CON­SE­JOS PA­RA INI­CIAR­SE EN EL NO­BLE AR­TE DE LA PER­FU­ME­RÍA

Te pre­sen­ta­mos 12 man­da­mien­tos pa­ra ele­gir tus fra­gan­cias y dis­fru­tar­las con se­gu­ri­dad sin me­ter la pa­ta con pro­pios y ex­tra­ños por el ca­mino.

GQ (Spain) - - Ciudados -

Es una de esas ideas que sue­nan me­jor en la teo­ría de lo que re­sul­tan en la prác­ti­ca. Una fra­gan­cia es, bá­si­ca­men­te, una di­lu­ción de di­ver­sos in­gre­dien­tes en al­cohol –que va de los 70º a los 95º–, y el al­cohol es un po­ten­te irri­tan­te si se apli­ca so­bre zo­nas sen­si­bles. Una higiene ade­cua­da es el me­jor mé­to­do pa­ra que la co­sa hue­la a lim­pio, que es a lo que tie­ne que oler. Un miem­bro vi­ril con olor a jaz­mín pue­de pro­vo­car ex­tem­po­rá­neas aso­cia­cio­nes men­ta­les en tu par­te­nai­re. Como nor­ma ge­ne­ral, no se de­be apli­car fra­gan­cia al­gu­na en las áreas de la piel que es­tán ex­pues­tas al sol. In­gre­dien­tes como el al­cohol o el al­miz­cle pue­den reac­cio­nar con los ra­yos UV y pro­vo­car una reac­ción fo­to­tó­xi­ca. Es la razón por la que no se acon­se­ja per­fu­mar­se an­tes de ir a la pla­ya o la pis­ci­na. Sin en­trar en es­te ti­po de con­si­de­ra­cio­nes, va­po­ri­zar una esen­cia en es­tas par­tes de tu cuer­po aca­ba­rá asi­mis­mo re­sul­tan­do mo­les­to pa­ra ti y los que te ro­deen. A es­tas al­tu­ras de la pe­lí­cu­la, de­bie­ra pa­re­cer una ob­vie­dad se­ña­lar que el ju­go de una fra­gan­cia man­cha. Por otro la­do, las fi­bras de la ro­pa re­tie­nen el aro­ma y es­te no se es­fu­ma has­ta que se la­va –y al con­tra­rio que un ser vi­vo, no ge­ne­ra el ca­lor que pro­pi­cia su co­rrec­ta evo­lu­ción–. Los te­ji­dos, ade­más, tie­nen su pro­pio olor ca­rac­te­rís­ti­co y la mez­cla pue­de re­sul­tar des­agra­da­ble. La úni­ca com­bi­na­ción desea­ble es la que for­man las mo­lé­cu­las de la esen­cia con las de tu piel. Va­po­ri­zar una nu­be de fra­gan­cia en el ai­re y atra­ve­sar­la con an­da­res de di­va es el epí­to­me del postureo. A me­nos que ten­gas ac­cio­nes de la com­pa­ñía que fa­bri­ca tu eau­de­toi­let­te y dis­fru­tes mal­gas­tán­do­lo, es un ges­to que no te pro­por­cio­na­rá be­ne­fi­cio al­guno. Por otro la­do, si al­guien te con­tem­pla en ple­na fae­na, te ca­ta­lo­ga­rá de in­me­dia­to como un irre­me­dia­ble es­nob. Dis­pa­rar­la al va­cío por en­ci­ma de ti y de­jar que se po­se sua­ve­men­te es un mé­to­do más acep­ta­ble.

De­pen­dien­do de su concentración de in­gre­dien­tes y de otras con­si­de­ra­cio­nes, como su gra­dua­ción al­cohó­li­ca, una fra­gan­cia pue­de ser un ex­trac­to, un per­fu­me, un eau­de­par­fum, un eau­de­toi­let­te o un agua de co­lo­nia. Uti­li­zar es­tos tér­mi­nos con pro­pie­dad le fa­ci­li­ta­rá el tra­ba­jo al con­se­je­ro de la tien­da y, de pa­so, no que­da­rás como un pa­le­to. La for­ma ideal de apli­car una fra­gan­cia es pul­ve­ri­zán­do­la so­bre la piel. Por es­ta razón, las mar­cas de ca­li­dad siem­pre in­clu­yen un va­po­ri­za­dor en el pac­ka­ging. La creen­cia de que hay que bus­car los pun­tos con pul­so pa­ra fa­ci­li­tar la evo­lu­ción de las mo­lé­cu­las es un po­co ran­cia, pe­ro fun­cio­na si no las ma­cha­cas con fro­ta­mien­tos in­ne­ce­sa­rios. ¿Es­tás fa­mi­lia­ri­za­do con el tér­mino se­xual ha­rass­ment? ¿No? Te lo ex­pli­ca­re­mos en­ton­ces en es­pa­ñol: aco­so se­xual en el tra­ba­jo. Es lo que vas a pro­vo­car si te echas la fra­gan­cia en el cue­llo y le pi­des a la con­sul­to­ra de la tien­da que te hue­la y te dé su opi­nión. Huel­ga de­cir que un hom­bre GQ ha de com­por­tar­se como un ca­ba­lle­ro en cual­quier si­tua­ción de la vi­da.

EN EL ÁREA GE­NI­TAL EN EL PELO, ROS­TRO O MA­NOS EN LA RO­PA EN EL AI­RE

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