EL SÉP­TI­MO AR­TE

POR

ELLE Decoration (Spain) - - Elle Deco Arty -

Hay pe­lí­cu­las con la ca­pa­ci­dad de ha­cer­nos desear ti­rar por la ven­ta­na mue­bles y en­se­res –qué bo­ni­ta pa­la­bra– y adop­tar un es­ti­lo nue­vo que nos se­du­ce des­de la pan­ta­lla. Ve­mos 2001: A Spa­ce Odys­sey (1968), y no sa­be­mos si nos gus­ta lo clá­si­co o lo mo­derno. En cam­bio, si ves Down with Lo­ve (2003) o The Gra­dua­te (1967), te apun­tas al “Mid Cen­tury” a to­da ve­lo­ci­dad. Y có­mo no amar los es­pa­cios clá­si­cos des­pués de una se­sión que in­clu­ya Ato­ne­ment (2007), The Great Gatsby (2013) o So­met­hing’s Got­ta Gi­ve (2003).

Hay ca­sas ci­ne­ma­to­grá­fi­cas que de­be­rían es­tar no­mi­na­das a me­jor ac­tor -o ac­triz- pro­ta­go­nis­ta. La Vi­lla Nec­chi con­si­gue ro­bar pla­nos a la mis­mí­si­ma Til­da Swin­ton en Io Sono l’amo­re (2009). La man­sión mi­la­ne­sa de los años trein­ta, del ar­qui­tec­to Pie­ro Por­ta­lup­pi, es una re­com­pen­sa vi­sual. Tam­bién lo es la re­si­den­cia del pro­ta­go­nis­ta en A Sin­gle Man (2009) de Tom Ford. Sur de Ca­li­for­nia. Dé­ca­da de los se­sen­ta. El es­ce­na­rio es una ca­sa del ar­qui­tec­to John Laut­ner. ¿Ne­ce­si­to de­cir más?

¿Quién re­cuer­da a los per­so­na­jes de Me­tró­po­lis (1927)? Es la ciu­dad -ate­rra­do­ra- que ima­gi­nó Fritz Lang lo que re­te­ne­mos en la pu­pi­la. El ci­ne tie­ne la ca­pa­ci­dad de crear uni­ver­sos fas­ci­nan­tes y ex­tra­ños. Por su­pues­to, tam­bién per­so­na­jes. Ho­ward Roark, en The Foun­tain­head (1949), es el ar­qui­tec­to fic­ti­cio más co­no­ci­do, y des­pia­da­do, que ha da­do Holly­wood. Lo in­ter­pre­ta Gary Coo­per y su es­ti­lo es un pas­ti­che de Lloyd Wright -otra vez por aquí- y el Mo­vi­mien­to Mo­derno que se pre­sen­ta­ba en aque­llos años. Pe­ro quien me­jor ha re­tra­ta­do el es­ti­lo in­ter­na­cio­nal -y la ciu­dad mo­der­na de ace­ro y vi­drio- es el di­rec­tor fran­cés Jac­ques Tati y no sa­le bien pa­ra­do. Play­ti­me (1967) lle­vó a la ban­ca­rro­ta a su di­rec­tor. Fue ala­ba­da por la crí­ti­ca y me­nos­pre­cia­da por el pú­bli­co. Hay que ver­la va­rias ve­ces pa­ra des­cu­brir to­dos los de­ta­lles de una mis­ma es­ce­na.

Hay se­gun­das par­tes bue­nas. Bla­de Run­ner 2049 (2017) ha re­ci­bi­do el aplau­so de la crí­ti­ca, aun­que no del pú­bli­co. Su es­té­ti­ca via­ja a la ar­qui­tec­tu­ra bru­ta­lis­ta y la ri­di­cu­li­za. No me ob­se­sio­na. Aho­ra es­toy con la vi­lla de Call Me by Your Na­me (2017).

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