So­lu­cio­nes Griez­mann

Sa­lió y en 20’ hi­zo dos go­les El Atle­ti eli­mi­nó al Ra­yo y es­tá en cuar­tos de la Co­pa El 1-0 lo hi­zo Co­rrea, con un de­re­cha­zo al lar­gue­ro Llo­ren­te se le­sio­nó

AS (Las Palmas) - - ATLÉTICO DE MADRID-RAYO VALLECANO - P ATRICIA CA­ZÓN REPORTAJE GRÁFICO FE­LI­PE SE­VI­LLANO, CHE­MA DÍAZ, JE­SÚS AGUI­LE­RA, PE­PE AN­DRÉS Y JE­SÚS Á. ORIHUE­LA

Po­de­mos ser hé­roes. Só­lo por un día”. Eso lo can­tó una vez Bo­wie en el Calderón. Fue en su pri­mer con­cier­to en Es­pa­ña, en 1987, y la de Hé­roes fue la can­ción nú­me­ro quin­ce de la no­che. Bo­wie mu­rió el do­min­go, la mo­ne­da de en­ton­ces, la pe­se­ta, duer­me en ca­jo­nes y el Calderón ya no es­ta­rá en pie pa­sa­do ma­ña­na, pe­ro hay un fut­bo­lis­ta so­bre su cés­ped que jue­ga ca­da par­ti­do como si esa can­ción no se hu­bie­ra apa­ga­do aún en los al­ta­vo­ces, como si Bo­wie se la hu­bie­ra es­cri­to a él. Es Griez­mann y ha­ce tiem­po que su ca­pa ale­tea po­nién­do­le un ma­tiz a Hé­roes. Lo su­yo no es de un día. Lo su­yo es siem­pre.

Por­que cuan­do Si­meo­ne le sa­có era el mi­nu­to 69 del par­ti­do y al Cho­lo no le gus­ta­ba lo que veía. Y eso que el Atlé­ti­co ya ga­na­ba des­de que en el 39’ Co­rrea se ha­bía sa­ca­do un de­re­cha­zo de la bo­ta al lar­gue­ro que ca­si par­te el tra­ve­sa­ño. El Ra­yo le po­nía ga­nas pe­ro no pe­li­gro. Pe­ro el Cho­lo mi­ra­ba preo­cu­pa­do al cés­ped mien­tras ha­bla­ba, apar­ta­do en una es­qui­na del ban­qui­llo, con el Mono Bur­gos. En­ton­ces mi­ró a un la­do, vio a Griez­mann y es como si se le hu­bie­ra ve­ni­do a la ca­be­za esa fra­se de Pulp Fic­tion: “Soy el se­ñor Lobo y so­lu­ciono pro­ble­mas”. Así que mi­ró a su lobo y le di­jo: “Ca­lien­ta que sa­les”. Y Griez­mann ca­len­tó y sa­lió. De­bu­ta­ba en la Co­pa, por cier­to. Y en vein­te mi­nu­tos ha­bía mar­ca­do el 2- 0 y el 3-0. El pri­me­ro a los diez mi­nu­tos, in­ven­tán­do­se una me­dio chi­le­na mien­tras Bae­na le abra­za­ba a los pies de Yoel. El se­gun­do, a los vein­te, des­ha­cién­do­se de Yoel con un to­que su­til al ba­lón que le de­jó so­lo an­te la por­te­ría. Pic y pam. Re­ga­te y gol. Así so­lu­cio­na los pro­ble­mas Griez­mann, con ese mo­vi­mien­to ful­mí­neo que dis­tin­gue al fut­bo­lis­ta del crack.

Así res­pi­ró Si­meo­ne y se cla­si­fi­có el Atlé­ti­co pa­ra los cuar­tos de la Co­pa. El Ra­yo hi­zo lo que pu­do, so­bre to­do en la pri­me­ra par­te. Co­men­zó el par­ti­do a su es­ti­lo, siem­pre Rock’n Roll sui­ci­de: va­lien­te, aunque eso sig­ni­fi­que la muer­te. Te­nía que mar­car al me­nos si que­ría dar ba­ta­lla (el 1-1 de la ida obli­ga­ba) y to­mó el ba­lón pe­ro el pe­li­gro se lo de­jó en Va­lle­cas. Aunque tam­po­co el Atlé­ti­co te­nía de­ma­sia­do has­ta que no mar­có Co­rrea. Por­que Jack­son pue­de ha­cer mu­chas co­sas bien ( des­mar­car­se, ju­gar de es­pal­das, in­ten­tar­lo...) pe­ro to­do le cues­ta ho­rro­res. A to­do lle­ga tar­de. To­do, cuan­do lo in­ten­ta, le sa­le mal. O le sa­le, pe­ro al re­vés. Le quita el ba­lón Na­cho, in­ten­ta re­cu­pe­rar­lo y se va al sue­lo. In­ten­ta un con­trol con el pe­cho y la pe­lo­ta se va fue­ra. Dis­pa­ra y lo ha­ce a las ma­nos del por­te­ro. Va a cul­mi­nar una con­tra y, en­tre que el com­pa­ñe­ro con el que co­rre (Co­rrea) le pa­sa el ba­lón tar­de y que él no es Bolt, vie­ne un ri­val (Qui­ni) y se lo quita. Y así to­do. Sus 82’ so­bre el cés­ped fue­ron una mez­cla de de­ses­pe­ra­ción y amargura que Si­meo­ne qui­so re­ba­jar des­pi­dién­do­le con un aplau­so. La gra­da tam­bién. A ver si fun­cio­na. Jack­son es un gran fut­bo­lis­ta, al me­nos lo fue, pe­ro la ca­be­za se le ha des­co­nec­ta­do de las pier­nas.

Cuan­do Jack­son se fue, Griez­mann ya co­rría so­bre el cés­ped y al Ra­yo se le ha­bía ido el par­ti­do. Pe­ro no fue con el 2-0. Ocu­rrió an­tes, cuan­do se le­sio­nó Llo­ren­te por­que, en un lan­ce con Fi­li­pe, lle­gó Bae­na y le pi­só la pier­na. Pa­co hi­zo sus tres cam­bios en diez mi­nu­tos (Do­ra­do, Be­bé y Ma­nu­cho) pe­ro fue como ti­rar agua en sue­lo mo­ja­do: el Ra­yo ya era como esa no­ve­la de Eduar­do Men­do­za, Sin no­ti­cias de

Gurb. No las hu­bo de Gue­rra. Ni de Mon­tiel. Só­lo de Em­bar­ba, un ra­to, y de Yoel, que apa­re­cía una y otra vez en la fo­to, pa­ran­do como po­día las em­bes­ti­das de un Atle­ti con su hé­roe so­bre el cam­po. Un Atle­ti, por cier­to, lí­der en Li­ga, fir­me en Cham­pions y en cuar­tos de la Co­pa. Let’s dan­ce. A pe­sar de la FIFA.

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