El Periódico - Castellano

De la inesperada ola a otro nuevo caos en Montjuïc

- MARCOS LÓPEZ Jordi Cotrina

Empezó el partido con tímidos cánticos de apoyo a Xavi (m. 4). Luego, al cuarto de hora, y tras el 1-0, el público que subió a la montaña olímpica se puso a hacer la ola. Y después, hubo pitos porque el Barça ha sido incapaz de ganar este curso al Granada: 2-2 en Los Cármenes y 3-3 aquí.

El equipo se desangra. No hay manera de que se encuentre remedio a un Barça tan inestable y frágil (ha recibido ocho goles, cinco del Villarreal y tres más del Granada, en sus tres últimos partidos en casa), que delatan la verdadera y grave dimensión de su problema.

NI CON EL BARÇA DE LOS 4 CENTRALES.

Lo hizo en Vitoria la pasada semana. Y lo repitió ayer en Montjuïc. Volvió Xavi a colocar a cuatro de los cinco centrales que tiene en la plantilla en su once inicial. Ante el Granada, exploró una pareja nueva en el eje de salida colocando a Pau Cubarsí en el lado diestro e Iñigo Martínez, el único zurdo que posee, en el flanco izquierdo. Koundé, como ya es habitual, destinado a ser lateral derecho. Mientras descansaba Araujo. Y por delante, transforma­do ahora de forma provisiona­l en medio centro quedó la figura de Christense­n.

A Xavi le gusta mucho esa reconversi­ón del danés porque le proporcion­a una salida aseada de la pelota. Terminada la primera mitad, había completado Christense­n 20 pases con acierto de los 21 que hizo. Pero encajó tres goles del Granada, un equipo que habita en el penúltimo lugar de la Liga. Otro drama defensivo, nada resuelto ni tan siquiera con cuatro centrales. Y con el 2-3, quitó Xavi a Christense­n y puso a Fermín.

TER STEGEN VOLVIÓ CON DOS PARADAS DECISIVAS.

Tras dos largos meses de ausencia, volvió Ter Stegen a ser el guardián de la portería del Barça. Nada pudo hacer en el gol del Granada, que retrató más a una pasiva defensa azulgrana donde a Pedri le tocó la ingrata y poco apropiada tarea de perseguir a Pellistri. No llegó a tiempo de frustrar su centro desde la derecha, mientras Cancelo, desubicado, De Jong, desorienta­do, y Christense­n, que no pudo cerrar el hogar culé, asistían como invitados de primera fila al gol de Ricard Sánchez, el lateral derecho del Granada, que entró en el área del Barça lenta, pero eficazment­e. Nadie lo detectó, lo que desató un gesto de rabia de Xavi. Nunca visto antes. Se giró enfadado hacia su banquillo y dio un puñetazo a su asiento vacío. Y con el retorno del meta titular no se frenó el caos defensivo, aunque tuvo dos paradas decisivas. Una a Pellistri, que paró con la cara (iba 1-2); otra a Uzuni, con 3-3.

LAMINE VALE POR TODOS.

Ya no hay dudas. El Barça depende del talento de un adolescent­e de 16 años. Un niño al que no le agobia la presión. Ni se siente intimidado por un club volcánico que no tiene calma, fútbol ni tampoco estabilida­d. En medio del caos, y después de que Montjuïc decidiera organizar una festiva ola al cuarto de hora, emergió la figura de Lamine. No solo por sus dos goles. Decisivo en el 1-0 y fundame ntal en el 3-3 cuando el desorden invadía al Barça. Iban llegando delanteros junto a Lewandowsk­i. Primero apareció Raphinha; luego, Marc Guiu.

Ninguno como Lamine. Extremo derecho, asistente desde la banda y goleador llegando desde atrás en el primer tanto. Y con rabia y rebeldía en el 3-3 cuando le robó un balón a Callejón antes de soltar un maravillos­o zurdazo que le daba esperanza de la remontada al Barça. Dos tiros a puerta, dos goles. Sin él, la pregunta de verdad es donde estaría este equipo. Un equipo que no defiende nada bien. Ni jugando con cuatro centrales.

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Ter Stegen, ayer.

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