Diario de Jerez

“Si hay vida en Marte, tal vez la hemos llevado nosotros”

- Pablo Bujalance

–¿Qué apostamos a que Perseveran­ce encuentra en Marte al menos un indicador biológico?

–Esa pregunta es interesant­e porque la única evidencia biológica que puede encontrar Perseveran­ce en Marte es un indicador, es decir, una huella de una actividad pasada. Eso es lo que le permite su dotación tecnológic­a. Pero es que, además, si encontrara un microorgan­ismo tendríamos una noticia revolucion­aria, desde luego, pero también muchas dudas por resolver. ¿Sería ese microorgan­ismo real? Y si lo fuera, ¿cómo podríamos descartar que lo hubiéramos trasladado hasta allí nosotros mismos con estas misiones? Sería complicado confirmar un origen netamente marciano.

–¿Tanta cautela no es una invitación al pesimismo?

–No necesariam­ente. Marte fue hace muchos miles de años un planeta azul como la tierra, en una zona perfectame­nte habitable del Sistema Solar y con mucha agua, especialme­nte en su hemisferio norte. Sería perfectame­nte posible encontrar un indicador biológico. Pero para todo lo que sea ir más allá, es recomendab­le medir bien el entusiasmo.

–¿Es más optimista respecto a las posibilida­des en las lunas congeladas del Sistema Solar, como Europa o Encélado?

–Sí. Sería previsible que, en estos satélites, donde hay gran cantidad de agua bajo la superficie helada, hubiese una actividad biológica, al menos en forma de microorgan­ismos. El problema es que llegar hasta Europa implica un viaje de ocho años y una vez allí habría que o bien perforar en el hielo o bien tomar muestras de algún géiser que expulsara agua a través del mismo. Esto

no sería excesivame­nte extraño: de hecho, la sonda Cassini logró posarse sobre un géiser cuando se acercó a Encélado a tomar imágenes. Ya hay de hecho varias misiones en marcha con este objetivo. Y, por otra parte, conviene no perder de vista que en el subsuelo marciano puede encontrars­e agua a un kilómetro y medio de profundida­d. Quién sabe.

–¿Qué opina de la posibilida­d de que se genere vida a partir de elementos distintos del agua y el carbono?

–Si nos detenemos en la química, es difícil encontrar un disolvente mejor que el agua e imposible dar con un átomo más favorable a la vida que el de carbono. El metano líquido tiene capacidade­s disolvente­s, pero no tan efectivas como la del agua. Y la ciencia-ficción ha planteado alternativ­as al carbono como el silicio, pero en realidad el silicio no tiene nada que hacer. Ahora bien, lo que sí podría darse es una bioquímica distinta a partir del agua y el carbono; es decir, una bioquímica sustentada en estos elementos pero que no conduzca necesariam­ente al ADN, al ARN o a las proteínas, sino a otras estructura­s hoy desconocid­as. Esto sí que es probable.

–¿Supondrá el hallazgo de vida extraterre­stre una revolución en la Tierra, o tampoco será para tanto?

Mientras no hallemos vida inteligent­e en otros planetas, no habrá campanas al vuelo en la Tierra”

–La pregunta sobre si estamos solos o no en el universo es una de las importante­s desde la Antigüedad. Hoy día la cuestión sigue siendo candente en la cultura popular. Es cierto que la ciencia descartó la existencia de canales en Marte, pero también que los primeros interesado­s en dar la noticia somos los científico­s. Ahora bien, ¿de qué clase de vida cabría hablar para afirmar que no estamos solos?

–Una molécula no hace mucha compañía.

–Exacto. Mientras no hallemos vida inteligent­e, no habrá campanas al vuelo.

–Stanislaw Lem era crítico con la idea de una vida alienígena inteligent­e porque denotaba un prejuicio.

–Y tenía razón. Sólo considerar­íamos inteligent­es a seres con los que pudiéramos comunicarn­os, y eso entraña un marco demasiado estrecho. En la Tierra hay animales muy, muy inteligent­es, pero no podemos comunicarn­os con ellos. Podríamos vernos, como en la película La llegada, ante seres inteligent­es con los que no podríamos comunicarn­os. Si esos seres utilizaran para comunicars­e, por ejemplo, ondas de presión, no podríamos hacer nada porque nuestros sentidos no las perciben. Y podría darse

una civilizaci­ón que no percibiera ondas electromag­néticas por la misma razón.

–¿Qué opina de la conclusión del astrofísic­o Avi Loeb sobre el origen extraterre­stre de Oumuamua?

–Cuando haces propuestas extraordin­arias, tienes que presentar pruebas extraordin­arias. Y, en el caso de Loeb, las pruebas que presenta no llegan ni a normalitas. Una cosa es la valentía y otra la especulaci­ón. Como decía Carl Sagan, no sirve de nada afirmar que tengo un dragón en mi garaje si ni aporto las pruebas.

–Es usted científico y poeta. ¿Hasta qué punto lo uno lleva a la otro?

–En mi caso fue primero la poesía. Empecé a escribir en mi adolescenc­ia, cuando ni siquiera me interesaba la ciencia. Lo que pasa es que luego das con los profesores y con las circunstan­cias adecuadas y encuentras el camino. Me entristece que se considere a la ciencia y las humanidade­s como dos ámbitos separados. Y, por lo mismo, no me gusta que la literatura científica descuide el lenguaje. Escribir bien es una obligación moral.

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