Re­vo­lu­ción fla­men­ca

Más li­bres, más com­pro­me­ti­das, pe­ro sin re­nun­ciar a sus prin­ci­pios. Reuni­mos a tres gran­des mu­je­res del fla­men­co para ha­blar­nos de có­mo ha evo­lu­cio­na­do su ar­te, si han con­se­gui­do sus sue­ños y qué es­pe­ran del fu­tu­ro.

Glamour (Spain) - - Contents - Tex­to: Elena Man­da­cen. Fo­tos: Cris­ti­na Ló­pez. Es­ti­lis­mo: Al­ba Ro­ces

Tras­pa­san­do fron­te­ras y con más fuer­za que nun­ca, el fla­men­co vuel­ve a via­jar a Pam­plo­na del 21 al 26 de agos­to, con­vir­tien­do es­ta ciu­dad en un es­ca­pa­ra­te del me­jor ta­len­to ac­tual. Y es que allí ten­drá lu­gar la quin­ta edi­ción del fes­ti­val Fla­men­co On Fi­re, uno de los más im­por­tan­tes de Es­pa­ña, y que es­te año es­tá de­di­ca­do a la mu­jer fla­men­ca. La me­jor ma­ne­ra de sa­ber lo que es­to sig­ni­fi­ca y lo que nos va­mos a en­con­trar es ha­blan­do con tres de las ar­tis­tas que se su­birán al es­ce­na­rio: Eva Yer­ba­bue­na, Ro­sa­rio Gue­rre­ro ( La Tre­men­di­ta), Be­lén Ló­pez, tres to­rren­tes de fuer­za que da­rán lo me­jor de sí mis­mas. Dé­ja­te se­du­cir por ellas.

Be­lén Ló­pez EL LA­DO MÁS FE­ME­NINO DEL BAI­LE

Di­ce que na­ció de pie, con los za­pa­tos de bai­le pues­tos. “A mi ma­dre no le die­ron ni un pun­to, me tu­vo con 42 años, que es una edad di­fí­cil y fue un par­to muy so­na­do, por eso di­go siem­pre esa fra­se.” A sus 32 años, Be­lén Ló­pez es una de las gran­des bai­lao­ras de fla­men­co, al­guien que se subió por primera vez a las ta­blas con cin­co años, pre­ci­sa­men­te en un ho­me­na­je a la gran Car­men Ama­ya y que con so­lo 17 años, ya te­nía su pro­pia com­pa­ñía. Be­lén lle­va­rá has­ta Pam­plo­na su es­pec­tácu­lo Fla­men­ca, en el que des­nu­da su al­ma des­de el pun­to de vis­ta ar­tís­ti­co para re­fle­jar lo que sien­te: des­de lo más sim­ple a lo más com­ple­jo. “Es un enor­me re­to para mí ya que me en­fren­to yo so­la a una ho­ra y me­dia de es­pec­tácu­lo.” GLA­MOUR: ¿Có­mo de­fi­ni­rías a la mu­jer fla­men­ca hoy en día? BE­LÉN: Lo que nos di­fe­ren­cia del res­to es que so­mos fla­men­cas, so­lo eso, so­mos mu­je­res co­mo las de­más, sen­ti­mos, vi­vi­mos, uti­li­za­mos el ar­te co­mo len­gua­je, usa­mos la ex­pre­sión del cuer­po para ello. Y so­mos la voz de mu­chas mu­je­res que no pue­den o no se atre­ven a ha­blar. GLA­MOUR: Pe­ro su evo­lu­ción ha si­do in­creí­ble. BE­LÉN: Sí, sin du­da, nos po­de­mos re­mon­tar a otros tiem­pos don­de el cam­bio fue más brus­co, aho­ra ya no te sor­pren­de na­da, es­ta­mos en una épo­ca en la que “to­do va­le”. Para mí si­gue ha­bien­do lí­mi­tes en mi for­ma de ver el fla­men­co, lo que ha me­jo­ra­do es la téc­ni­ca, la ba­se es la mis­ma que cuan­do em­pe­zó. Pue­des evo­lu­cio­nar o no. Pue­des ha­cer­lo ge­nial, pe­ro no es fla­men­co. La evo­lu­ción de la mu­jer en el fla­men­co em­pie­za con La Sin­gla y Car­men Ama­ya, que se pu­so pan­ta­lón por primera vez, eso es re­vo­lu­cio­nar el fla­men­co, de­cir: “Oye, no es­toy pro­vo­can­do, sim­ple­men­te za­pa­teo co­mo un hom­bre y ten­go su mis­ma fuer­za”. GLA­MOUR: Be­lén, siem­pre has si­do una mu­jer fuer­te y con mu­cha ini­cia­ti­va. Con 17 años ya te­nías tu pro­pia com­pa­ñía de bai­le. BE­LÉN: No fue al­go bus­ca­do por­que no creía que fue­se el me­jor mo­men­to para crear una com­pa­ñía, ni me veía pre­pa­ra­da con esa edad. Soy rea­lis­ta y siem­pre he vi­vi­do con los pies en la tie­rra, y yo pen­sa­ba que era ne­ce­sa­rio te­ner más ma­du­rez y ex­pe­rien­cia. Pe­ro me en­con­tré con una per­so­na que me en­ga­ñó, que po­nía el di­ne­ro y me ofre­ció ga­las que ni si­quie­ra exis­tían, me de­jó un ves­tua­rio que a día de hoy lo es­toy pa­gan­do, me de­jó una hi­po­te­ca… De re­pen­te des­apa­re­ció y nos que­dó la deu­da a mi ma­dre y a mí. Ella, que era una

