5. TEDDY ROO­SE­VELT

GQ (Spain) - - Planeta Pop -

(1901-1909) NO TE CA­LLAS NI A TI­ROS Un buen dis­cur­so pue­de lle­var­te a la Ca­sa Blan­ca, pe­ro también pue­de sal­var­te la vi­da. En con­cre­to uno de 50 pá­gi­nas y unas ga­fas guar­da­das en el bol­si­llo de la cha­que­ta pue­den pa­rar el dis­pa­ro de un lo­co en ple­na cam­pa­ña elec­to­ral. En 1912 Teddy Roo­se­velt se pre­sen­ta­ba a la ter­ce­ra re­elec­ción cuan­do, en Mil­wau­kee, un hom­bre in­ten­tó ase­si­nar­le, su­pues­ta­men­te, tras re­ci­bir en sue­ños la or­den del an­te­rior pre­si­den­te Mckinley de ven­gar­se por su muer­te. Roo­se­velt, con una cos­ti­lla ro­ta y una ba­la en el pe­cho, ter­mi­nó su dis­cur­so de una ho­ra. Pe­ro sus an­te­rio­res man­da­tos también es­tu­vie­ron sal­pi­ca­dos de san­gre. Roo­se­velt sus­ti­tu­yó a Mckinley tras su ase­si­na­to a ma­nos de un anar­quis­ta en 1901 y lle­gó al po­der con un am­plio res­pal­do. Es­ta historia ins­pi­ró a Fritz Lang pa­ra Los es­pías (1928) y a Hitch­cock pa­ra 39 es­ca­lo­nes (1935). Fue el pri­mer es­ta­dou­ni­den­se en ga­nar el No­bel de la Paz.

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