El Cel­ta si­gue so­ñan­do

Al­can­zó por pri­me­ra vez las se­mi­fi­na­les eu­ro­peas

AS (Galicia) - - Genk-celta - CLE­MEN­TE GARRIDO

Pa­ra que las co­sas su­ce­dan pri­me­ro hay que so­ñar­las. Es una fra­se de Be­riz­zo que se ha con­ver­ti­do en le­ma del cel­tis­mo y has­ta se vio re­fle­ja­da en una pan­car­ta ha­ce una se­ma­na en Ba­laí­dos. Y las co­sas si­guen su­ce­dien­do por­que es­te equi­po, el Cel­ta, y es­ta afi­ción no de­jan de so­ñar. Es muy di­fí­cil ex­pli­car con pa­la­bras el su­fri­mien­to y la sa­tis­fac­ción vi­vi­das ayer. Fue­ron no­ven­ta y sie­te mi­nu­tos de pu­ro in­far­to. Fí­jen­se có­mo fue que un afi­cio­na­do del Genk tu­vo que ser aten­di­do en la gra­da por cul­pa del ner­vio­sis­mo pa­ten­te. Pe­ro el fút­bol no en­tien­de de sa­lud y es­te ve­te­rano se­gui­dor bel­ga se ne­gó a aban­do­nar su bu­ta­ca. Por­que uno es de un equi­po has­ta el fi­nal. Pu­ro fút­bol.

El par­ti­do res­pon­dió a to­das las ex­pec­ta­ti­vas de las gran­des ci­tas. El es­ta­dio lleno, a re­bo­sar, ru­gien­do co­mo si fue­ra el úl­ti­mo gri­to, con un co­lo­ri­do im­pre­sio­nan­te. Tal fue la pues­ta en es­ce­na que los cél­ti­cos pa­re­cían fue­ra de si­tio en los pri­me­ros mi­nu­tos, des­ubi­ca­dos. Ca­da vez que el Genk pa­sa­ba del me­dio­cam­po el es­ta­dio era una olla a pre­sión y Tros­sard (¡qué ju­ga­dor!) no tar­dó ni cin­co mi­nu­tos en ha­cer de las su­yas. Se des­hi­zo de Ma­llo y de­po­si­tó el cue­ro en la ca­be­za de Sa­mat­ta, que re­ma­tó fue­ra.

Le re­pli­có el otro pro­ta­go­nis­ta del due­lo, Pio­ne Sis­to, con un de­re­cha­zo te­le­di­ri­gi­do a la es­cua­dra al que le fal­ta­ron unos cen­tí­me­tros de ros­ca.

A par­tir de ahí, el Cel­ta se adue­ñó del es­fé­ri­co pa­ra así tem­plar sus áni­mos y en­friar el calentón bel­ga. An­tes del des­can­so, Be­riz­zo se vio obli­ga­do a mo­ver su pri­me­ra pie­za por la le­sión de Gui­det­ti. Beau­vue fue el ele­gi­do y tar­dó se­gun­dos en re­ma­tar, obli­gan­do a Ryan a de­mos­trar sus ex­tra­or­di­na­rios re­fle­jos. Ac­to se­gui­do As­pas tam­bién ame­na­zó con un dis­pa­ro que se fue des­via­do.

En la se­gun­da par­te se des­ta­pó el ta­rro de las esen­cias y el par­ti­do se con­vir­tió en una ca­ja de sor­pre­sas. Beau­vue des­per­di­ció un mano a mano y des­pués Pio­ne Sis­to gol­peó el ba­lón con el al­ma, em­pu­ja­do por to­do el cel­tis­mo, y en­vió el ba­lón a la glo­ria. O eso pa­re­cía, por­que pa­ra lo­grar la his­tó­ri­ca ha­za­ña hu­bo que sufrir. Y mu­cho. Tros­sard se re­sis­tía a de­jar Eu­ro­pa y se in­ven­tó un gol de ge­nio. Fal­ta­ban vein­te mi­nu­tos pe­ro pa­re­cie­ron 23 años, los que pa­sa­ron des­de que el Cel­ta per­dió aque­lla fi­nal de Co­pa en Ma­drid, tam­bién en un 20 de abril. Es­ta vez la his­to­ria tu­vo un fi­nal fe­liz. Y el sue­ño con­ti­núa...

Fies­ta

El equi­po ce­le­bró con la afi­ción la his­tó­ri­ca cla­si­fi­ca­ción a se­mis

HIS­TÓ­RI­CO. El Cel­ta se me­te por pri­me­ra vez en una se­mi­fi­nal eu­ro­pea. Hu­go Ma­llo, Ser­gio Ál­va­rez y As­pas lo ce­le­bra­ron con los cel­ti­ñas.

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