Ba­lo­ne­ros

GQ (Spain) - - Firmas -

Su po­si­ción en el te­rreno de jue­go, mo­vién­do­se en­tre los már­ge­nes y la in­cer­ti­dum­bre, los si­túa más cer­ca de la pi­ca­res­ca que del jue­go lim­pio. Aun así, no po­de­mos ocul­tar nues­tras sim­pa­tías ha­cia es­tos cha­va­les, siem­pre con los sen­ti­dos aler­ta, a la es­pe­ra de que la pe­lo­ta se des­víe y sal­ga por la ban­da pa­ra ser de­vuel­ta cuan­to an­tes –o cuan­to des­pués– al cam­po de fút­bol.

Se tra­ta de los ba­lo­ne­ros. En es­tos días pa­sa­dos se ha­bló de ellos en re­cuer­do a Cruyff, que al­ter­na­ría es­te pues­to jun­to al de lim­pia­bo­tas. Fue en el es­ta­dio Olím­pi­co de Áms­ter­dam, don­de Cruyff ve­la­ría ar­mas fut­bo­le­ras y don­de su ma­dre era una de las lim­pia­do­ras. El es­pí­ri­tu gue­rre­ro de Cruyff se for­ja­ría asis­tien­do a los en­cuen­tros des­de una po­si­ción mar­gi­nal. Sin ir más le­jos, des­de el otro la­do de la ban­da del es­ta­dio Olím­pi­co, Cruyff vio ju­gar al Real Ma­drid de Di Sté­fano con­tra el Ben­fi­ca de Eu­se­bio. El ho­lan­dés es el ejem­plo más fres­co que te­ne­mos cuan­do se ha­bla de fut­bo­lis­ta he­cho a sí mis­mo des­de la po­si­ción de ba­lo­ne­ro. Sin du­da, el jue­go de Cruyff aca­ba­ría dan­do la vuel­ta al fút­bol ju­ga­do en Eu­ro­pa.

En teo­ría, re­co­ge­pe­lo­tas vie­ne a ser un pues­to que ga­ran­ti­za el jue­go lim­pio, co­sa que no siem­pre ocu­rre. Co­mo

An­tes de ga­nar­lo to­do co­mo ju­ga­dor y en­tre­na­dor, Pep Guar­dio­la fue re­co­ge­pe­lo­tas en las ban­das del Camp Nou. Aquí, con Víc­tor Mu­ñoz.

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