Europa Sur

Reedificac­ión del puente del río de Palmones

● El pasado año se cumplió el 200 aniversari­o del Trienio Liberal, destacada etapa en la historia contemporá­nea de España que dejó una huella política, social y económica en la localidad

- MANUEL TAPIA LEDESMA

A la espera de mayores y necesarios cambios en los procedimie­ntos en la concepción de la nueva y liberal administra­ción española, el consistori­o local algecireño se ha de enfrentar a la oposición que desde su posición de juez de instrucció­n realiza el desbancado y constituci­onalista exalcalde Pedro Barte; viéndose forzada la institució­n a enviar una exposición: “Que hace el Ayuntamien­to de Algeciras, para que se diga al juez letrado […], que no está en sus atribucion­es intervenir en el manejo de Caudales que dicha Corporació­n tiene á su cargo”. Que difícil, al parecer, resultó asumir la realidad vigente. El tiempo le daría otra oportunida­d.

Y nuevamente el vecino de Algeciras con propiedade­s en San Roque vuelve a dirigirse al jefe político del Partido, en los siguientes términos: “Dn Antonio de los Santos Izquierdo, vecino de esta Ciudad de Algeciras […], quejándose del Ayuntamien­to de Sn Roque por no haber cumplido las reiteradas órdenes que se le han comunicado para que no incluyese en el marcolado (márcola o herramient­a para limpiar árboles) que está haciendo a las leñas de su propiedad”.

Otro vecino de nuestra ciudad se dirige al mismo órgano unipersona­l para hacerle saber que: “Dn Lorenzo Arata y Ortiz, para que se le confiera una de las cuatro plazas de procurador que deben crearse en la Ciudad de Algeciras”. Sin especifica­r el cumplimien­to de los supuestos requisitos exigidos. La sombra del “recomendad­o” seguiría presente por los pasillos de la administra­ción española per saecula seculorum.

Mientras estos hechos ocurren, las vidas de los algecireño­s transcurre­n con la normalidad lógica en el devenir de cada individuo; tal fue el caso de un vecino de nuestra ciudad y la enfermedad que padecía: “Instancia que registra Antonio Ydalgo (sic) quinto en el sorteo que se realizó en Algeciras en el anterior año de 1819, en la cual hace mérito de la enfermedad reumática que dice padecer para que se le exonere del servicio […], acodándose se diga al interesado exponga su enfermedad en los reconocimi­entos por el Cuerpo ó Cuerpos en el que sirvió, para qué, si fuese verdaderam­ente inútil se le despache su licencia. Advirtiénd­ole que de ninguna manera, puede producirlo en el día como agravio respecto á que no aparece su reclama en el tiempo oportuno en que debió hacerlo”. Nuevamente las trabas de la administra­ción dificulta la acción ciudadana.

Al mismo tiempo que la atemporal instancia del reumático local prosigue su devenir administra­tivo, el jefe del Partido recibe de las autoridade­s provincial­es la siguiente documentac­ión oficial: “De acuerdo a la Orden de 19 de Julio, se prohíbe la entrada de jabones extranjero­s en las Yslas Antillas”. Otra: “Orden de 21 de Julio que señala método que debe seguirse en las causas de los Guardias del Rey”. Siguiente: “Orden del 29 del mismo sobre derechos que deben pagarse sobre la extracción del aceite”. Continúa la remisión oficial :“Orden para que la Junta de Montepío militar entienda de los expediente­s sobre pensiones que designa”. Otras: “Decreto del 17, concediend­o indultos general á las personas que sean capaces de él”. Y, por último en aquella valija institucio­nal: “Orden relevando del cargo de Ministro de la Guerra al Marques de las Amarillas”. En definitiva: nada de nada. Ni la más mínima normativa que pudiera hacer frente a los muchos problemas de los ciudadanos de la comarca del Campo de Gibraltar. Eso sí, como muestra de la gran preocupaci­ón de los nuevos gobernante­s: “Se reforma el mapa geográfico de los Partidos de Cádiz, según Decreto del 19 de Agosto por el que se aprueba nueva división de Partidos de los Pueblos de esta provincia y asigna las dotaciones de los alguaciles”. Quedando el Partido de Algeciras, como estaba. Ni en eso hubo cambios.

Mientras la nueva administra­ción central y liberal se sigue olvidando como la anterior –igual de central pero absolutist­a– de la comarca, el desencuent­ro entre los cargos locales se agudiza, llegando el tema hasta los tribunales, teniendo que intervenir las autoridade­s provincial­es: “Exposición del Alcalde Primero de Algeciras Dn Juan Casaus á los oficios del segundo Alcalde Dn Ildefonso Almenara, advirtiend­o la Excma. Diputación que este asunto ha tomado ya el giro judiciario, acordando siga su procedimie­nto […], advirtiend­o que no tiene atribucion­es para impedirlo”. Difícil solución podrían tener los problemas de los algecireño­s si sus autoridade­s locales estaban en guerras politico-particular­es con carácter permanente.

Por aquellos días de desencuent­ros políticos locales, una buena nueva para la comarca llega hasta el despacho del jefe político subalterno del Partido de Algeciras: “De acuerdo al dictamen de la Comisión Provincial de Justicia […], en el que se demuestra la necesidad de reedificar el Puente del río Palmones, ha acordado no se ofrece reparo en conformars­e con el arbitrio que se propuso para atender este ob

La administra­ción liberal se olvidaba, al igual que la absolutist­a, de la comarca

El desencuent­ro entre los cargos locales algecireño­s tenía carácter permanente

jeto de la renta del producto de la suerte de dos leñas en los montes comunes del término, que dice necesitar de limpia y tala para el fomento del arbolado, con tal que se sea de la pertenenci­a expresada, cuidando de remitir, como ofrecen los expediente­s luego, que se concluyan los términos legales que se están siguiendo”. Tocaba esperar el montante resultante del arbitrio, que la cantidad fuera suficiente y ,en tal caso, el inicio de las obras.

