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GQ (Spain) - - Salir -

he ju­ga­do a un vi­deo­jue­go en mi vi­da. Soy de­ma­sia­do tor­pe pa­ra esas co­sas", ad­vier­te el co­pro­ta­go­nis­ta de la pe­lí­cu­la (con per­mi­so de Ro­gue One, el spin-off de Star War) de es­tas Na­vi­da­des: As­sas­sin's Creed, adap­ta­ción ci­ne­ma­to­grá­fi­ca de la ar­chi­fa­mo­sa sa­ga de aven­tu­ras di­gi­ta­les de la que se han ven­di­do más de 75 mi­llo­nes de co­pias. Ho­vik Keuch­ke­rian –un es­pa­ñol muy es­pa­ñol, na­ci­do en Beirut, de pa­dre ar­me­nio y ma­dre na­va­rra, y cria­do en Ma­drid en­tre Al­pe­dre­te y el ba­rrio de Hor­ta­le­za– in­ter­pre­ta a Ojeda, el ma­lo em­pe­ña­do en po­ner­le las co­sas di­fí­ci­les al bueno de Mi­chael Fass­ben­der. Di­cho con otras pa­la­bras, Ho­vik el enor­me (se pro­nun­cia con acen­to en la úl­ti­ma sí­la­ba), con sus 120 ki­los de hu­ma­ni­dad y ca­si 2 me­tros, es­tá a pun­to de es­tre­nar nue­va vi­da co­mo ac­tor in­ter­na­cio­nal y lo va a ha­cer en­tran­do por una puer­ta gran­de, muy gran­de. "Bueno, co­mo to­do en la vi­da, va­mos a es­pe­rar. Y si tie­ne que pa­sar al­go, que pa­se. Ten­go la in­men­sa suer­te de for­mar par­te de una gran pe­lí­cu­la. Es­toy su­per­fe­liz… pe­ro la piel del oso so­lo se ven­de cuan­do lo ca­zas. To­do pin­ta bien, pe­ro ya ve­re­mos… que lue­go lle­ga el Al­cor­cón y te me­te cin­co go­les".

Keuch­ke­rian Bur­gui (el se­gun­do ape­lli­do le acre­di­ta co­mo na­va­rri­co de ley), cum­ple es­te mes 44 años y es, co­mo po­cos ac­to­res que ha­ya­mos co­no­ci­do an­tes

ve­ni­do. No lo van a cu­rrar to­do ellos. [Ri­sas]. Que de­jen un po­qui­to a los de­más".

Mien­tras la se­gun­da ron­da de ca­fés se apo­de­ra de la me­sa, Ho­vik pre­gun­ta a la gen­te de 20th Cen­tury Fox por la ciu­dad ele­gi­da pa­ra el es­treno mun­dial de As­sas­sin's Creed y si va a ser ne­ce­sa­rio que él via­je has­ta allí. Los Án­ge­les, Nue­va York, Lon­dres… en sep­tiem­bre aún no es­ta­ba de­ci­di­do. Ho­vik es­tá acos­tum­bra­do a via­jar, es par­te del ADN fa­mi­liar, pe­ro le in­co­mo­dan los vue­los lar­gos (es un fu­ma­dor em­pe­der­ni­do de esos a los que la so­la idea de in­ten­tar de­jar­lo les ate­rro­ri­za). Por­que sí, la historia de los Keuch­ke­rian es dig­na de pe­lí­cu­la. "Mi pa­dre era ar­me­nio. Na­ció en An­tio­quía. Cre­ció en Ale­po, Si­ria, y lue­go se tras­la­dó a Lí­bano, Beirut, don­de abrió va­rias bou­ti­ques de ro­pa fe­me­ni­na. Mi ma­dre y una ami­ga de­ci­die­ron ir a Lí­bano de va­ca­cio­nes des­de Vi­lla­fran­ca, nues­tro pue­ble­ci­to, en­tre Pam­plo­na y Tu­de­la. Y así se co­no­cie­ron. Se enamo­ra­ron al ins­tan­te. Se ca­sa­ron y em­pe­za­ron a tra­ba­jar jun­tos has­ta que la gue­rra ci­vil de Lí­bano les obli­gó a ve­nir­se a España. Lle­gué a Ma­drid con 3 años, a Al­pe­dre­te, que es mi pue­blo y al que aho­ra vuel­vo tras 22 años en Hor­ta­le­za, que es el ba­rrio en el que yo te­nía mi gim­na­sio y que aca­bo de ce­rrar, por­que eso de ga­nar pas­ta por un la­do pa­ra per­der­la por otro… co­mo que no. En Hor­ta­le­za me han vis­to bo­xear, es­cri­bir, in­ter­pre­tar mis pri­me­ros mo­nó­lo­gos… Me han vis­to en for­ma, me han vis­to bo­rra­cho, ti­ra­do por el sue­lo… Me han vis­to reír, llo­rar… de to­do. Les quie­ro mu­chí­si­mo".

AC­TUAR ES CO­MO BO­XEAR Ho­vik em­pe­zó a ac­tuar por­que un ami­go, el ma­go Jor­ge Blass, le sol­tó en una ce­na: "Tío, por qué no te subes al es­ce­na­rio a con­tar tu mier­da, así co­mo la cuen­tas tú, con tu gra­cia, que lo mis­mo te da ocho que ochen­ta'. Y subí. Y me enamo­ré del es­ce­na­rio, que es más pa­re­ci­do a un ring de bo­xeo de lo que te pue­das ima­gi­nar".

Ca­be pre­gun­tar­se si en los ca­si dos me­tros de hom­bre que es es­te ca­ba­lle­ro re­na­cen­tis­ta man­da más lo na­va­rro o lo ar­me­nio. "Yo, de pin­tas, muy ar­me­nio no soy [ri­sas]", afir­ma mien­tras se fu­ma su me­re­ci­do ci­ga­rri­to tras 45 mi­nu­tos de pre­gun­tas y res­pues­tas. "Fu­mo mu­cho, be­bo mu­cho. Pe­ro bueno, he pu­bli­ca­do tres li­bros, he gra­ba­do dos mo­nó­lo­gos, he par­ti­ci­pa­do en cua­tro cor­tos, tres se­ries y seis pe­lí­cu­las". ¿Lis­to pa­ra lo que va a ve­nir? "No lo sé. Mis amigos me di­cen: 'Tú pre­pá­ra­te, pre­pá­ra­te'. Su­pon­go que al­go cam­bia­ré, por­que la vi­da es evo­lu­cio­nar. Pe­ro mu­cho me ex­tra­ña­ría que fue­se pa­ra mal. Yo as­pi­ro a es­tar tran­qui­lo y en paz, ese es mi ob­je­ti­vo. El bo­xeo me ha en­se­ña­do que pue­des ga­nar o pue­des per­der, pe­ro si no has tra­ba­ja­do co­mo un hi­jopu­ta pa­ra el día de la pe­lea… pier­des fi­jo".

"El bo­xeo me ha en­se­ña­do que pue­des ga­nar o per­der, pe­ro si no has tra­ba­ja­do co­mo un hi­jopu­ta pa­ra el día de la pe­lea… pier­des jo"

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