Lau­ra Es­ter “Es más di­fí­cil ir a unos Jue­gos que la me­da­lla”

AS (Las Palmas) - - MÁS DEPORTE - A. MAR­TÍ­NEZ /

WATERPOLO Lau­ra Es­ter (Barcelona, 1990) es un se­gu­ro de vi­da en la por­te­ría de la Se­lec­ción fe­me­ni­na, que em­pie­za el lu­nes el Europeo de Bel­gra­do. Hu­mil­de, tra­ba­ja­do­ra, no pier­de de­ta­lle del fu­tu­ro y sue­ña con Río.

Es­ta­dos Uni­dos es su ha­bi­tual ‘spa­rring’. ¿Cuál es el se­cre­to de es­te ri­val? —Es­tu­vi­mos diez días allí. Sa­li­mos de la ru­ti­na de club y nos vino bien pa­ra sa­ber có­mo es­tá­ba­mos y en qué te­nía­mos que me­jo­rar. Ju­gar an­te el me­jor equi­po siem­pre ayu­da. —En el Europeo ten­drán el gru­po más ase­qui­ble. ¿Ven­ta­ja o in­con­ve­nien­te? —Hu­bie­ra pre­fe­ri­do ju­gár­nos­la con tres ri­va­les fuer­tes. Es­ta­mos una se­ma­na mi­dién­do­nos a ri­va­les ase­qui­bles. Has­ta el día 19 no te­ne­mos a Ita­lia. Los cru­ces se­rán a vi­da a muer­te. —Có­mo de di­fí­cil es ir a unos Jue­gos Olím­pi­cos? —Es el úni­co de­por­te en el que si en­tras en los Jue­gos ya tie­nes di­plo­ma. Oja­lá hu­bie­se 12 equi­pos y no ocho, por­que el re­to de ir a Río es más di­fí­cil que la me­da­lla. Que­re­mos re­pe­tir lo de Lon­dres. —En Sa­ba­dell el ni­vel de exi­gen­cia es al­to. ¿Có­mo se eva­de del waterpolo? —Se su­po­ne que es­tu­dio una ca­rre­ra (ri­sas): Bio­quí­mi­ca. Voy co­gien­do tres o cua­tro asig­na­tu­ras por se­mes­tre. In­ten­to ir a las que pue­do por las ma­ña­nas an­tes del en­tre­na­mien­to. Mu­chas tar­des me las pa­so en la bi­blio­te­ca con An­ni Es­par. —¿La re­co­no­cen? —Pa­so des­aper­ci­bi­da. Ade­más, se­gún lle­go, me sien­to al fi­nal del au­la, tomo mis apun­tes y me voy pa­ra ca­sa. —¿Pre­fie­re ese ano­ni­ma­to o que la aga­sa­jen co­mo a un fut­bo­lis­ta? —Pre­fie­ro lo que ten­go aho­ra. Es­toy tran­qui­la. —¿En qué pien­sa cuan­do es­tá en la por­te­ría? —Cuan­do ata­ca­mos le doy vuel­tas al gol que me han mar­ca­do, pe­ro in­ten­to cen­trar­me en el jue­go pa­ra lle­var el tiem­po y que mis com­pa­ñe­ras se­pan lo que que­da. —¿Nun­ca le dio mie­do re­ci­bir ba­lo­na­zos? —Cuan­do eres pe­que­ña y em­pie­zas te dan mie­do los que van a la ca­ra. Te apar­tas en un pri­mer mo­men­to, pe­ro cuan­do sa­bes que el do­lor só­lo te du­ra dos se­gun­dos, ya no te qui­tas. A ve­ces la gen­te sí me pre­gun­ta­ba có­mo me po­día gus­tar eso. —Us­ted lo jue­ga to­do y ya lle­va cin­co años en la Se­lec­ción. ¿Qué hay por de­ba­jo? —Hu­bo una épo­ca en la que so­lo ha­bía por­te­ros, pe­ro no por­te­ras. Cuan­do la Li­ga in­fan­til fe­me­ni­na arran­có ha­rá unos años, ayu­dó. Por eso aho­ra hay ni­ñas que suben fuer­te. Me in­tere­so por las que es­tán más cer­ca de lle­gar a la éli­te. —No se pue­de re­la­jar... —Eso nun­ca. En unos años sal­drán unas cuan­tas. En los Jue­gos Eu­ro­peos de Ba­kú ha­bía dos ju­ve­ni­les de ni­vel.

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