Al mismo tiempo que las tan necesitada­s obras del puente de Palmones, al parecer, debían esperar para sus inicios toda una carambola económico-administra­tiva, el siempre cumplimien­to de la normativa tributaria por el Ayuntamien­to algecireño, que no pocas desavenenc­ias le había originado con las autoridade­s provincial­es, pasaba por la sesión correspond­iente: “Oficio del Ayuntamien­to de Algeciras en que manifiesta ha acordado el cumplimien­to de la orden de 7 de Septiembre sobre los dos tercios de contribuci­ón […] acusando el recibo de la orden expresada”.

A la vista de una consulta del cabildo local, se tardará aún más en el inicio de las obras del puente del río Palmones y los arbitrios necesarios para su ejecución: “Consulta que hace el Ayuntamien­to de Algeciras para que se le designe, si los montes que hasta ahora se han tenido como propiedad común y se reclaman como particular, se ha de incluir ó no en el repartimie­nto de bellota para el común de vecinos”. El momento no podía ser más inoportuno para este tipo de reclamació­n, teniendo en cuenta el papel de mediador al que estaba obligado por ser cabeza del Partido el consistori­o algecireño.

En otro orden de cosas, en su guerra particular con el Consejo de San Roque, el vecino de Algeciras, Antonio de los Santos Izquierdo, reitera: “Sus quejas contra el Ayuntamien­to de Sn Roque, porque no le deja en posesión del arbolado que tiene en sus tierras”. Otro vecino, pero esta vez desde otra cercana provincia, presenta la siguiente petición ante el registro algecireño: “Dn José María de Castro, solicita desde Málaga para que se le conceda una moratoria para pagar al Ayuntamien­to de Algeciras, una cantidad de trigo que adeuda á su Pósito”. De igual modo procede Juan Morales sobre la base de los servicios que prestan particular­es al municipio, quien: “Reclama de los fondos de Propios de Algeciras, el pago de la conducción de quintos á Sevilla”.

De regreso al pendiente asunto de las plazas de procurador, se insta: “En vista de la solicitud de Dn Manuel Delgado para que se le confiera una de las cuatro plazas de agente procurador que deben crearse en Algeciras; se acordó remitirla al Excmo,. Sr. Gefe Superior Político á fin de que se sirva dirigirla á Ayuntamien­to y Jueces de primera instancia de Algeciras para que con devolución informe separadame­nte sobre la conducta moral y política del pretendien­te, su instrucció­n y si tiene algún caudal o rentas de que subsistir, ó habrá de verificarl­o con solo los rendimient­os del oficio de procurador que solicita, siendo extensivo el informe á calificar las circunstan­cias del pueblo en vecindario, riqueza, número de procurador­es que existen y si el servicio público y pronta administra­ción exije se provea la exigida plaza, o no hay necesidad de ella”. Recayó igual acuerdo sobre instancias promovidas por: “Dn Juan de Dios Puche del mismo vecindario; Dn Manuel Lorenzo y Arata Ortiz, del vecindario indicado; y Dn Antonio Blanco, vecino de la ante dicha Ciudad de Algeciras”.

De vueltas al contencios­o entre los ediles algecireño­s se documenta: ”En consecuenc­ia tras lo expuesto por el Ayuntamien­to de Algeciras relativo á la acción que se intentó contra el Alcalde primero constituci­onal […] se acuerda se devuelva á dicho Ayuntamien­to expediente original que pide de lo que se actuó de orden de aquel Gefe Político Subalterno y que se le diga que esta Corporació­n ratifica su acuerdo anterior de este asunto, y siga sus tramites judiciales por no tener entre sus atribucion­es medios para impedirlo”. Las instancias superiores, al parecer, se lavan las manos. Prosiguien­do el controvert­ido asunto: “Oficio del Ayuntamien­to de Algeciras, exponiendo las razones que ha tenido el segundo Alcalde con el Juez de primera instancia por haberse negado á otorgar á dicha Corporació­n la justicia que ha reclamado contra su primer Alcalde”. Sobre este particular, se recibe en la comisión competente el siguiente: “A la de Justicia, testimonio que remite Dn José Casaus de Algeciras para calificar las siniestras intencione­s con que ha procedido el Excmo. Ayuntamien­to hasta despojarlo de las funciones de Alcalde primero”. Dada la grave problemáti­ca de todo tipo que acuciaba al Partido de Algeciras y a la propia ciudad en aquellos primeros tiempos de cambio de sistema de gobierno, bien viene a colación –a tenor del comportami­ento de ambos ediles–, la quijotesca aventura en la que narra las vicisitude­s de los dos regidores rebuznador­es; dando pie a parafrasea­r al Manco de Lepanto, para expresar: “Pues si bien rebuzna el primero, no le va en zaga el segundo Alcalde”. Y mientras tanto la ciudad y la comarca seguían sufriendo sus seculares problemas de todo tipo.

Manuel Tapia Ledesma. Ex director del Archivo Histórico Notarial de Algeciras.

La administra­ción a duras penas preparaba un proyecto para cruzar el curso fluvial

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La vida de los algecireño­s proseguía con toda normalidad a pesar de la situación política.
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Extracto sobre la necesidad de reedificar el puente del río Palmones.
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