Haz­le mu­cho al

AD (Spain) - - Y Digo Yo... - EN­RIC PAS­TOR, DI­REC­TOR

Por qué compramos ar­te? Se me ocu­rren tan­tas ra­zo­nes como pin­ce­la­das tie­ne un óleo de Ver­meer: pa­ra ro­dear­nos de be­lle­za, por in­ver­sión o adic­ción, pa­ra que nos cuen­te co­sas, nos gol­pee en el es­tó­ma­go, nos ha­ga

re­fle­xio­nar o nos de­lei­te la vis­ta. Aun­que las mo­ti­va­cio­nes de­co­ra­ti­vas tam­bién son vá­li­das (con el per­mi­so y re­den­ción de ga­le­ris­tas y ar­tis­tas), con­su­mir ar­te no es bus­car ese “óleo que com­bi­na con el so­fá” ni “la es­cul­tu­ra de bron­ce que va con el pa­pel pin­ta­do”. Creo que las obras tie­nen vida pro­pia, palpitan en la ca­sa como en­tes in­de­pen­dien­tes y hay que enamo­rar­se de ellas por­que te co­mu­ni­can, te atrapan, por­que di­cen al­go de ti que no sa­bías, o sí sa­bías y no se te ocu­rría me­jor ma­ne­ra de

con­tar­lo. Si ade­más es bella (sub­je­ti­va­men­te, cla­ro es­tá), en­ton­ces eres el due­ño de una pe­que­ña jo­ya. O de mu­chas. Ya las col­ga­rás, las apo­ya­rás o las pro­yec­ta­rás (doy por he­cho que tam­bién pue­de se­du­cir­te el vi­deoar­te), siem­pre en­con­tra­rán su si­tio. El ar­te con­tem­po­rá­neo no em­pie­za en el es­tu­dio de un crea­dor ni ter­mi­na en la pa­red de un mu­seo. Su úl­ti­mo des­tino eres tú: mu­chas pie­zas te

pi­den a gri­tos que las do­mes­ti­ques. No son No.nos.bas­ta.con.ver­lo.en ar­tícu­los de pri­me­ra ne­ce­si­dad, su fun­ción es un.mu­seo.lo.que­re­mos.en.ca­sa. me­ra­men­te emo­cio­nal, y aun­que exis­te la idea El.ar­te.ha­bla.de.ti.y.se

que­da.con­ti­go.pa­ra.siem­pre. equi­vo­ca­da de que es un lu­jo ca­ro, tam­po­co hay

que de­jar la cuen­ta en nú­me­ros ro­jos pa­ra em­pe­zar una pe­que­ña colección. Hay que in­ves­ti­gar, ob­ser­var y bus­car emer­gen­tes a bue­nos pre­cios (en es­te pró­xi­mo ‘ Arco­ma­drid ’ no pierdas de vis­ta los del

país in­vi­ta­do, Co­lom­bia). En­tra, pre­gun­ta, con­ver­sa, so­bre to­do no ten­gas mie­do (pe­se a la fa­ma de “so­lo pa­ra eru­di­tos” que tie­ne el sec­tor). Vi­si­tar una ga­le­ría es tan pla­cen­te­ro como ir al ci­ne. Una vez en ca­sa, las obras son como poe­mas es­co­gi­dos que se que­dan con­ti­go pa­ra siem­pre. Re­lá­ja­te y dis­frú­ta­las.

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zamora pablo : re­tra­to

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