Có­mo sa­car el má­xi­mo Par­ti­do a Tu Tinder

GQ (Spain) - - Reportajes - Por Ja­vi Sán­chez

An­tes de caer en des­gra­cia, los crea­do­res de Tinder nos con­ta­ban que su ap­pes­ta­ba he­cha "pa­ra la amis­tad". Qui­zá, pe­ro como va­lor aña­di­do. Pa­ra el via­je­ro so­li­ta­rio, Tinder no es so­lo la he­rra­mien­ta pa­ra li­gar cuan­do ju­ga­mos en ca­sa, sino tam­bién una for­ma de des­cu­brir la ciu­dad que se vi­si­ta. ¿El se­cre­to? Los li­kes­de Fa­ce­book. An­tes de sa­lir de va­ca­cio­nes, com­prue­ba que tus li­kes–tu ver­da­de­ra bioen Tinder, a efec­tos de com­pa­ti­bi­li­dad– re­fle­jan tus gus­tos y pre­fe­ren­cias. Eli­mi­na la mo­rra­lla ti­po "Se­ño­ras que son Bat­man" y de­ja so­lo mú­si­ca, co­mi­da y afi­cio­nes. Una vez en tu des­tino, pau­sa un po­co la ve­lo­ci­dad con la que descartas o se­lec­cio­nas en la app, bus­can­do mu­je­res más com­pa­ti­bles. A Tinder le sien­ta muy bien la espontaneidad, ade­más. Una vez con­si­gas el match, tie­nes el men­sa­je de aper­tu­ra per­fec­to (más que na­da por­que es cier­to): "Ho­la, soy de tal si­tio, es­toy de va­ca­cio­nes y he vis­to que te gus­tan (un par de gru­pos in­die­sin­fa­li­bles, por ejem­plo). No co­noz­co na­da por aquí don­de (pon­gan esa mú­si­ca/sir­van ese cóc­tel fa­vo­ri­to/ la va­rian­te es­co­gi­da). ¿Me ha­rías de guía?". En un par de lí­neas has de­ja­do cla­ro que eres un exó­ti­co tu­ris­ta dis­po­ni­ble, que te­néis gus­tos en co­mún y es­tás pro­po­nien­do aven­tu­ra in­ver­sa (que te ha­gan de ci­ce­ro­ne, uno de los ro­les fa­vo­ri­tos de la gen­te de bien). Y te apro­ve­chas del efec­to­fran­klin, ese me­ca­nis­mo pis­co­ló­gi­co por el que pe­dir fa­vo­res te ha­ce más atrac­ti­vo. To­dos sa­len ga­nan­do: tú, tus va­ca­cio­nes, y, por su­pues­to, tus mat­ches.

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