QUE INSPIRR THAT INS­PI­RED THE EL CLÁ­SI­CO MÁS DI­VER­TI­DO

GQ (Spain) - - Salir -

EL CLÁ­SI­CO DEL La ra­zón por la que creé El­jo­ven­ci­to Fran­kens­tein (1974) fue por­que cuan­do te­nía 5 o 6 años es­ta­ba com­ple­ta­men­te ate­rro­ri­za­do por Fran­kens­tein (Ja­mes Wha­le, 1931). No po­día sa­car­me de la ca­be­za la ca­ra de Bo­ris Kar­loff. Lo veía en ca­da ca­lle­jón, en ca­da rincón os­cu­ro. Una ca­lu­ro­sa no­che de ju­lio le pe­dí a mi ma­dre que ce­rra­ra la ventana de mi ha­bi­ta­ción y en 1931 en Brooklyn no ha­bía ai­re acon­di­cio­na­do. Le ex­pli­qué que Fran­kens­tein (que es como erró­nea­men­te lla­ma­mos al Mons­truo) iba a atra­par­me. Y como la ventana de mi ha­bi­ta­ción da­ba a la es­ca­le­ra de in­cen­dios, le se­ría fá­cil tre­par y aplas­tar­me como un in­sec­to. Mi ma­dre me ex­pli­có que ten­dría que es­ca­par de su só­tano en Transilvania y re­unir el di­ne­ro pa­ra com­prar un bi­lle­te de tren que lo lle­va­ra has­ta Ham­bur­go. Tras eso, ten­dría que con­se­guir más di­ne­ro pa­ra to­mar un bar­co de Ham­bur­go a Nue­va York y ave­ri­guar cuál era el me­tro co­rrec­to que lo lle­va­ra a Brooklyn. Ten­dría que pre­gun­tar­le a mu­cha gen­te has­ta en­te­rar­se de dón­de vi­vía yo, y es­ta­ba se­gu­ra de que na­die se lo di­ría. Le di­je: "¡Va­le, de­ja la ventana abier­ta!". Y así es como es­toy vi­vo a día de hoy.

CI­NE DE TE­RROR

MEL BROOKS

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