Cris­tiano Ro­nal­do, go­les y po­lé­mi­cas

AS (Aragon) - - Tema Del Día - AL­FRE­DO RE­LA­ÑO

Cris­tiano des­em­bar­có ayer fe­liz en Lis­boa, la ciu­dad a la que lle­gó, ado­les­cen­te, dis­pues­to a co­mer­se el mundo. Pro­vin­ciano en la ca­pi­tal. Pro­ce­día de las Ma­dei­ra y su acen­to ma­dei­ren­se ha­cía que al­gu­nos le mi­ra­ran por en­ci­ma del hom­bro. Ba­la­gué lo cuen­ta bien en su bio­gra­fía, re­cién edi­ta­da en es­pa­ñol. Él se tra­gó los des­plan­tes, los con­vir­tió en ga­so­li­na para su am­bi­ción. De­jó atrás a aque­llos que se bur­la­ban, se fue a Man­ches­ter, otra tie­rra, otro idio­ma. Allí era me­nos que un pro­vin­ciano, era un fo­ras­te­ro. Pe­ro, lo con­tó muy bien Phill Ne­vi­lle en la pre­sen­ta­ción del li­bro en Madrid, no se afli­gió: se sen­tó fren­te al es­pe­jo y le gus­tó lo que vio. Aho­ra vuel­ve a Lis­boa, pri­me­ra es­ta­ción del via­je que em­pe­zó en Ma­dei­ra. Allí le re­cuer­dan y le quie­ren. Lle­ga con tres go­les en el der­bi, de­jan­do tras sí el eco de una po­lé­mi­ca so­bre la ho­mo­fo­bia. Su­pues­ta­men­te, Ko­ke le ha­bría lla­ma­do ‘ma­ri­cón’, a lo que él le ha­bría con­tes­ta­do que ‘sí, pe­ro fo­rra­do’. El co­lec­ti­vo Ar­co­po­li ha sal­ta­do en de­nun­cia con­tra el pre­sun­to agre­sor ver­bal. No creo que el asun­to va­ya más le­jos. En el fút­bol se di­cen unos a otros de to­do y lo su­yo es que eso que­de ahí. Quien quie­ra que sea de los dos que ha­ya sa­ca­do de las ra­yas de cal la bre­ve tri­ful­ca ver­bal se lla­ma­rá a an­da­nas. Ha­brá he­cho un mal rui­do, pe­ro no da­ño. No es de los ad­ver­sa­rios en­fa­da­dos de quien de­be cui­dar­se Cris­tiano, ni de los ru­mo­res que le acom­pa­ñan, sino de sí mis­mo. Su for­ma de ce­le­brar el se­gun­do gol (un pe­nal­ti, al fin y al ca­bo) fue ob­je­ta­ble, pe­ro tie­ne un pa­se, en es­te tiem­po de te­le­cra­cia que vi­vi­mos. Pe­ro la ce­le­bra­ción del ter­ce­ro, ese plan­te en desafío a la zo­na ul­tra, so­bró. Se ha com­pa­ra­do con el de Ney­mar en Valencia, en des­pre­cio de la es­ca­la. Ney­mar in­sul­tó, Cris­tiano hi­zo un des­plan­te. Lo pri­me­ro fue peor, pe­ro lo se­gun­do tam­bién so­bró. No se me­ten go­les para fastidiar a los con­tra­rios, sino para ale­grar a los par­ti­da­rios. Ce­le­brar con­tra al­guien es­tá muy mal.

“NO SE ME­TEN GO­LES PARA FASTIDIAR A LOS AD­VER­SA­RIOS, SINO PARA ALE­GRAR A...”

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