mu­jer de­ci­di­da y fuer­te, me di­jo: “Hi­ja, te­ne­mos dos op­cio­nes, pa­ga­mos el ves­tua­rio y nos lo co­me­mos o lo pa­ga­mos y se­gui­mos con la com­pa­ñía”. Y eso hi­ci­mos. GLA­MOUR: ¿Qué sien­tes cin­co mi­nu­tos an­tes de sa­lir al es­ce­na­rio? BE­LÉN: Uff…mi co­ra­zón se po­ne a mil, tra­tas de es­tar con­cen­tra­da... siem­pre ha­go una ora­ción por­que soy cris­tia­na y me da mu­cha paz. Lo que ven­go sin­tien­do úl­ti­ma­men­te es mu­cha paz, más que fe­li­ci­dad, es­toy en un mo­men­to es­ta­ble de mi vi­da, con mi ca­sa y mis ni­ños. Hu­bo un mo­men­to peor en mi vi­da, con la en­fer­me­dad de mis pa­dres, su pér­di­da, fue muy fuer­te, fue­ron años de ti­nie­blas, de co­sas feas; y aho­ra eso ha cam­bia­do, les año­ro mu­cho. Y a la ho­ra de sa­lir a can­tar pa­san por mi ca­be­za mis ni­ños, mis pa­dres, mi pre­sen­te y eso es lo que quie­ro ex­pre­sar­le al pú­bli­co. GLA­MOUR: ¿Có­mo te pre­pa­ras para ello? BE­LÉN: Yo tra­ba­jo mu­cho mi men­te y aho­ra es­toy dan­do cla­ses en la es­cue­la Amor de Dios con una pro­fe­so­ra es­tu­pen­da, lo he re­des­cu­bier­to y da re­sul­ta­do: ser po­si­ti­vo, es bueno no echar­se el pe­so en­ci­ma. GLA­MOUR: Has es­tu­dia­do fla­men­co con fi­gu­ras co­mo Eva Yer­ba­bue­na, que es­ta­rá tam­bién en el fes­ti­val. ¿Qué me pue­des de­cir de ella? BE­LÉN: Eva es una de las pio­ne­ras, ha sa­bi­do dar­le un em­pu­jón al fla­men­co, pe­ro sin sa­lir­se del ties­to. Es una maes­tra y eso es ser in­te­li­gen­te. Ella es un re­fe­ren­te del ti­po de fla­men­co que se es­tá ha­cien­do aho­ra mis­mo, mu­cho más fe­me­nino, bus­can­do el cuer­po, bus­can­do los efec­tos.

