VE­LO­CI­DAD DE CRU­CE­RO

LUIS VIDAL + AR­QUI­TEC­TOS Es­te ar­qui­tec­to pi­lo­ta uno de los es­tu­dios es­pa­ño­les con más pe­so in­ter­na­cio­nal y es un referente mun­dial en el di­se­ño de ae­ro­puer­tos. Aquí nos ha­bla de sus pro­yec­tos, del futuro de las ciu­da­des e in­clu­so de sus sue­ños por cum­plir

ELLE Decoration (Spain) - - Elledecor Arquitectura - ANA RO­DRÍ­GUEZ FRÍAS.

Te­nía so­lo 26 años y tra­ba­ja­ba en el es­tu­dio La­me­la cuan­do lla­mó a la puer­ta del ar­qui­tec­to bri­tá­ni­co Ri­chard Ro­gers (Pre­mio Pritz­ker, 2007) pa­ra pro­po­ner­le con­cur­sar pa­ra la ter­mi­nal T4 de Ba­ra­jas. Le con­ven­ció, ga­na­ron y se con­vir­tió en di­rec­tor del pro­yec­to. Aho­ra, con 48 años, si­gue sien­do el mis­mo en­tu­sias­ta, per­fec­cio­nis­ta y so­ña­dor. Li­de­ra un equi­po de 150 per­so­nas des­de su es­tu­dio Luis Vidal+ar­qui­tec­tos, con se­des en Ma­drid, Hous­ton, Lon­dres y San­tia­go de Chi­le. Continúa su amis­tad con Ro­gers, de quien es so­cio en va­rios pro­yec­tos, co­mo el de la am­plia­ción del Pº de la Cas­te­lla­na, una gran re­mo­de­la­ción ur­ba­nís­ti­ca al nor­te de Ma­drid. ¿Su me­jor cua­li­dad y su ma­yor de­fec­to? La re­sis­ten­cia. Y mi ma­yor de­bi­li­dad es la per­sis­ten­cia, no me rin­do. No soy un per­fec­cio­nis­ta ob­se­si­vo, pe­ro no ad­mi­to que al­go no es­té to­do lo bien que pue­de es­tar. ¿Por qué se in­tere­só en los ae­ro­puer­tos? Des­de ni­ño he via­ja­do mu­cho. Y veía que eran in­có­mo­dos, hos­ti­les, no pen­sa­dos pa­ra las per­so­nas, sino pa­ra los avio­nes, las ae­ro­lí­neas y pa­ra qui­tar­te el di­ne­ro. ¿Có­mo se con­si­gue un aer opuer­to más ama­ble? Con los in­gre­dien­tes con los que los ar­qui­tec­tos co­ci­na­mos, es de­cir, luz na­tu­ral, la tem­pe­ra­tu­ra del co­lor de la luz, la acús­ti­ca, la tex­tu­ra de los ma­te­ria­les, la orien­ta­ción in­tui­ti­va, la ve­ge­ta­ción, la ven­ti­la­ción cruzada...

¿Los desafíos de la ar­qui­tec­tu­ra ac­tual? En 1900 la po­bla­ción era de 1.500 mi­llo­nes, y hoy de 7.400 mi­llo­nes. En 2050 ha­brá 10.000 mi­llo­nes y el 80% vi­vi­rá en ciu­da­des. És­tas tie­nen que re­con­ver­tir­se con las cua­tro “cés”: com­pe­tir, con­vi­vir, com­par­tir y co­nec­tar. Ha­brá me­ga­ci­ties de 100 mi­llo­nes de ha­bi­tan­tes; y, no muy tar­de, gi­ga­ci­ties, con ám­bi­tos de in­fluen­cia de mil mi­llo­nes en un en­torno pró­xi­mo. ¿Hay al­gu­na ciu­dad ac­tual que sea un referente? La ciu­dad más avan­za­da del pla­ne­ta y la más pre­pa­ra­da pa­ra el futuro es To­kio. Allí vi­ven en el 2060, en ci­vis­mo, en res­pe­to, en edu­ca­ción, en tec­no­lo­gía, en to­do. Allí la fal­ta de es­pa­cio no ge­ne­ra ten­sio­nes. ¿Có­mo es su Vi­vien­da de 2050 sin tec­no­lo­gía, un pro­yec­to que es­tá di­se­ñan­do en To­kio? Tie­ne vo­lú­me­nes mó­vi­les y api­la­bles en horizontal y en vertical. Cuan­do no ne­ce­si­tas una ha­bi­ta­ción, la guar­das. Tie­ne 120 m2, pe­ro es co­mo si tu­vie­ra 360 m2. ¿Con qué ac­ti­vi­dad se re­la­ja y des­co­nec­ta? Con el mar. Me en­can­ta na­ve­gar. Va­ya don­de va­ya, si me puedo mon­tar en un bar­co, lo ha­go. Ten­go uno en San Fran­cis­co y otro en un pan­tano cer­ca de Ma­drid. Tam­bién he he­cho mu­cho wind­surf, era mi pa­sión.

“¿Mis sue­ños? Dar la vuel­ta al mun­do en bar­co, di­se­ñar el pri­mer co­le­gio del mun­do pa­ra ni­ños con sín­dro­me de As­per­ger...”

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