ES­TO dio de sí EL SIHH 2016

El Sa­lón In­ter­na­cio­nal de la Al­ta Re­lo­je­ría de Ginebra ha inau­gu­ra­do el año re­lo­je­ro an­te 14.500 vi­si­tan­tes –de ellos, 1.200 pe­rio­dis­tas– con la vis­ta pues­ta en un nue­vo ho­ri­zon­te.

GQ (Spain) - - Relojes - Man2.

La 26ª edi­ción del SIHH dio por inau­gu­ra­do el año re­lo­je­ro el pa­sa­do 18 de enero. Allí nos es­pe­ra­ban dos gran­des no­ve­da­des: por un la­do, a las 15 mar­cas ha­bi­tua­les se les su­ma­ban los nue­ve crea­do­res y ta­lle­res in­de­pen­dien­tes del es­pa­cio Ca­rré des Hor­lo­gers (la van­guar­dia y el fri­kis­mo re­lo­je­ro más ex­qui­si­to); por otro, un cam­bio de de­co­ra­ción, de geo­me­tría más mo­der­na y cá­li­da, en el ya le­gen­da­rio es­pa­cio del Pa­lex­po. De puer­tas aden­tro, la ima­gen de ca­da stand se per­so­na­li­za has­ta un pun­to in­sos­pe­cha­do, des­ta­can­do el ya clá­si­co y ex­tra­va­gan­te es­pa­cio de Ro­ger Dubuis o el de IWC Schaff­hau­sen, cu­ya con­sig­na de es­te año era "Co­me fly with us". En lo que a re­lo­jes se re­fie­re, en es­ta edi­ción han pri­ma­do los mo­de­los con com­pli­ca­cio­nes úti­les (cro­nó­gra­fos, hu­sos ho­ra­rios, ca­len­da­rios…), las pie­zas Mé­tiers d'art y los re­lo­jes de con­fi­gu­ra­ción clá­si­ca: for­mas re­don­das, to­nos neu­tros y mo­vi­mien­tos de pre­ci­sión. Asi­mis­mo, han vis­to la luz, en­tre otros, nue­vas co­lec­cio­nes –Drive de Car­tier–, pie­zas de co­lec­cio­nis­ta –como el jue­go de dos re­lo­jes ins­pi­ra­dos en mo­de­los ori­gi­na­rios de 1996 deof­fi­ci­ne Pa­ne­rai– y una ba­te­ría de pie­zas ex­qui­si­tas (nue­ve en to­tal) de Mont­blanc.

• cer­ca de la cos­ta, en Brooklyn Heights. Lle­va un po­lo ne­gro des­co­lo­ri­do y el tí­pi­co mal hu­mor del ur­ba­ni­ta que se ha le­van­ta­do con­mal pie. Nos di­ri­gi­mos a un res­tau­ran­te. Ha ac­ce­di­do a es­te en­cuen­tro por­que es­tá pro­mo­cio­nan­do Bi­llions, la nue­va se­rie de Show­ti­me –aun no sa­be­mos quién la es­tre­na­rá en Es­pa­ña– so­bre el mundo de las fi­nan­zas en la que in­ter­pre­ta a un fis­cal de dis­tri­to con cier­ta afi­ción se­xual por el bon­da­ge.

GQ: El ries­go de es­te ti­po de en­tre­vis­tas es aca­bar ha­blan­do con el ac­tor como si fue­ra una es­pe­cie de ar­tis­ta mís­ti­co que pro­fun­di­za en lo des­co­no­ci­do del al­ma hu­ma­na… Con­ti­go eso no sue­le ocu­rrir, ¿ver­dad? PAUL GIA­MAT­TI: Yo em­pe­cé des­de aba­jo en te­le­vi­sión. Cuan­do tu per­so­na­je es el del po­li­cía nú­me­ro tres, lo úni­co que tie­nes que ha­cer es en­trar y ha­cer­lo bien, lo de­más im­por­ta una mier­da. Así que si me pongo mís­ti­co se­rá por po­co tiem­po. Soy an­te to­do prác­ti­co. Has he­cho de vi­llano en 12años­dees­cla­vi­tud y en Spi­der

¿Dis­tin­gues en­tre pro­yec­tos pe­que­ños y ta­qui­lle­ros? P. G.: No, los con­si­de­ro por igual. Lo de Spi­der-man no fue fá­cil, en reali­dad. Me re­sul­tó más di­fí­cil que 12 años de es­cla­vi­tud, por­que to­do era muy téc­ni­co. Pe­ro he he­cho pe­que­ñas pe­lí­cu­las in­de­pen­dien­tes que pa­re­cían de gran pre­su­pues­to, y lo di­go en el peor sen­ti­do de la pa­la­bra. Ya sa­bes, de esas en las que te pre­gun­tas "¿qué de­mo­nios estamos ha­cien­do aquí?". Y en cam­bio otras de gran pre­su­pues­to las he sen­ti­do como pe­que­ñas pe­lí­cu­las in­de­pen­dien­tes. Por ejem­plo, hice El pla­ne­ta de los si­mios de Tim Bur­ton y fue fan­tás­ti­co tra­ba­jar con él. Ha­cer de mo­nos y mo­ver­nos como ellos. Eso sí que re­sul­tó mís­ti­co. GQ: En la se­rie Bi­llions te he­mos vis­to ata­do y en ro­pa in­te­rior. ¿Te re­sul­tó di­fí­cil fin­gir pla­cer se­xual mien­tras te que­man con un ci­ga­rri­llo? P. G.: No me preo­cu­pa que me aten. Era lo que se su­po­nía que de­bía ha­cer. Lo úni­co que me preo­cu­pa­ba era que re­sul­ta­ra creí­ble. Pa­ra eso lo es­cri­ben en el guión, por­que for­ma par­te del per­so­na­je. Como ac­tor a ve­ces ha­ces co­sas mu­cho más des­ga­rra­do­ras que el se­xo. ¡En se­rio! A ve­ces te to­ca ver có­mo ma­tan a tu hi­jo o co­sas por el es­ti­lo, y eso es mu­cho más di­fí­cil que es­tar ata­do. Y, cla­ro, es­to no es un do­cu­men­tal so­bre mi vi­da se­xual. GQ: A al­gu­nos di­rec­to­res les gus­ta po­ner­te en si­tua­cio­nes ex­tre­mas. ¿Te mo­les­ta que te to­men por un ti­po os­cu­ro? P. G.: Es cu­rio­so, por­que la ma­yo­ría de las per­so­nas que me re­co­no­cen por la ca­lle sue­len pen­sar de mí que soy un ti­po di­ver­ti­do. Mu­cha más gen­te me di­ce que le ha­go reír. No creo que me vean como un psi­có­pa­ta, ni me mi­ran mal.

