Co­rrup­ción­to­ta­len­laIAAF

AS (Las Palmas) - - MÁS DEPORTE - JUAN MORA

El se­gun­do in­for­me de la Agen­cia Mun­dial An­ti­do­pa­je ( AMA) de­ja al atle­tis­mo al pie de los ca­ba­llos. Más que al atle­tis­mo, a la Fe­de­ra­ción In­ter­na­cio­nal ( IAAF). No es que hu­bie­ra es­ta­do mi­ran­do pa­ra otro la­do ba­jo la in­faus­ta pre­si­den­cia de La­mi­ne Diack, es que era la corrupción per­so­ni­fi­ca­da. Lo di­ce una co­mi­sión in­de­pen­dien­te crea­da por la AMA con el úni­co fin de des­ta­par lo que se que­ría ta­par. No hay vuel­ta atrás y se pue­de de­cir al­to y cla­ro: el atle­tis­mo ha es­ta­do muy su­cio, y la IAAF ha si­do cóm­pli­ce. Es­to no ha pa­sa­do ni en el ci­clis­mo, don­de el dopaje, pro­mo­vi­do por los pro­pios equi­pos, afec­ta­ba al 90% de los ci­clis­tas pro­fe­sio­na­les. El ca­so del atle­tis­mo, sin lle­gar a esos por­cen­ta­jes, es aún peor. La IAAF ha es­ta­do go­ber­nan­do el atle­tis­mo ba­jo to­tal im­pu­ni­dad, y las som­bras de sos­pe­cha que afec­tan a va­rios paí­ses, en­tre ellos el nues­tro, si­guen ahí. De­be­ría ser aho­ra la pro­pia IAAF quien co­gie­ra el ti­món y lle­ga­ra has­ta el fi­nal. Atle­ta por atle­ta, país por país. Se­ría la úni­ca ma­ne­ra de que el nue­vo pre­si­den­te, el ilus­tre Se­bas­tian Coe, se ga­na­ra la cre­di­bi­li­dad de la que es lí­ci­to du­dar. Si la corrupción en la IAAF afec­ta­ba no só­lo al dopaje, sino tam­bién a la elec­ción de las se­des de sus pro­pias com­pe­ti­cio­nes, y has­ta las de los Jue­gos, ¿có­mo es que na­die sa­bía qué pa­sa­ba? Coe, un ti­po lis­to, tan­to que lle­vó los Jue­gos a su país, del­fín de Diack en la IAAF, de­bía vi­vir en otro mundo. No se en­te­ró de na­da.

“COE, UN TI­PO LIS­TO,

TAN­TO QUE LLE­VÓ LOS

JUE­GOS A SU PAÍS,

DEL­FÍN DE DIACK...”

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