras, los 13 apar­ta­men­tos

2 que cons­tru­yó en los áti­cos de La Pe­dre­ra de Gau­dí y don­de tam­bién se ocu­pó del in­terio­ris­mo, di­se­ñó una colección de mue­bles que hoy re­edi­ta la da­ne­sa Gu­bi y la ga­le­ría ca­ta­la­na H2O , co­di­ri­gi­da por su pro­te­gi­do , Joa­quim Ruiz Mi­llet. Pe­ro, a pe­sar de ser uno de los ex­po­nen­tes del Ra­cio­na­lis­mo en Es­pa­ña, Bar­ba Cor­si­ni no se en­ca­lló en ella. En pleno boom del tu­ris­mo, a fi­na­les de los 60, le en­car­ga­ron le­van­tar un pue­blo en­te­ro en Me­nor­ca, Bi­ni­be­ca. Y en lu­gar de im­po­ner una es­té­ti­ca aje­na, de for­ma vi­sio­na­ria de­ci­dió ate­ner­se a la tra­di­ción cons­truc­ti­va lo­cal. Por ello fue muy cri­ti­ca­do, ta­cha­do de fol­clo­ris­ta. “He te­ni­do que apren­der a su­pri­mir las teo­rías y em­pe­zar a pen­sar. Las obras con las que me he sen­ti­do más a gus­to son las que han he­cho fe­liz a al­guien –de­cía–. Como una ca­si­ta pe­que­ña y ba­ra­ta pa­ra una fa­mi­lia en Ca­da­qués. Creo que hi­ce que vi­vie­ran con lo esen­cial. Y les gus­tó”. Los años no hi­cie­ron sino con­fir­mar­le en su hu­ma­nis­mo in­di­vi­dua­lis­ta. Con­fe­sa­ba que la ciu­dad le pa­re­cía una cons­truc­ción ca­si in­hu­ma­na y que echa­ba en fal­ta emo­ción en la ar­qui­tec­tu­ra ac­tual. “La emo­ción no es ser el más lis­to, el más al­to o el más osa­do. La emo­ción es lle­gar a la gen­te, ser cui­da­do­so, res­pe­tar el en­torno. La emo­ción no des­tro­za”, afir­ma­ba. Él, has­ta su muer­te a los 92, tra­tó de en­tu­sias­mar con es­fuer­zo, sen­ci­llez y hu­mil­dad.

n

Boceto de uno de sus áti­cos en La Pe­dre­ra . Arri­ba, chi­me­nea di­se­ña­da en 1989 pa­ra DAE , lám­pa­ra Ana y me­sa (abajo), am­bas de la colección Pe­dre­ra edi­ta­da por Gu­bi .

En­tre 1953, el ar­qui­tec­to pro­yec­tó y amue­bló 13 apar­ta­men­tos de 70 m 2 en las an­ti­guas buhar­di­llas de La Pe­dre­ra de Gau­dí en Bar­ce­lo­na. Las fo­to­gra­fías de Ca­ta­là-ro­ca son lo úni­co que que­da de ellos.

Si­lla de fi­bra de vi­drio de la colección Pe­dre­ra , re­edi­ta­da en 1996 por la Ga­le­ría H2O , y lam­pa­ri­ta PD1 H2O de Cor­si­ni pa­ra Gu­bi .

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain

© PressReader. All rights reserved.