GQ LIS­TAS

Si di­ces gym­li­ga­rás me­nos de lo que po­drías, a pe­sar de que es­tés gordo. Pe­ro… si no es­tás gordo, ¿pa­ra qué vas al gym? (*)

GQ (Spain) - - Sumario -

Apren­de a li­gar

en el gim­na­sio en 37 pa­sos.

1.

Es­ta­mos en abril y ya no da tiem­po a que con­cre­tes una ope­ra­ción bi­qui­ni exi­to­sa.

2.

Ni tú ni to­dos los de­más que se apun­ten es­te mes al gim­na­sio.

3.

Así que el nú­me­ro de fon­don­ci­llos por me­tro cua­dra­do tam­po­co va a re­du­cir­se es­te año. Y va­mos a ca­ber peor en Es­pa­ña.

4.

Pe­ro eso no sig­ni­fi­ca que de­bas de­jar de apun­tar­te al gim­na­sio.

5.

Si no te apun­ta­ras al gim­na­sio, los gim­na­sios ce­rra­rían. Y tu so­bri­na Ele­na (sin ha­che), que tra­ba­ja de mo­ni­to­ra en uno, se que­da­ría en el pa­ro.

6.

Ella en el pa­ro y tú gordo. Fer­nan­do León de Ara­noa ya es­tá es­cri­bien­do un guión so­bre vues­tra vi­da.

7.

Así pues, pe­se a que el gim­na­sio no sir­ve pa­ra lo que crees que sir­ve, de­bes per­ma­ne­cer apun­ta­do pa­ra que el PIB no se des­mo­ro­ne y pa­ra más co­sas.

8.

. Re­do­ble de tam­bo­res.

9.

You're not in my fuc­king tem­po.

10.

Se­gun­do re­do­ble de tam­bo­res.

11.

Si­gues sin es­tar en mi fuc­king­tem­po.

12.

Es­qui­vas por los pe­los la flau­ta dul­ce que te aca­bo de arro­jar.

13.

Si al fi­nal no es­tás en tan ma­la for­ma.

14.

A ver, re­pi­te el re­do­ble.

15. Mi­ra, te es­tás ade­lan­tan­do, pe­ro co­mo no aca­be­mos con

es­to me voy a pa­sar de pá­gi­na.

16. Re­ca­pi­tu­le­mos.

17.

Al prin­ci­pio Dios creó el cie­lo y la tie­rra.

18.

En­ton­ces Dios di­jo: "Há­ga­se la luz". Y la luz se hi­zo.

19.

Dios vio que la luz era bue­na, y se­pa­ró la luz de las ti­nie­blas y lla­mó día a la luz y no­che a las ti­nie­blas. Así hu­bo una tar­de y una ma­ña­na: es­te fue el pri­mer día.

20.

Un tiem­po des­pués (apro­xi­ma­da­men­te en el 1.200 a. C.) in­ven­tó los gim­na­sios por me­dio de sus hi­jos los an­ti­guos grie­gos.

21. En los gim­na­sios grie­gos, los grie­gos no ves­tían ma­llas fluo­res­cen­tes ya que iban li­ge­ros de cas­cos. Su­do­ro­sos, se­mi­des­nu­dos y pre­dis­pues­tos al pe­ca­do. Co­mo en Gran Her­mano.

22.

Es eso lo que quie­ro que vi­sua­li­ces.

23.

Hoy la gen­te, pe­se a que sí lle­va ma­llas fluo­res­cen­tes, si­gue su­dan­do y si­gue en­se­ñan­do par­tes de su cuer­po en el gim­na­sio (al­gu­nos lo lla­man gym,pe­se a que Dios lo des­acon­se­ja).

24.

He­mos lle­ga­do. Si es­tás en mi mis­mo tem­po,sa­brás que el gim­na­sio es un buen lu­gar don­de co­no­cer­se.

25.

En GQ en­tre­vis­ta­mos a mo­de­los y a ac­tri­ces y, cuan­do les pre­gun­ta­mos, to­das nos co­men­tan que re­sul­ta bas­tan­te te­dio­so sor­tear pi­ro­pos po­chos

de vo­yeur­sen el gym.

26.

Pe­ro eso es por­que les suel­tan pi­ro­pos de cu­ñaos.

27.

Tú te li­mi­ta­rás a de­cir: "Ho­la, ¿qué tal? Me lla­mo Jo­se [por pu­ra es­ta­dís­ti­ca, lo nor­mal es que te lla­mes Jo­se], ¿y tú?", y le abri­rás las puer­tas a la chi­ca que te gus­ta cuan­do quie­ra pa­sar y te en­cuen­tres cer­ca del po­mo.

31. Así, pa­sa­do un mes de small­talk,po­drás apun­tar­te a una que­da­da de gru­pi­to (a la que ella con suer­te acu­di­rá) o re­uni­rás el va­lor su­fi­cien­te pa­ra in­vi­tar­la a un tra­go ex­tra­mu­ros.

32. Pe­ro cen­tra el ti­ro. Es­to es: si te com­por­tas así con to­das, cria­rás cier­ta fa­ma.

33. Y si crías cier­ta fa­ma, lo me­jor es que te eches a dor­mir.

28.

Y de tan­to en tan­to, sin ago­biar ni ace­le­rar mu­cho la fre­cuen­cia, le di­rás pe­que­ñas co­ñas ma­ri­ne­ras muy co­yun­tu­ra­les pe­ro un po­qui­to so­fis­ti­ca­das.

29.

No va­le que le ha­bles del tiem­po, ni del nú­me­ro de ki­los que le­van­tas, ni del reality­de ayer.

30.

Más bien com­pór­ta­te co­mo lo ha­rías con la nue­va se­cre­ta­ria de tu ofi­ci­na y, por lo que más quie­ras, apar­ta la mi­ra­da de sus zo­nas sexys.

34. So­lo. Y sin til­de.

35. Nin­guno de los dos 'so­lo' lle­va til­de ya.

36. So­lo co­mo la una.

37. So­lo y gordo .

'MY NA­ME IS SE­LLERS. PE­TER SE­LLERS' Si eres de los que en­sa­ya fren­te al es­pe­jo, no lo ha­gas en el del gim­na­sio. Sal­vo que te lla­mes Pe­ter, lle­ves pi­ja­mi­se­ta­de ra­yas y cal­ce­ti­nes a jue­go. (En ese ca­so, en­sa­ya lo que quie­ras).

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