Tia­go le­van­ta al Atle­ti en El Sa­dar

Mar­ca­ron Go­dín, Ga­mei­ro y Ca­rras­co ● Oblak, cla­ve, pa­ró un pe­nal­ti en el 10’ a To­rres ● Tia­go vol­vió a bri­llar en el cen­tro ● Se­gun­da derrota de Ca­pa­rrós

AS (Aragon) - - Osasuna-atlético De Madrid - PA­TRI­CIA CAZÓN

In­te­rior, ves­tua­rio vi­si­tan­te de El Sa­dar, me­dio­día: Si­meo­ne ha re­par­ti­do ya pa­pe­les. Hay si­len­cio: va a ro­dar­se La vi­da con Tia­go, ca­pí­tu­lo 167. Un clá­si­co. Sin em­bar­go es co­mo si se es­tre­na­ra. Lo mar­ca el ca­len­da­rio. Ma­ña­na (por hoy) jus­to ha­ce un año que el pro­ta­go­nis­ta se rom­pió la ti­bia y el Atle­ti se vio obli­ga­do a re­es­cri­bir su guión. La vi­da sin Tia­go du­ra­ría lo que que­da­ba de tem­po­ra­da. El spin-off de Si­meo­ne, Saúl, fue un éxi­to. Pe­ro hoy Tia­go ha vuel­to. Sin ha­cer rui­do, po­co a po­co. Gi­ra de ve­rano, ca­meos… Ha­ce unos días gra­bó un pi­lo­to, Atle­ti-PSV, que gus­tó, gus­tó mu­cho. De­vol­vió al Atle­ti, ade­más, au­dien­cias pa­sa­das. Hoy La vi­da con Tia­go vuel­ve al pri­me ti­me del fút­bol: LaLi­ga. El es­ce­na­rio no es ideal, El Sa­dar, cam­po mal­di­to. En el otro ban­qui­llo, ade­más, es­tá Ca­pa­rrós, di­rec­tor ex­per­to en épi­cas. Ex­te­rior, cés­ped de El Sa­dar, tar­de: los ju­ga­do­res se re­par­ten por el cés­ped. En el cen­tro, jun­to a Ga­bi, Tia­go ocu­pa su si­tio, co­mo si es­tu­vie­se pin­ta­do en ti­za, a lo Dog­vi­lle de Lars Von Trier. El ba­lón rue­da. El epi­so­dio 167 de La vi­da con Tia­go co­mien­za. En­se­gui­da, quien to­ma pro­ta­go­nis­mo es Osa­su­na. Sa­le con ga­nas: pri­mer se­gun­do y un cór­ner. En el 2’, la suer­te le ha­ce una mue­ca: Fla­ño des­pe­ja un ba­lón a la ca­ra de Tano, Gri­zi ro­ba y ce­de a Ga­mei­ro que, so­lo an­te Nau­zet, la en­vía fue­ra. Tar­da­rían los ro­ji­blan­cos en vol­ver por allí.

Osa­su­na que­ría ac­ción y ac­ción tu­vo: en trein­ta mi­nu­tos pa­sa de to­do. El Atle­ti no ter­mi­na de en­trar y, en el 13’, tras una oca­sión de Ko­dro que re­pe­le Oblak, el sil­ba­to de Ma­teu sue­na a th­ri­ller: en la mis­ma ju­ga­da, Gi­mé­nez ha­bía em­pu­ja­do a Rie­ra en el área. Pe­nal­ti. Lo lan­za Ro­ber­to To­rres, flo­jo y a me­dia al­tu­ra. De­tie­ne Oblak, Mís­ter Hy­de en las tan­das, Doc­tor Jekyll en los par­ti­dos. Ha pa­ra­do cua­tro de ocho, cin­cuen­ta por cien­to. Aquí fue de­ter­mi­nan­te.

El par­ti­do da un vi­ra­je: el sus­pen­se se mez­cla con la bé­li­ca. Hay pa­ta­das, ta­ras­ca­das, ama­ri­llas. Es im­po­si­ble apar­tar los ojos del cés­ped. Hay dos re­ma­tes de ca­be­za de Gi­mé­nez en área con­tra­ria que hue­len a red, in­ter­na­das cons­tan­tes de Ko­dro, in­can­sa­ble, y tam­bién oca­sio­nes cla­ras fa­lla­das. Co­rrea la tie­ne tras un ro­bo de Griez­mann pe­ro en vez de pi­car el ba­lón an­te Nau­zet se lo es­tam­pa en el cuer­po. Si­gue la in­tri­ga. El sue­lo de los ban­qui­llos es un le­cho de uñas mor­di­das: en el de Ca­pa­rrós, qui­zá, por el re­cuer­do del pe­nal­ti fa­lla­do. En el de Si­meo­ne, se­gu­ro, por­que per­der es dor­mir a 12 del Ma­drid. Un mun­do. Un lío.

En­ton­ces el Atle­ti re­suel­ve. Dos mi­nu­tos le bas­tan. Es lo que tie­nen las su­per­pro­duc­cio­nes. El pri­me­ro es el 35’. Y de cór­ner, vie­jo sím­bo­lo cho­lis­ta: Ko­ke

lo lan­za y Go­dín lo ca­be­cea. El se­gun­do es en la ju­ga­da si­guien­te, el 36’: pa­se al hue­co de Co­rrea pa­ra la ca­rre­ra de Ga­mei­ro que, es­ta vez, en el mano a mano con Nau­zet, no fa­lla. El Atle­ti ya ha­bía he­cho su­yo el mar­ca­dor. El con­trol ha­cía va­rios mi­nu­tos que lo te­nía. Nor­mal: Tia­go ha­bía pe­di­do el ba­lón pa­ra dar­le pau­sa, equi­li­brio y sen­ti­do. Es lo que tie­ne La vi­da con él, que to­do lo bueno que ocu­rre es por­que siem­pre, pri­me­ro, pa­sa por sus pies. Ex­te­rior, cés­ped de El Sa­dar, la tar­de cae: los 45’ que que­dan se ha­cen lar­gos. El fút­bol es ho­ri­zon­tal. No hay oca­sio­nes, sin em­bar­go, sí un sus­to. De pron­to Griez­mann co­jea. Es un ins­tan­te, un fra­me que en­se­gui­da se va, pe­ro asus­ta, asus­ta de verdad. An­te la fal­ta de fút­bol, Ma­teu pi­de fo­co y pi­ta na­da en dos ma­nos de Osa­su­na en el área. La de Oier, ba­jo pa­los, es cla­ra; la otra, de Unai Gar­cía, tam­bién. Si­meo­ne mue­ve ban­qui­llo. Fue­ra Ga­mei­ro, Co­rrea y Gri­zi. Den­tro Saúl, Ca­rras­co y Tho­mas. Aquel Atle­ti que co­men­zó la tem­po­ra­da ju­gan­do con cua­tro de­lan­te­ros ayer ter­mi­na­ba sin nin­guno pe­ro con gol. Lo ha­cía Ca­rras­co, en el 89’, tras un re­ga­lo de Unai. La vi­da con Tia­go no po­día te­ner un fi­nal más ade­cua­do.

Fun­di­do a ne­gro (aun­que con Tia­go so­bre el cam­po ni es fun­di­do ni es ne­gro, sino to­do lo con­tra­rio).

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