Del fe­roz Ma­riano al dul­ce En­zo Zi­da­ne

AS (Aragon) - - Tema Del Día - AL­FRE­DO RELAÑO

Los que fue­ron al Ber­na­béu, que su­pe­raron los cua­ren­ta mil (buen ho­ra­rio, bue­nos pre­cios, do­ble acier­to), lo pa­sa­ron bien. Co­mo di­je del par­ti­do de ida, es­te me re­cor­dó tam­bién aque­llos amis­to­sos de los se­sen­ta, des­ti­na­dos a man­te­ner en for­ma a los su­plen­tes, a ace­le­rar la pues­ta en for­ma de le­sio­na­dos y a dar opor­tu­ni­da­des a pro­me­sas de la can­te­ra. El hom­bre de la no­che fue Ma­riano, una fie­ra del ata­que. Re­ma­tó seis ve­ces, mar­có tres go­les. He ahí un buen de­lan­te­ro pa­ra Pri­me­ra Di­vi­sión, y quién sa­be si al­go más cuan­do le suel­ten la ca­de­na. Lo tie­ne di­fí­cil, con Ben­ze­ma, Morata y aho­ra has­ta con el re­con­ver­ti­do Cris­tiano, por de­lan­te de él en su pues­to. Pe­ro él in­sis­te. Ha te­ni­do la opor­tu­ni­dad de sa­lir al Se­vi­lla o al Vi­lla­rreal, por ejem­plo, y ha pre­fe­ri­do que­dar­se. En la can­te­ra le cos­tó to­do. Siem­pre em­pe­zó de su­plen­te (de Raúl de To­más, de Bor­ja Ma­yo­ral...) pe­ro aca­ba­ba im­po­nien­do su ley. Su ley es el do­mi­nio de am­bas pier­nas y de la ca­be­za, una gran mo­vi­li­dad y la ob­se­sión fa­ná­ti­ca por el gol. No es bri­llan­te en su jue­go, co­mo no lo fue Pa­pin, con el que le em­pa­ren­to, sal­van­do las dis­tan­cias, pe­ro tie­ne, co­mo él, al­go que se pa­ga ca­ro: gol. Da lás­ti­ma no ver­le ca­da se­ma­na en al­guno de esos clu­bes que han pe­di­do su ce­sión. Pe­ro se tie­ne tan­ta fe que ha pre­fe­ri­do ju­gár­se­la aquí. La otra no­ti­cia fue En­zo Zi­da­ne, que com­pa­re­ció en la se­gun­da mi­tad, y gus­tó, co­mo en el Tro­feo Ber­na­béu. Da gus­to ver sus ma­ne­ras y no es di­fí­cil po­ner­se en el pa­pel del or­gu­llo­so pa­dre, del que tie­ne co­sas: la plan­ta, el tran­co, el con­trol, el re­cur­so va­ria­do y ele­gan­te. Tam­bién cier­ta frial­dad, que Zi­da­ne pa­dre com­pen­só con su ex­tra­or­di­na­ria cla­se. No sé si En­zo lle­ga­rá a tan­to, pe­ro de­jó pin­ce­la­das que nos qui­tan años y mar­có un buen gol. Fue el se­gun­do hom­bre de la no­che. Ode­gaard pro­gre­sa po­co a po­co, pe­ro su jue­go pre­cio­sis­ta aún es un po­co de­ma­sia­do en cor­to. ¿Y Ja­mes? No des­ta­có en­tre tan­to me­ri­to­rio. No fue a por no­ta.

“...Y NO ES DI­FÍ­CIL PO­NER­SE EN EL PA­PEL DE SU OR­GU­LLO­SO PA­DRE, DEL QUE...”

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