El úl­ti­mo año has in­ter­pre­ta­do a dos má­na­ger mu­si­ca­les en los bio­pics de Brian Wil­son, Lo­ve&mercy, y en el del gru­po N.W.A., Straigh­tout­ta­com­pton. ¿Có­mo fue eso? P. G.: Fue ca­sua­li­dad. Lo­ve & Mercy se ro­dó mu­cho an­tes que la otra y, ade­más, en es­ta mi per­so­na­je era el de un lo­que­ro. ¿Te gus­ta­ban N.W.A.? El gru­po es­tu­vo en su apo­geo cuan­do yo es­ta­ba en la uni­ver­si­dad. Es­tu­dias­te en Ya­le. ¿N.W.A. gus­ta­ba allí? Sí, pa­ra los blan­cos de cla­se me­dia N.W.A. eran lo más.

GQ:

GQ: Otro gran mo­men­to tu­yo fue tu pa­pel como miem­bro del ju­ra­do en la pa­ro­dia de Amy Schu­mer so­bre 12hom­bres­sin­pie­dad. P. G.: Sí, era al­go así. Amy es bru­tal. Es muy di­ver­ti­da. GQ: Y te no­mi­na­ron a un Emmy por eso. P. G.: Sí, ya ves qué ton­te­ría. GQ: ¿Por qué? P. G.: Bueno, ha­bía 12 per­so­nas en esa sa­la y todos eran di­ver­ti­dos. Me pa­re­ció un po­co ar­bi­tra­rio que me es­co­gie­ran. GQ: Ha­ce po­co ha­bla­ba con al­guien que da­ba por he­cho que ga­nas­te un Os­car por En­tre­co­pas. P. G.: Sí, no sé por qué hay gen­te que me lo di­ce a me­nu­do. Ni si­quie­ra es­tu­ve no­mi­na­do. GQ: ¿Por qué se­rá eso? P. G.: Se di­cen tan­tas co­sas por ahí fue­ra que la gen­te ya no dis­tin­gue una de otra. Hay tan­ta in­for­ma­ción flu­yen­do a tra­vés de in­ter­net que ya na­die tie­ne las co­sas cla­ras. GQ: Se­gu­ro que sa­bes que Jerry He­ller, el má­na­ger que in­ter­pre­tas­te en Straight Out­ta­com­pton, ha de­nun­cia­do a los pro­duc­to­res. P. G.: Sí. Y no me sor­pren­de. En el ro­da­je era al­go que siem­pre de­cía que aca­ba­ría ha­cien­do. Aunque tam­po­co creo que sa­lie­se tan mal pa­ra­do. GQ: He­ller in­sis­te has­ta el pun­to de de­cir que en su vi­da ha to­ma­do lan­gos­ta en un brunch. Pe­ro se­gu­ra­men­te le ha­brá irri­ta­do más esa es­ce­na que tie­nes con el per­so­na­je de Eazy-e… P. G.: Lo real­men­te cu­rio­so es que no re­cuer­do ha­ber co­mi­do lan­gos­ta en la pe­lí­cu­la. Es cier­to que al­guien di­ce en un mo­men­to: "Us­te­des ahí, sen­ta­dos co­mien­do lan­gos­ta". Pe­ro yo no pue­do co­mer lan­gos­ta. Soy alér­gi­co al­ma­ris­co. ¡Nun­ca he co­mi­do lan­gos­ta! Así que es­pe­ro que me lla­men a de­cla­rar al res­pec­to.

Es­te ti­po me­jo­ra to­do lo que to­ca. Lle­va ilu­mi­nan­do per­so­na­jes más de dos dé­ca­das y aho­ra lo pe­ta con su nue­va se­rie so­bre­wall Street,

MAR DE ESTRELLAS 1. En­tra­da al SIHH. 2. Mú­si­ca en di­rec­to en la fies­ta IWC Schaff­hau­sen. 3. Jo­sé Ma­ría Man­za­na­res, ami­go de IWC. 4. Eva Ric­co­bono, Cli­ve Owen, Sarah Ga­don y Da­niel Rie­do, CEO de Jae­ger-lecoul­tre. 5. Stand de Car­tier. 6. Los fut­bo­lis­tas Xab

PAUL EL PO­LI­VA­LEN­TE Gia­mat­ti es uno de esos ac­to­res que lo mis­mo va­len pa­ra un ro­to que pa­ra un des­co­si­do. Aquí vis­te ca­mi­sa Ste­ven Alan. El ra­tón del bol­si­llo es vin­ta­ge.

CH­RIS BUCK • BA­RON

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