Zi­da­ne su­frió su pri­mer con­tra­tiem­po

AS (Las Palmas) - - OPINIÓN - ALFREDO RELAÑO

La pri­me­ra sa­li­da de Zi­da­ne aca­bó en em­pa­te, an­te un Be­tis que sa­lió muy bien, mar­có por de­lan­te, y lue­go su­frió lo in­de­ci­ble pa­ra fre­nar al Ma­drid. Zi­da­ne es­co­gió a Ja­mes por de­lan­te de Je­sé, que aunque no es­tu­vo bien arro­pó al­go más el me­dio cam­po y per­mi­tió a Mo­dric ju­gar to­da­vía me­jor de lo que sue­le. Y cer­ca de és­te tam­bién lu­ció Is­co más que otras ve­ces. Más ob­je­ta­ble fue otra de­ci­sión de Zi­da­ne, sa­car a Da­ni­lo en lu­gar de Car­va­jal. La tu­vo que co­rre­gir so­bre la mar­cha y eso hi­zo to­da­vía más pa­ten­te el error. En­tre Da­ni­lo y Car­va­jal hay de­ma­sia­da dis­tan­cia como pa­ra pen­sar en al­ter­nar­los. El re­sul­ta­do de to­do fue que tras el 1-0, que pre­mió el mé­ri­to ini­cial del Be­tis, el Ma­drid man­dó en el par­ti­do pe­ro le fal­tó al­go. Le fal­tó que Ja­mes fue­ra más in­ci­si­vo, que Da­ni­lo acer­ta­ra un pa­se, aunque fue­ra uno so­lo, y le fal­tó tam­bién Cris­tiano, que tra­ba­jó pe­ro es­tu­vo desa­cer­ta­do. En reali­dad, to­do el ata­que del Ma­drid fue Ben­ze­ma, to­do lo pe­li­gro­so ocu­rrió en torno a él. In­clui­do un pe­nal­ti del que fue víc­ti­ma, por pi­so­tón de Petros, y el gol, ga­na­do a pa­se de Ja­mes, que re­ci­bió en fue­ra de jue­go. A Mar­tí­nez Mu­nue­ra se le re­cla­mó otro pe­nal­ti, por aga­rrón a Cris­tiano, más di­fí­cil de ver. Es­tu­vo muy mal. Al fi­nal, jú­bi­lo en el Be­tis, pa­ra el que es­te em­pa­te, con Adán de hé­roe, sa­be a glo­ria (in­clu­so ro­zó la vic­to­ria en una es­ca­pa­da fi­nal de Ru­bén Cas­tro) y de­cep­ción del Ma­drid, al que el Ba­rça se le va a cua­tro pun­tos y con un par­ti­do me­nos. Con el em­pa­te en el Man­za­na­res, en par­ti­do bra­ví­si­mo en­tre Atlé­ti­co y Se­vi­lla, la jornada fue ne­go­cio re­don­do pa­ra el Ba­rça, que echan­do las cuen­tas al mo­do que lo ha­cía Bos­kov, ha ga­na­do sie­te pun­tos: los tres su­yos más los dos y dos que de­jan de ga­nar sus ri­va­les ma­dri­le­ños. En es­tos tiem­pos, em­pa­tar es per­der y por eso al Ma­drid le de­ja mal sa­bor de bo­ca su buen par­ti­do.

“EN ES­TOS TIEM­POS EM­PA­TAR ES PER­DER Y POR ESO AL MA­DRID LE DE­JA MAL SA­BOR...”

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