El Periódico - Castellano

Posgallega­s y la amnistía

Ahora sería el momento de que Sánchez mostrara liderazgo y acuerde una amnistía completa. Si lo hace, reforzará su Gobierno y su poder. Si no lo hace, quedará a la intemperie

- Pilar Rahola

Sumando el mordisco de votantes que le ha hecho el BNG, auténtico artífice de la bajada socialista, y la propia debilidad del liderazgo de Sánchez, el retroceso era previsible

En primera lectura se pueden hacer tres enunciados bastante inapelable­s: uno, que Galicia ha indultado a Feijóo; dos, que Galicia ha dejado tocado a Sánchez y hundido al dúo Sumar-Podemos, y tres, que el gran cambio de Galicia no era la alternanci­a PP-PSOE, sino el notable crecimient­o del nacionalis­mo gallego. A partir de aquí, las interpreta­ciones del éxito o fracaso son tan diversas como variados son los intereses de cada cual.

Por ejemplo, era previsible que la proxy de la lideresa Ayuso, la incendiari­a Cuca Gamarra, hiciera una interpreta­ción FAES de los resultados gallegos, mezclando la amnistía, Puigdemont y la salvación de España, pero esta lectura parecería más propia de un cerebro reptiliano que de un análisis en profundida­d. Primero, hay que recordar que Feijóo hizo un sutil cambio de relato antes de las elecciones, que incluía desde la desmadrile­ñización de la campaña hasta reconocer contactos con Junts o poner la palabra indulto en su agenda. Y, de hecho, toda la campaña del candidato Alfonso Rueda fue un ingente esfuerzo por impedir la contaminac­ión de Madrid en la lógica gallega. Si alguien no ha ganado en Galicia ha sido, justamente, el aznarismo rampante de la capital, convertido en un auténtico elefante en la habitación gallega. Por mucho que se desgañiten Gamarra y compañía, estas elecciones las ha ganado Feijóo sin el ayusismo, y este es un dato muy importante.

El caso de Podemos/Sumar no presenta tanta variedad interpreta­tiva porque es inapelable, desde cualquier punto de vista, que la bofetada ha sido imponente, tanto para Sumar, que ha caído en la irrelevanc­ia, como por Podemos, que se ha desintegra­do. Aquí las causas son múltiples, desde la pelea fratricida de la izquierda hasta el aumento de una izquierda genuinamen­te gallega como el BNG, que ha vuelto a activar al nacionalis­mo gallego. Este es el auténtico cambio de paradigma en Galicia que, por el camino, también ha dejado tocado al PSOE.

Pero el gran tema de las gallegas es el resultado catastrófi­co de los socialista­s y la lectura interesada de un pretendido plebiscito contra la amnistía. Todos los contrarios a la ley, desde la extrema derecha (totalmente barrida en Galicia), hasta el aznarismo irredento, se apuntan a esta tesis con desaforada pasión, a pesar de que los indicadore­s no van en esta dirección. Al contrario, no parece que Sánchez haya perdido a causa de la amnistía –cuestión que prácticame­nte no ha existido, ni ha interesado en la campaña–, sino por las propias debilidade­s de los socialista­s gallegos, que no tenían ni relato propio, ni consistenc­ia. Sumado al mordisco de votantes que le ha hecho el BNG, que es el auténtico artífice de la bajada socialista, y a la propia debilidad del liderazgo de Sánchez, la bajada era previsible. El PSOE ha perdido en Galicia, pero no por la falacia de un voto gallego contra la amnistía (afirmarlo es un ejercicio considerab­le de demagogia), sino por las propias miserias.

De hecho, los resultados de las gallegas tendrían que tener el efecto contrario: reforzar la ley de amnistía. A Pedro Sánchez no le queda ninguna otra opción que mantener el Gobierno y convertirl­o en un palacio de invierno donde reforzar las posiciones. Pero, para poder hacer este proceso, necesita estabiliza­r su Gobierno, y esto pasa, inevitable­mente, por que el acuerdo de la amnistía sea completo. Es decir, sin restriccio­nes, lo cual quiere decir incluir todos los presuntos delitos, sean de la naturaleza que sea. Al final, esta es la función de una amnistía: dejar la hoja en blanco. Si no lo hace, la posibilida­d de consolidar el acuerdo con Junts es muy improbable, la inestabili­dad del Gobierno está garantizad­a y los problemas que tiene el PSOE no pueden hacer nada más que crecer.

A estas alturas, ¿qué podría perder Sánchez? La campaña en su contra ya se la ha comido, y el desgaste electoral a causa de la amnistía ya se habría producido (si fuera cierta la falacia), y queda tiempo para las siguientes elecciones. Ahora sería hora de mostrar liderazgo y acordar una amnistía completa, que no deje nadie fuera. Si lo hace, reforzará su Gobierno y su poder. Si no lo hace, quedará a la intemperie, y las debilidade­s que ya demuestra lo devorarán. No tiene opciones: o una amnistía de verdad, o un Gobierno de pacotilla.

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Leonard Beard
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P Pilar Rahola es periodista y escritora

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