Aduriz mete el partido en la His­to­ria

AS (Aragon) - - Tema Del Día - AL­FRE­DO RELAÑO

Cua­tro go­les a Ma­ce­do­nia en Gra­na­da. Tres pun­tos más y aho­rros pa­ra el ‘goal ave­ra­ge’ fi­nal, que pue­de con­tar si aca­ba­mos em­pa­ta­dos con Ita­lia, que ayer ga­nó en Liech­tens­tein por el mis­mo mar­ca­dor. Pe­ro no fue un partido pa­ra en­tu­sias­mar. Un pri­mer tiem­po fran­ca­men­te flo­jo, es­tre­lla­dos an­te la de­fen­sa de Ma­ce­do­nia, sin lan­zar a los la­te­ra­les a abrir el cam­po, y un se­gun­do al­go me­jor, a fa­vor de la fa­ti­ga que siem­pre crea des­ajus­tes en los equi­pos que se cie­rran. Lo más cho­can­te es que, con muy po­co, Ma­ce­do­nia nos hi­zo oca­sio­nes. Las es­ca­sas ve­ces que cru­zó el me­dio cam­po lle­gó al re­ma­te con pe­li­gro. De Gea no tu­vo una no­che ocio­sa. A Es­pa­ña le caen por fuer­za par­ti­dos así: un ri­val con cin­co atrás, pro­te­gi­dos por otros tres o cua­tro. Fren­te a eso, to­que y to­que, que si se ha­ce sin ner­vio ni am­bi­ción no sir­ve. El de­lan­te­ro cen­tro, en es­te ca­so Mo­ra­ta, se de­ses­pe­ra al fon­do de la cue­va, y más aún si no hay lle­ga­das por fue­ra. Es un mo­de­lo de partido que ve­mos con fre­cuen­cia. Ha­ce fal­ta ner­vio, sa­cri­fi­cio, y so­bre to­do, pre­ci­sión. Que el ma­yor nú­me­ro po­si­ble de ju­ga­do­res acier­te, que es­tén vi­vos. En la pri­me­ra par­te de ayer no mu­chos ju­ga­ron bien, de ahí la ma­la im­pre­sión, que pu­do ser peor: Ma­ce­do­nia tu­vo dos oca­sio­nes cla­rí­si­mas en los pri­me­ros mi­nu­tos del partido. La se­gun­da mi­tad me­jo­ró, so­bre to­do al im­pul­so de Sil­va y Vi­to­lo, que fue­ron a más. Por ellos lle­gó el se­gun­do gol, que nos dio la tran­qui­li­dad, pe­ro a par­tir de ahí se pro­du­jo un ex­tra­ño re­la­jo, ro­to só­lo ya muy avan­za­do el tiem­po, con un mi­nu­to mi­la­gro­so en el que en­tra­ron dos go­les más, ca­da cual con su sin­gu­la­ri­dad. El pri­me­ro fue de la­te­ral a la­te­ral, cen­tró Car­va­jal y re­ma­tó Mon­real, to­do muy pa­rea­do. El otro lo mar­có Aduriz, que se con­vier­te así en el ju­ga­dor de más edad que mar­ca pa­ra la Se­lec­ción. Y tal co­mo es­tá, le me­te­rá más me­ses al ré­cord a po­ca suer­te que ten­ga. Gra­cias a él, un partido sin his­to­ria en­tra­rá en la His­to­ria.

“...EL JU­GA­DOR DE MÁS EDAD QUE MAR­CA PA­RA LA SE­LEC­CIÓN”

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