Ro­sa­rio Gue­rre­ro LA IN­QUIE­TUD NO CO­NO­CE LÍ­MI­TES

Para de­fi­nir­la bas­tan po­cas pa­la­bras: ar­tis­ta po­li­fa­cé­ti­ca e in­te­gra­do­ra. Y es que la can­tao­ra tria­ne­ra Ro­sa­rio Gue­rre­ro, La Tre­men­di­ta, siem­pre ha te­ni­do cla­ro que a pe­sar de ve­nir de un am­bien­te tra­di­cio­nal, ella siem­pre ha sen­ti­do que te­nía que tra­ba­jar por li­bre. GLA­MOUR: Es­te año Fla­men­co on Fi­re es­tá de­di­ca­do a la mu­jer fla­men­ca, ellas son las pro­ta­go­nis­tas ab­so­lu­tas. ¿Qué sig­ni­fi­ca es­to para ti? RO­SA­RIO: Co­mo mu­jer me sien­to muy afor­tu­na­da, es cier­to que la mu­jer en cual­quier ám­bi­to es­tá dan­do muy fuer­te, y en la mú­si­ca, co­mo el fla­men­co, la gui­ta­rra, el bai­le, es­ta­mos con mu­cha fuer­za, dán­do­le una vuel­ta de tuer­ca. In­ten­tan­do que el fla­men­co se una con otras mú­si­cas, dis­ci­pli­nas y que ge­ne­re un in­te­rés so­bre to­do en las ge­ne­ra­cio­nes más jó­ve­nes. GLA­MOUR: Tu ter­cer dis­co, De­li­rium Tre­mens, es mu­cho más rompe­dor y au­tén­ti­co, un via­je lleno de emo­cio­nes. RO­SA­RIO: Cuan­do una ar­tis­ta ter­mi­na un dis­co siem­pre pien­sa que es el más au­tén­ti­co. Es­te dis­co es un cie­rre y aper­tu­ra de ci­clo, para mí ha si­do, emo­cio­nal­men­te ha­blan­do, un cam­bio muy gran­de. Son cua­tro mo­vi­mien­tos, un via­je fuer­te, un dis­co que nun­ca pen­sé que fue­se po­si­ti­vo y que cuan­do lo es­cu­cho me crea bue­na sen­sa­ción. La es­té­ti­ca so­no­ra del di­rec­to es to­tal­men­te dis­tin­ta de la del dis­co, pe­ro por­que mi in­ten­ción era que el dis­co evo­lu­cio­na­se a la par que yo. GLA­MOUR: En él tam­bién co­la­bo­ran Es­tre­lla Mo­ren­te y Jo­se­mi Car­mo­na. ¿Có­mo ha si­do la ex­pe­rien­cia? RO­SA­RIO: Son ar­tis­tas con los que te crías con su so­ni­do des­de pe­que­ña. Yo con la fa­mi­lia Mo­ren­te he cre­ci­do, se es­cu­cha­ba en ca­sa y con los Ke­ta­ma igual. Yo no so­lía can­tar se­vi­lla­nas, pe­ro me pu­se a crear una y re­co­noz­co que me re­cor­da­ba mu­cho a Es­tre­lla y pen­sé ¡ella lo iba a ha­cer de ma­ra­vi­lla! Ade­más, siem­pre que la lla­mas, al igual que Jo­se­mi, es­tá dis­po­ni­ble. GLA­MOUR: ¿Crees que con tu mú­si­ca has con­se­gui­do re­vo­lu­cio­nar el fla­men­co? RO­SA­RIO: Yo so­lo tra­to de ex­pre­sar mi mú­si­ca de la ma­ne­ra mas cohe­ren­te y sen­sa­taw con­mi­go mis­ma. Y sin pre­ten­sión de re­vo­lu­cio­nar na­da. Lo úni­co que quie­ro es que la gen­te se sien­ta iden­ti­fi­ca­da con lo que ha­go, y que me de­jen can­tar. Po­der co­ger la gui­ta­rra to­dos los días. GLA­MOUR: Tu de­but en so­li­ta­rio fue en 1993 y así ini­cias­te una tra­yec­to­ria que te ha lle­va­do a es­ce­na­rios na­cio­na­les e in­ter­na­cio­na­les. RO­SA­RIO: Los fla­men­cos nos subimos a un es­ce­na­rio ca­si cuan­do no sa­be­mos ni ha­blar (ri­sas). Es­ta ca­rre­ra em­pie­za co­mo un jue­go de ni­ñas, don­de tú eres muy gra­cio­sa, pe­ro con los años em­pie­za a ve­nir la pro­fe­sión tal y co­mo es real­men­te, y ya es una de­ci­sión tu­ya. Des­de pe­que­ña em­pe­cé a ir­me de gi­ra, a tra­ba­jar en los fes­ti­va­les de fla­men­co, en mi ca­sa mi pa­dre fue muy exi­gen­te con­mi­go y cuan­do me pre­gun­tó si que­ría de­di­car­me en se­rio al fla­men­co le di­je que sí. Des­de pe­que­ña he pa­sa­do mu­chas ho­ras con la mú­si­ca, ro­dea­da de ins­tru­men­tos y eso hi­zo que ama­se mi pro­fe­sión. No nos ol­vi­de­mos que amar tu pro­fe­sión es fun­da­men­tal, pe­ro no so­lo la par­te po­si­ti­va de to­do es­to sino tam­bién la ma­la. Ha­bla­mos de es­tar 24 ho­ras me­ti­da en un es­tu­dio, que es lo que real­men­te me gus­ta, esa ha si­do mi vi­da, mu­chas gi­ras,

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