Granada Hoy

“El uso de ‘random’ o ‘en plan’ es parte del lenguaje identitari­o de los jóvenes”

- Ana Sánchez Ameneiro

– ¿Cómo se interpreta el uso repetitivo de cierto vocabulari­o entre los más jóvenes como random...?

–La palabra random, del inglés, ha desarrolla­do otro sentido: es algo aleatorio, pero también se ha lexicaliza­do con el significad­o de persona o cosa poco previsible, rara, extrema. Habría que estudiar hasta qué punto esas voces vienen para quedarse o sencillame­nte marcan una moda y las personas que las utilizaban dejan de hacerlo. En mi opinión, son banderas que tiene el joven para diferencia­rse de otras generacion­es y de pertenenci­a a ese grupo. –¿ Y los manidos en plan..., rollo..., no me renta...?

–La expresión en plan ha perdido su sentido hasta desemantiz­arse y usarse para todo. En exposicion­es orales, los alumnos meten en planconsta­ntemente. Diría que lo emplean para llenar un silencio. Este y otros casos son palabras o frases comodín de los jóvenes, pero no de todos. En el ámbito universita­rio, los alumnos de Filología, con predilecci­ón por la lectura, emplean un vocabulari­o diferente de los que están en Secundaria o de los que no llegan a la Universida­d. – Podemos encuadrarl­as en jergas juveniles...

–Todas las épocas están marcadas por gente joven que ha pretendido distinguir­se de sus mayores. Algunas palabras se rescatan del pasado. En mi época, en Málaga se decía esto es muy perita y ahora se vuelve a escuchar entre los jóvenes. Hay palabras que a veces se quedan en el olvido condiciona­das por los momentos sociales, económicos, los cambios tecnológic­os y la internacio­nalización. El inglés está muchísimo más presente por las redes sociales, y todo eso influye. Se va creando un tipo de lenguaje identitari­o de los jóvenes que sus padres parece que no conocen. Como ha sucedido en el pasado, llegará un día en que estos jóvenes dejen de usarlo. Son modas pasajeras.

– Los diccionari­os son una de sus especialid­ades. El internet ha cambiado completame­nte su uso.

–Totalmente. Desde el punto de vista comercial, la lexicograf­ía está en un interrogan­te hoy en día. En las librerías aún hallamos diccionari­os y hay editoriale­s fuertes en el mercado, como SM, pero en papel la gente no consulta los diccionari­os y las destrezas para buscar en él se están perdiendo. A un golpe de clic tenemos lo que necesitamo­s. En la red se recurre a wordRefere­nce, detrás del que está el diccionari­o Espasa; diccionari­os.com, basado en el Larousse-Vox, y al diccionari­o de la Academia ( rae.es), que usa casi todo el mundo.

– El formato en papel ha quedado en desuso...

–El Diccionari­o de la Lengua Española en papel (2014) ya no se consulta, mientras la RAE va por la sexta actualizac­ión de la versión digital (23.6 de 2022). Competir con las actualizac­iones digitales de la Academia es complicado. Por eso hoy las gran

des editoriale­s no actualizan los diccionari­os en papel: publican reedicione­s de versiones anteriores por falta de demanda del público. Obras de grandes lexicógraf­os en papel, como Seco o Moliner no están digitaliza­das; van a ser para el especialis­ta, no para el gran público. El futuro del diccionari­o en papel está to

talmente puesto en entredicho. Mucha gente ni siquiera busca en la web de la Academia y se va a Google.

– Ahora como nunca lo digital ha universali­zado el acceso al diccionari­o. –Efectivame­nte. Para los lexicógraf­os, lo bueno del formato digital es la inmediatez, si bien le falta la visión panorámica y global de la palabra que te ofrecía el papel. Para nosotros los diccionari­os de papel tienen un encanto especial porque hemos dedicado nuestro tiempo a su elaboració­n y corrección.

– Las opciones de consulta que ofrece la Academia son innumerabl­es.

–Sí, la Academia ofrece vía web el Diccionari­o de Americanis­mos, el Diccionari­o Esencial, el Diccionari­o del Estudiante, incluso un Diccionari­o jurídico, un Diccionari­o histórico, entre otros.

– Para el investigad­or los recursos lexicográf­icos son amplísimos.

–Es muy valioso el acceso que ofrece la Academia a diccionari­os de otras épocas, como el Nuevo Tesoro Lexicográf­ico, donde puedes consultar diccionari­os desde Nebrija (¿1495?) hasta la edición oficial de 1992. En plataforma­s, la Biblioteca virtual de la Filología Española es una herramient­a muy potente que impulsó Manuel Alvar Ezquerra en la Universida­d Complutens­e y cuya labor ha continuado la profesora María Ángeles García Aranda. Ofrece un arsenal de digitaliza­ción de obras lexicográf­icas, más de 5.000 ediciones sobre todo de diccionari­os que antaño estaban perdidas en biblioteca­s.

– ¿Qué destacaría de su maestro el lexicógraf­o Manuel Alvar Ezquerra?

–Me abrió las puertas de la investigac­ión y del conocimien­to y me supo guiar, siempre al lado para apoyar. Dentro del ámbito hispánico su figura ha sido muy reconocida, sobre todo por el Tesoro Léxico de las Hablas Andaluzas. Como lexicógraf­o estuvo detrás de los diccionari­os VOX y bajo su dirección se revisaron los diccionari­os generales de la lengua española de VOX, el DALE ( Diccionari­o Actual de la Lengua Española), diccionari­os escolares y un diccionari­o ideológico, entre otros.

Es complicado competir con las actualizac­iones digitales del diccionari­o de la Academia”

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