EN­TRE­VIS­TA

Thierry Gi­llier, el fun­da­dor de Za­dig & Vol­tai­re, la fir­ma fran­ce­sa más rock & roll.

GQ (Spain) - - Sumario - POR CAR­MEN ROSA

thierry Gi­llier (Tro­yes, 1959) es un lo­co de la mú­si­ca, así que un buen día mon­tó un se­llo dis­co­grá­fi­co pa­ra edi­tar los gru­pos que le gus­ta­ban. Tam­bién le apa­sio­na el ar­te y, des­pués de es­tu­diar ci­ne y ar­te en Nue­va York, co­men­zó a re­unir obras con­tem­po­rá­neas has­ta con­ver­tir­se en uno de los co­lec­cio­nis­tas pri­va­dos más respetados del sec­tor. To­do es­to al tiem­po que fun­da­ba, ca­pi­ta­nea­ba y ren­ta­bi­li­za­ba de ma­ra­vi­lla una de las mar­cas tex­ti­les con más gla­mour, Za­dig & Vol­tai­re. Hoy sus ofi­ci­nas pa­re­cen pi­na­co­te­cas; las inau­gu­ra­cio­nes de sus tien­das, con­cier­tos; sus co­lec­cio­nes, pu­ro rock and roll; y él, el Za­dig de Vol­tai­re. GQ: Es­te 2015 Za­dig & Vol­tai­re cum­ple 20 años. ¿Cuá­les con­si­de­ras que han si­do los mo­men­tos más es­pe­cia­les de es­ta aven­tu­ra? THIERRY GI­LLIER: Ya la idea mis­ma con la que na­ció fue un re­to enor­me. Una mar­ca de ro­pa que con­vi­vie­se a la per­fec­ción con el di­se­ño y el ar­te. Ade­más, la bau­ti­cé como un cuen­to de Vol­tai­re (Za­dig o el des­tino) por­que que­ría que el co­ra­je del per­so­na­je y su ma­ne­ra de afron­tar el des­tino fue­ran su ins­pi­ra­ción. Tam­bién tu­ve muy cla­ro des­de el prin­ci­pio que el cash­me­re se­ría el ma­te­rial que man­da­ría, y que siem­pre nos di­fe­ren­cia­ría un to­que rockero en el tra­ta­mien­to de los te­ji­dos, como con los jeans agu­je­rea­dos o las ca­mi­se­tas de red. Fue re­la­ti­va­men­te ló­gi­co que al prin­ci­pio nos cos­ta­ra gus­tar, la gen­te te­nía que en­ten­der to­da la fi­lo­so­fía al­re­de­dor de las pren­das. Así que la pri­me­ra ale­gría fue cuan­do em­pe­cé a ver gen­te por la ca­lle con nues­tras co­lec­cio­nes. GQ: Ha­ce diez años lle­gó la colección de hom­bre, en la que hoy ve­mos ca­mi­se­tas es­tam­pa­das con le­mas: Paz, Rock, Hé­roes. ¿Qué sig­ni­fi­can pa­ra ti es­tas pa­la­bras? T. G.: Paz, es­tá cla­ro. Rock es una de las se­ñas de iden­ti­dad de la mar­ca. Y hé­roes, ¿quién no tie­ne hé­roes? Yo ten­go mu­chos. Ar­tis­tas, di­rec­to­res de ci­ne, mú­si­cos, ac­to­res. Pre­ci­sa­men­te ayer es­tu­ve ce­nan­do con Ha­rri­son Ford. Él es un mi­to, un icono eterno como Mic­key Mou­se, y ade­más en per­so­na es exac­ta­men­te igual a como uno se lo ima­gi­na­ba vien­do In­dia­na Jo­nes o Star Wars . Él es uno de mis hé­roes. GQ: ¿Con quién iden­ti­fi­ca­rías el hom­bre Za­dig & Vol­tai­re? ¿Es hoy un hom­bre di­fe­ren­te al que ima­gi­nas­te al arran­car la lí­nea mas­cu­li­na? T. G.: Aun se­gui­mos bus­can­do, pe­ro te pue­do de­cir que tie­ne que ser un ti­po que re­pre­sen­te el rock and roll pe­ro que a su vez sea un icono de la mo­da. Hay mu­chos, como David Bo­wie, por ejem­plo. Al pen­sar en la en­car­na­ción del hom­bre Za­dig & Vol­tai­re, me vie­ne un nom­bre a la men­te: Mick Jagger. Con ta­len­to, de per­so­na­li­dad arro­lla­do­ra, sal­va­je pe­ro a la vez so­fis­ti­ca­do. GQ: ¿Qué con­se­jo te da­rías a ti mis­mo en 1995, o a al­guien que da sus pri­me­ros pa­sos en el mun­do de la mo­da como em­pre­sa­rio y crea­ti­vo? T. G.: Que ten­ga ideas fres­cas. Que no se li­mi­te a la mo­da y mi­re más allá, a otros cam­pos, has­ta en­con­trar al­go di­fe­ren­te que na­die más ha­ga. Es un mun­do muy com­pe­ti­ti­vo y no hay es­pa­cio pa­ra to­dos, así que pa­ra triun­far hay que di­fe­ren­ciar­se.

"Al pen­sar en la en­car­na­ción del hom­bre Za­dig & Vol­tai­re, me vie­ne un nom­bre a la men­te: Mick Jagger"

Thierry Gi­llier, CEO y fun­da­dor de Za­dig & Vol­tai­re.

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