AS (Catalunya)

El Madrid, en el séptimo cielo

Baño de los blancos en el primer tiempo, con goles de Asensio y Benzema Siete títulos para Zidane en año y medio El Barça, una caricatura

- LUIS NIETO

Hasta ahora ningún Clásico, esta superprodu­cción que España exporta al mundo, retrató con tanta crudeza el cambio de ciclo que se avecina, a salvo de que al Barça haga magia en el mercado. Un Madrid en expansión y sin echar de menos a Cristiano hizo pedazos a un Barça en shock, al que la marcha de Neymar ha mandado a la lona hasta dejarle sin sentido. En este Madrid de Zidane, que lleva siete títulos con esta Supercopa, se confunden suplentes y titulares, bajo un manto de brillantez y eficacia. En el Barça está Messi a palo seco. Es un equipo sin músculo ni alma que va a llenar las 24 horas del día la ordenada cabeza de Valverde.

El partido de Chamartín regresó en el mismo punto en que acabó el del Camp Nou, en la prodigiosa bota izquierda de Asensio, al que ya no hay fuerza moral ni táctica que le sostenga en el banquillo. El Madrid ha encontrado un futbolista superior, un portento, en el que sólo levanta sospechas su precio. En cierto modo, aún cuesta en el Madrid de Florentino considerar útil lo que no se compró como un lujo. Asensio, Lucas Vázquez y Kovacic sentaron a Bale, Isco y Casemiro y el Madrid giró a un 4-3-3 con máximo acierto. Y Sergi Roberto y Mascherano relevaron a Aleix Vidal y Deulofeu para encoger al Barça en un 3-5-2. Lo que en Zidane sonó a rotación en Valverde pareció purga.

Y entonces apareció un partido desabotona­do desde el principio, con un Madrid voraz, embravecid­o, con ánimo de ejemplariz­ar y un Barça desvencija­do, sin salida, definitiva­mente deprimido, a merced de Asensio, que en el minuto 2 le dio medio gol a Modric (el otro medio lo evitó Umtiti con su cuerpo) y en el 4 se lo apuntó él con un zurdazo seco, brutal, que Ter Stegen vio fuera y se fue dentro. Pocos se acordaron de que tres minutos después se había cursado una invitación a la pañolada a un árbitro que nada tenía que ver con los sucesos del Camp Nou.

Aún sin el birlibirlo­que de Isco, los centrocamp­istas del Madrid tuvieron un efecto demoledor sobre el Barça, con Busquets en paradero desconocid­o. Un Barça superado física, táctica y anímicamen­te, un pelele en manos de un rival eterno. Porque el Madrid encontró todos los túneles: los efectos

especiales de Modric, la permanente percusión de Marcelo, la sutileza de Asensio, el desborde inteligent­e de Lucas Vázquez y un Kovacic inmenso. En la transición de mediapunta a mediocentr­o ha asomado un jugador descomunal, de gran utilidad táctica pero también con empuje para jugar en las dos áreas. En ese festival del Madrid se abrieron breves paréntesis blaugranas, en chispazos de Messi, obligado a cantar a capela en este Barça deshabitad­o. Porque Suárez está lejos de sí mismo, porque André Gomes es el mismo con Valverde que con Luis Enrique, porque a Mascherano le empiezan a pasar los partidos por encima, porque Piqué parece andar en otra cosa. Nada queda de aquel fabuloso imperio Guardiola.

Pasado ese efímero arranque de orgullo del Barça, que abortó Keylor con una buena salida a los pies de Messi, el Madrid volvió a bailar sobre su cadáver, con la posesión, con la intención y con el remate. Lucas Vázquez mandó una pelota al palo y Benzema, que salió de su bucle a favor de obra, a la media vuelta, abrochó una buena combinació­n Asensio-Marcelo para el 2-0. El Madrid se fue al descanso pletórico y campeón. El Barça, buscando la caja negra, que dirá que hay comprar y pronto.

Luego el Madrid tuvo un puntito narcisista que igualó el partido de manera ficticia. Messi mandó un balón al larguero aprovechan­do el recreo de la defensa del Madrid y el Barça se alargó por la izquierda con Jordi Alba, como en el Camp Nou, lo más digerible del equipo. Sergi Roberto estuvo a punto de llegar a uno de sus envíos y estrelló otro uno por uno en Keylor y Suárez estuvo a punto de marcar en una salida a por uvas del meta y en un cabezazo que topó en el palo. Pero para entonces ya no quedaban partido ni emoción. Había empezado la Liga. Desembarca­ron en el partido Deulofeu, para expiar sus culpas, y los debutantes Ceballos y Theo, que dio el relevo a Asensio. Su aclamación fue un recordator­io popular para Zidane. El Madrid sigue en el camino del sextete y el Barça continúa a oscuras.

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