Del ‘Mar­tes con mi vie­jo pro­fe­sor’ al me­jor li­bro de fút­bol: ‘¿Quién di­jo ren­dir­se?’

AS (Las Palmas) - - A La U´ltima - PA­TRI­CIA CAZÓN @Pa­tri­ciaCa­zón

Mitch Al­bom. La pri­me­ra vez que es­cu­ché ha­blar de la ELA fue en un li­bro, Mar­tes con mi vie­jo pro­fe­sor. Madrid,

2003, Lí­nea 5 de Me­tro.

“Es­to no pue­de ser real”, me re­cuer­do ne­gan­do, pen­san­do. Una en­fer­me­dad así, tan cruel, que va apa­gan­do tu cuer­po has­ta pos­trar­te en la ca­ma, con la ca­be­za in­tac­ta y los ojos co­mo úni­co asi­de­ro al mun­do. No, no, no. Da­ba igual que la con­tra­por­ta­da di­je­ra que aque­lla his­to­ria era real, que la ELA, de ver­dad, exis­tía. No, no, no. No po­día ser­lo. Prohi­bi­do. No tar­dé, sin em­bar­go, en vol­ver a cru­zár­me­la. Allí. Fue en es­te pe­rió­di­co: AS, 2008, fo­to de Stefano Bor­go­no­vo con­su­mi­do en una si­lla de rue­das, otro fut­bo­lis­ta con ese mal de­ge­ne­ra­ti­vo que, en el Cal­cio, a Rog­no­ni, Sig­no­ri­ni o Ming­he­lli ya se ha­bía lle­va­do. En­fer­me­dad de Geh­rig se lla­ma­ba por Lou Geh­rig, me­jor pri­me­ra ba­se de la his­to­ria del béis­bol, fa­lle­ci­do en 1941 de es­cle­ro­sis la­te­ral amio­tró­fi­ca. “En­fer­me­dad de Geh­rig”, re­cor­dé de pron­to: así le de­cía Mitch Al­bom cuan­do, en su li­bro, no que­ría lla­mar por su nom­bre a lo que con­su­mía a su vie­jo pro­fe­sor. ELA, ELA mal­di­ta.

Aquí. En 2014 ya es­ta­ba en el fút­bol de Es­pa­ña (To­ni Gar­cía lo cuen­ta en Mís­ter,

¿por qué yo no?) y a mí me abo­fe­teó des­de un com­pa­ñe­ro, Ja­vi Ma­ta­lla­nas, el día que me con­tó que in­va­día a su hermano Car­los, tam­bién fut­bo­lis­ta, tam­bién pe­rio­dis­ta. Mi ba­ta­lla con­tra la ELA fue su pri­mer li­bro: lo leí en dos no­ches. Y no abandona mi me­si­lla. Si al­gún día me da por es­tar tris­te lo ojeo: Car­los me le­van­ta. No le ha­ce fal­ta una ca­pa pa­ra que le ape­lli­de hé­roe. Lo es. In­fi­ni­to.

Lu­cha. ¿Quién di­jo

ren­dir­se? es el se­gun­do y es un im­pres­cin­di­ble, qui­zá el me­jor li­bro de fút­bol es­cri­to ja­más. En él, Pe­tón con­vier­te en clá­si­co una con­ver­sa­ción en­tre dos ami­gos, Fer­nan­do Torres y Car­los, cuan­do la en­fer­me­dad ya es­ta­ba. Los cam­pos de Pri­me­ra o Ter­ce­ra, el ru­gi­do del Ca­ra o el frío del Chel­sea en reali­dad son ex­cu­sas pa­ra ha­blar de vi­da, de esos hé­roes que no se es­fu­man cuan­do se en­cien­den las lu­ces de un ci­ne, de un es­ta­dio. David Vi­lla lo lee en

Nue­va York. Y de­ce­nas de per­so­nas en cual­quier Me­tro de Es­pa­ña que no mo­ve­rán la ca­be­za, ne­gan­do an­te él: no só­lo cuen­ta que la ELA exis­te, que es de ver­dad, sino tam­bién que de­be mi­rar­se de fren­te, ba­ta­llar­la, has­ta ven­cer­la, en­con­trar una cu­ra. Cual­quier día de es­tos lle­ga. Se­gu­ro.

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain

© PressReader. All rights reserved.